Rapa, la vida en el paraíso (II)

  ¿Qué que tiene la isla de Rapa de extraordinario? Algo tan simple como que allí la vida es otra cosa. Otra filosofía. Se trata simplemente de vivir el día a día con la máxima intensidad pero sin sofisticaciones, al ritmo de la naturaleza. Sin preocupaciones. Sin pensar en el futuro. Sin más obligaciones que las que uno mismo se marca. En plena naturaleza en uno de los parajes más bellos de nuestro planeta, una isla volcánica de los Mares del Sur alejada de la civilización y del mundo.

A veces voy a pescar, en grupo o con un amigo. Durante horas nos sumergimos con un traje isotérmico -pues las aguas están muy frías, especialmente en invierno-  Bajan 10, 15 o 20 metros para disparar el fusil submarino a los peces y las langostas escondidos en los agujeros de las rocas o entre las algas. Casi siempre suben con una presa ensartada. He de confesar que yo, fusil en mano, nunca he conseguido capturar ninguno: desde arriba se ven un montón de peces, pero cuando llego al fondo todos se han escondido. Y si alguna vez disparo, el arpón se estrella contra la roca. 

A veces aparecen tiburones. Surgen del infinito azul del océano y dan una, dos o tres vueltas entorno tuyo. Los rapas dicen que no son peligrosos, pero yo, aunque me he ido acostumbrando y a menudo me sumerjo solo, no puedo evitar ese temor atávico que nos producen a los europeos. Además, como con el fusil soy nulo, acostumbran encargarme de arrastrar la ristra donde ensartan los peces capturados. Y, ya se sabe: dicen que los tiburones se excitan al oler la sangre de los peces heridos. No voy demasiado tranquilo. Una vez cogimos un pulpo que dejó ir un montón de tinta. Y un tiburón de unos dos metros nos atacó, para intentar quitárnoslo. Mi compañero tuvo que disparar el fusil y darle un arponazo al morro para alejarlo. 

Después de horas bajo el agua, el cuerpo está hambriento. La primera vez que fui a pescar en grupo me sorprendió ver que, cuando todos habíamos vuelto a la barca, uno de ellos rezó una oración rápida -eso si, son muy religiosos-  A continuación se lanzaron como locos sobre lo pescado, cada uno cogió una pieza y, con un cuchillo o con los mismos dientes, se pusieron a descamarlos. Y se los comieron allí mismo, a mordiscos. Tenía hambre, e hice lo mismo. Hay que aclarar que el pescado crudo -generalmente marinado con limón y cebolla o mahonesa, es una comida habitual y que yo ya estaba acostumbrado. En todo caso, el pescado crudo es delicioso: tiene un sabor a alga, a roca, a marisco, que se pierde al cocerlo. En el mar, recién pescado, no hay salsa. Pero basta con irlo sumergiendo en el mar entre bocado y bocado, para sazonarlo.

Sin embargo, yo prefiero la caza que la pesca. Las cacerías se hacen en grupos: 20 ó 30 jóvenes se despliegan a pie por las montañas, formando un arco. Van espantando las reses que viven salvajes por los prados, encerrándoles poco a poco en un valle. Y después les persiguen con machetes, intentando cortarles el tendón de las patas traseras para que se desmoronen y entonces rematarles. Algunos llevan fusiles. Naturalmente, con el fusil no es tan divertido, pero me parece que los rapas se están volviendo comodones. En todo caso, ver aquel grupo de cazadores corriendo por las verdes montañas, gritando y persiguiendo los toros, despierta en mi instintos cazadores dormidos en mis genes desde tiempos prehistóricos. Es algo contagioso, emocionante, grande. Pero que nadie piense que tiene algo de sangriento o carnicero. No practican ninguna crueldad gratuita. Es solo cazar para comer, para vivir. La vieja ley de la naturaleza, la auténtica. 

No hay ni que decir que, con el machete y delante de los toros, yo no me atrevo, por más ¡Torero!  que me griten para animarme. Pero en cambio, si que me atrevo con las cabras. A esas hay que cogerlas vivas, amarrándolas por los cuernos y tumbándolas al suelo. He disfrutado como un bellaco haciéndolo, pese a que hay que perseguirlas por los riscos y por los acantilados más abruptos. A veces se cae alguna al mar y, abajo, se la comen los tiburones.   

 

Imagen de jBartroli

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