Queensland, selva y coral (II): La Australia más salvaje

         Cabo Tribulación es solo el comienzo de una de las regiones más inhóspitas y despobladas de Australia: la península del Cabo York. La carretera de Cairns todavía llega hasta Cooktown, 340 Km. al norte: una aldea lánguida al borde de la tierra sin nadie. Llegó a tener 30.000 habitantes durante la fiebre de oro del río Palmer, en 1874. Ahora solo acoge 900.

         Más allá, el vacío humano, la nada, el más salvaje outback de Australia. La península del Cabo de York: selvas densas, bosques claros, sabana arbolada con eucaliptos y árboles botella, intrincadas redes de ríos, lagos, islas, pantanos y manglares, kilómetros de dunas costeras, miles de aves -las del paraíso incluidas-, millones de moscas y mosquitos, cocodrilos, serpientes venenosas... Belleza con mayúscula. Un país poderoso, una naturaleza que se resiste a cualquier control humano. Solo lo habitan algunos aborígenes en comunidades y reservas, unos pocos rancheros de vacas, y los mineros de explotaciones altamente tecnificadas como Weipa, que guarda el mayor depósito de bauxita del mundo.

         Tan solo los vehículos 4x4 pueden atreverse con las carreteras sin asfaltar y con los muchos ríos a vadear y, aún y así, únicamente en la temporada seca, de junio a septiembre. Durante el verano austral, las tormentas desbordan los ríos, los ríos cortan los caminos, éstos se convierten en fangales y casi todo el territorio se transmuta en un gigantesco pantanal. Pero la península del Cabo de York resultará una aventura inolvidable para los que participan en alguna de las muchas expediciones turísticas que se organizan desde Cairns en invierno. 

         Cairns, 50.000 h., es la capital turística de la selva y del coral y de todo el norte de Queensland. Curiosamente, no tiene playas, solo fondos fangosos que quedan al descubierto en bajamar y, como ciudad, no ofrece demasiado encanto, excepto a los amantes de la marcha nocturna y los abigarramientos cosmopolitas. Pero es la base de los cruceros para bucear en la Gran Barrera de Arrecifes o fotografiarla desde el aire, para llegar a los hoteles de lujo de las islitas del mar del Coral, para la pesca de altura del gran pez espada azul, y escenario de festivales y ferias. Cairns vive del y para el turismo.          

         En la ciudad abundan las academias para aprender la inmersión con botellas. Es la experiencia que ningún visitante debería perderse: sentirse pez y descubrir la otra cara del mundo -su cara sumergida- en el mejor de los escenarios: la Gran Barrera de Coral.

        

Imagen de jBartroli

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