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Reconciliarse con el mundo

         El viaje puede enseñarnos a encontrar un equilibrio frente a la desgracia: la injusticia, la explotación, la miseria y la maldad dentro del corazón humano. Por mi trabajo he vivido de primera mano los efectos de la guerra del Afganistán. Es como un descenso a los infiernos: los niños mutilados salvajemente, las mujeres ignoradas de por vida, toda la destrucción gratuita...

         Os invade una visión pesimista, odiosa casi, de la naturaleza humana. Pensáis en la imposibilidad de una mejora moral de la especie. Y de ahí a la desesperación o al cinismo, solo hay un paso. Pero después veis la alegría vital de los mismos niños, su extraordinaria fuerza de voluntad para superar la desgracia, las enormes ganas de vivir que exhalan, y ello os ayuda a reconciliaros con el mundo. Si ellos que son las víctimas pueden superarlo, ¿que derecho tenemos nosotros a no hacerlo? Son las mismas víctimas de la desgracia los que os salvan. Y entonces entendéis que ellos os han dado mucho más de lo que vosotros les halláis podido dar con vuestra solidaridad o ayuda.

          Es indudable que si partimos de viaje veremos cosas desagradables y que nos toparemos cara a cara con la miseria y la tristeza. Y ello nos afectará -en otro caso seríamos inhumanos-. Querremos cambiar el mundo para acabar con las injusticias y nos sentiremos impotentes al no poder hacerlo. Pero ello no nos ha de llevar a refugiarnos en no hacer nada. Viajar enseña la importancia de las acciones pequeñas. He visto las lágrimas de un padre afgano al ver caminar hacia él el hijo sin piernas que unos meses antes dejó marchar a Europa para que le pusieran unas prótesis ortopédicas. He visto como una pequeña suma de dinero -de la que podemos desprendernos sin contratiempo alguno- puede ayudar a alguien a estudiar un año o dos y transformarle la vida. En esta época en que tan inalcanzable se nos aparece cambiar el mundo quizás deberíamos ser menos ambiciosos y conformarnos con cambiar el mundo a alguien: uno, dos, tres, unos pocos. Ayudar. Dar para recibir. Quizás no podamos arreglar el mundo, pero no tenemos excusa para no arreglárselo, al menos, a alguien.

Imagen de jBartroli

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