R. L. Stevenson: Un poeta en los Mares del Sur (VI): Fin de viaje en Samoa

         Y otra vez la llamada del mar. Navegando en lo azul y lejano. Robert Louis Stevenson se embarca con su familia deisla en isla. De día, las nubes errabundas como perdidas en el vacío de la esfera celeste. De noche, las estrellas. De manera inexorable, el viaje le acerca a su destino:

         "Lejos, al otro lado de los mares, hay una isla

         donde el crepúsculo

         es un bosquecillo de palmeras cimbreantes

         dibujado en el sol 

         Y a lo largo de la ribera y los arrecifes,

         azules las olas relucen en el rompiente.

         Allí iré

         cuando haya terminado con todo."

         Así comienza el poema Lejos en el mar, hay una isla. Su isla, está a punto de encontrarla. En diciembre de 1889 desembarcan en Apia, capital de Samoa.

         "Deja ahora que tu alma en este mundo material

         eche algún ancla. Aquí encuentre el cuerpo amarras..."

         Es Un fin de viaje. Compra un terreno al pie del monte Vaea, y decide construirse una casa. La llama Vailima, "los cinco ríos". "Si se me conceden más días, los pasaré allí donde he encontrado que la vida es más agradable y el ser humano más interesante. Las hachas de mis negros están cortando ya los árboles y la maleza, reparando donde se asentará mi futura casa", explica. La decisión está tomada. El hijo de Fanny, Lloyd, viaja hasta Escocia para vender la mansión familiar y trasladar los viejos muebles, los cuadros y los libros... 30 toneladas de cajas. Maggie, la madre de Robert, y también Belle y su hijo Austin, toda la familia se reúne en Vailima.  

Imagen de jBartroli

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