Samoa antes del maremoto (y IX): Una colonia americana

          A poco menos de una noche de navegación, Pago Pago es más moderna que Apia, pero no más grande. Apia es capital de la Samoa independiente. Y Pago Pago, capital de la Samoa Americana, una de las últimas colonias que aún tienen los Estados Unidos. Pago Pago no deja de ser una larga avenida que bordea las sinuosidades de la rada, al pie de las empinadas montañas verde, en cuyos márgenes se suceden casas, tiendas y jardines. Un escenario limpio y ordenado, y casi permanentemente enmarcado por la lluvia.

          Algunos edificios públicos están construidos al estilo tradicional samoano, como el Fono, sede del parlamento local. Pero la práctica totalidad de casas de la capital, y de la parte urbanizada del sur de la isla, la más poblada, son del tradicional estilo colonial, de planta y piso, levantadas con tablones de madera y techos metálicos, con porchadas, barandas y balconadas. Entre ellas, el edificio más famosa de la isla de Tutuila: la antigua casa de huéspedes donde el año 1916 se alojó el novelista Somerset Maugham, y que inmortalizó por situar en ella el drama de la lucha moral del torturado misionero Davidson frente al deseo carnal azuzado por el trópico y representado por Sadie Thompson; la omnipresente lluvia torrencial que suele abatirse sobre Pago-Pago es la protagonista de fondo. Su cuento Rain, o Lluvia, fue llevado al cine por Hollywood, y la casa, hoy pintada de un gris azulado, acoge un restaurante, el Sadie's.

         De la mano de Rain y de Maugham, Pago Pago entró en la mitomanía occidental de los Mares del Sur. Llueve mucho en Pago Pago. Eso no ha cambiado. La lluvia es algo sustancial a la rada, un fenómeno local bien conocido. La montaña que corona la rada por el norte, justamente llamada Rainmaker, “Hacedor de lluvia”.

         La vida ha cambiado mucho en la Samoa americana desde el paso de Maugham y de Mead. En la época Kennedy, un artículo publicado en la revista Life, donde se mostraban las fotografías de las aldeas samoanas de fales sin paredes y techos de paja, las mujeres y hombres vestidos con el lavalava o pareo, y los niños desnudos, provocó la piadosa indignación de la bienintencionada sociedad norteamericana, que no podía aceptar que se viviera así en un territorio norteamericano. ¡Cómo se podía vivir de aquella manera en territorio norteamericano en pleno siglo XX! El resultado fue un programa federal para construir casas modernas con agua corriente, electricidad y gas, hospitales, escuelas, carreteras, un aeropuerto, la televisión y servicios sociales. La modernidad llegó así a las islas, una modernidad que cambió sus hábitos y su modo de vida pero que ellos no podían pagar y les hacía dependientes de la ayuda oficial.

         Unos años mas tarde, olvidado el artículo de Life, el Congreso recortó los presupuestos sociales federales, entre ellos las ayudas a los samoanos. Y los isleños se encontraron de repente abandonados en un tipo de sociedad que ellos no había pedido pero a la que se habían acostumbrado y no podían pagar.

         Las fábricas conserveras donde se enlata el atún en Pago, instaladas bajo patrocinio del gobierno norteamericano, proporcionan los únicos ingresos industriales de Tutuila. Gran paradoja, la mayoría de sus trabajadores son inmigrantes de Tonga o de la otra Samoa. Los habitantes de la Samoa Americana están muy poco interesados en sus bajos salarios y prefieren un empleo gubernamental. Hay que aclarar que, el año 1990, por poner un ejemplo, el presidente de al junta de la Heinz ganó cinco veces más que el conjunto de los 2.500 trabajadores que su empresa tenía en Samoa.

         Con todo, la americanización no parece excesiva en Tutuila. Hay muchos coches -la mayoría camionetas con la parte posterior abierta-, la gente camina poco, los jóvenes lucen peinados sofisticados e imitan más la moda rapera que en la vecina Samoa independiente, hay alguna pizzerías, pero no franquicias del tipo McDonald. Y la prohibición de que ciudadanos no samoanos puedan comprar tierras, ha salvado las islas de llenarse de hoteles de las grandes cadenas norteamericanas. La voluntad de los samoanos de mantener la fa'a Samoa les ha salvado de convertirse en otra Hawai'i.

Imagen de jBartroli

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