Rapa: la vida en el paraíso (1)

 Ha sido el descubrimiento de mi vida, la isla soñada. Imaginaos una isla pequeña y muy verde, habitada por gentes morenas, fuertes y sanas, de sonrisa perenne y alegría a flor de piel. Una isla donde los días transcurren felices y sin prisas, entre pescas submarina o con anzuelo, cacerías de toros o de cabras en las montañas, exploraciones de ruinas de piedra olvidadas en las crestas volcánicas, y el alegre parloteo con uno y con otro sin más motivo que la broma y la risa. Una isla en donde la langosta está cada día en el plato, la gente lleva la música y la danza en el cuerpo, el amor es un juego en el que todos participan, y el tiempo pasa sin pasar porqué no existe y lo que no se haga hoy se hará mañana… quizás.

En mi isla semi tropical solo viven 400 personas y no hay turistas, no hay aviones ni carreteras ni bares ni hoteles y apenas si hay media docena de coches. Eso sí, tampoco hay cocoteros ni playas, llueve quizás demasiado y en invierno hasta hace un punto de frío. Pero no importa: los acantilados que caen a pico desde 400 metros de altura son espectaculares, las aguas que hay abajo tienen el azul oscuro más puro y transparente que nunca hayas visto, y los días más bien escasos en que sale el sol y el cielo se inunda de azul son los más radiantes que jamás hayas contemplado alrededor del mundo. Porqué el aire de la isla está purificado por un viaje de miles de quilómetros sobre el océano Pacífico desde el continente más cercano. Y cuando subes en solitario a las cimas de las montañas, donde no hay nadie más, tienes a tus pies el paisaje más verde y bello que imaginar puedas. Toda la isla es para ti. Y te conviertes en un rey. Así es mi isla. Así es Rapa.

 Rapa -o Rapa Iti- es una isla volcánica de 22 km2, muy montañosa.  Está en el archipiélago de las Australes,  en la Polinesia Francesa. Y tiene forma de anillo roto: el mar erosionó una de las paredes del cráter y penetró en el interior formando una profunda bahía circular.

 Y alguien se preguntará: si ha descubierto el casi paraíso, ¿por qué se arriesga a explicarlo? No me da miedo hacerlo, porqué lo mejor de Rapa, lo que la hace única, es precisamente la dificultad para poner los pies en ella, su lejanía de todo, su casi absoluto aislamiento. 

 Sin aeropuerto, la única manera de llegar es en velero propio, o viajando en el barco de carga y pasaje que la visita muy de tanto en tanto: pero la navegación dura entre 5 a 8 días desde Tahití, y solo hay barco cada 6 u 8 semanas. O sea, que la estancia es, como mínimo, de mes y medio. ¿Y quien dispone hoy, en nuestra sociedad estresante y consumista, de tanto tiempo? No es fácil que nadie estropee Rapa. 

 

 

Imagen de jBartroli

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