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Los caminos del mar Negro (IV): Por la costa salvaje

          Bosques de pinos, de robles, de sabinas, de nogales y castaños, de avellanos y de álamos blancos, y también higueras. Y muchos otros árboles desconocidos. Espesuras de zarzamoras y madreselvas trepadoras. En los valles profundos, álamos negros altos como minaretes. Y también hayas. Entre Amasra y Sinop, la carretera bordea un paisaje centroeuropeo, un país mojado y fértil.

         Pero algo ofrece un sorprendente contraste: el mar, ese mar azul tinta y verde botella que se torna translúcido en las calas profundas, y que pesa por encima de las copas de los árboles ocupando todo el horizonte. Esta es una costa brava de verdad, feroz, tortuosa y despoblada. Las montañas bajan hasta las olas y no dejan lugar para playas ni llanuras litorales. Tampoco para acantilados. Simplemente, la montaña se mete en el mar tal como llega, con la inclinación de 45 grados.

         La carretera es de tercera, estrecha y con muchas curvas, encajonada en la pendiente de la cordillera que cae con inclinación de 45 grados. El tránsito, escaso. No hay autobuses directos. Hay que ir dando el salto, de pueblo en pueblo, en minibuses o autobuses atrotinados y repletos, siempre con la duda de cuando se podrá proseguir la ruta. Son pequeños pueblos encantadores, de pescadores. Cada uno invita a quedarse. Kurucasile es el último donde aún se fabrican las barcos de pesca de madera a la vieja usanza, con cuadernas de castaño y abeto. Cide, el único con una amplia y larga playa.

         De Amasra a Inebolu son por lo menos 170 kilómetros. Más allá, la geografía se tranquiliza un poco. Las montañas continúan, pero más sosegadas. Hay pequeñas llanuras -algunos pastos para vacas- y en los valles, un poco de agricultura. Pero ninguna ciudad de verdad hasta que el último minibús no llega a Sinop.

         Sinope fue fundada por griegos de Mileto hacia el siglo VIII a.C. La invadieron cimerios, frigios y persas. Y en el año 183 a.C. Mitríades II la convirtió en capital del reino helénico del Ponto, que llegó a abrazar la costa asiática del Mar Negro hasta la Capadocia y el Cáucaso, y también su otra orilla: Crimea y el Mar de Azov. Los romanos necesitaron cuatro guerras y 41 años para derrotar tanto poderío, y tuvo que ser el mismo Julio César quien lo consiguiera, el 47 a.C. Fue en Zela, en la batalla que el general resumió con tres palabras que se hicieron famosas: "Veni, vidi, vinci". Tras ello, Sinope fue romana y bizantina, hasta que los turcos selyúcidas aposentados en la meseta interior cruzaron la cordillera por aquí y pusieron pie en esta costa. Convertida en Sinop, fue su primer puerto en el Mar Negro.

         Sinop tiene historia, pero menos trazos de ella de lo que cabría esperar. Está situada en el istmo de una península. La baña el mar por los dos lados y conserva, eso sí, sus imponentes murallas ciclópeas, que la limitan por el norte y por el sur y por buena parte de las dos costas. Dentro hay una ciudad pequeña y provinciana, y 26.000 habitantes.

         Al atardecer, en un baluarte al sur de la muralla, hay un pequeño bar desde donde ver la puesta de sol sobre las barcas del puerto y pensar en Trebisonda, el final de la ruta. Por la noche, en los muelles, los restaurantes sirven pescado fresco, calamares y costillas de cordero. A pie de la muralla, hay cafés con música en vivo, que el pública corea y palmea. Hay viejas mezquitas de piedra: la de Alaaddin es del 1214, o del 1267, pero ha sido varias veces transformada. A su lado, restauran una elegante y esbelta madrasa. La fortaleza, levantada entre 1214 y 1215, fue usada como prisión hasta 1979 y hoy es un museo. Hay otras pequeñas mezquitas, de minaretes muy originales. Y hacia el monte, muy en ruinas y entre huertas y casas, una antigua iglesia bizantina del año 660: Balatlar Kilisesi. Vandalismo e imbecilidad humanas. Los escasos trazos de sus pinturas murales -santos, ángeles y emperadores- dan fe del esplendor que debió de tener y del poco tiempo que queda para que se desvanezcan del todo. Cenizas de la historia, como el resto del pasado griego del Ponto.

Imagen de jBartroli

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