Los caminos del mar Negro (y X): Hasta donde los valles cambian de nombre

        Por el este, el límite del Imperio Bizantino y el de Trebisonda estaba en Rice. En el camino, muchos puertos pesqueros y aldeas de la montaña todavía hablan griego, aunque recen en la mezquita. Y Çayeli, "la Ciudad del te", es la última población que tiene el turco como lengua materna. Más allá, los habitantes son lazis, que hablan el lazuri, un idioma sud-caucásico emparentado con el georgiano.

         Los lazis, unos 250.000, son tribus montañesas de evidentes rasgos caucásicos: altos y esbeltos, piel blanca, cabellos rubios o pelirrojos, nariz recta y poderosa, muchos ojos verdes o grises. Pueblo independiente e indómito, prestos a defender su honor y su libertad por las armas, no se islamizaron hasta el siglo XVII. La fidelidad al clan por encima de todo les lleva a continuas disputas internas por los pastos verdes de las tierras altas. Pero la hospitalidad es su norma con el extranjero. Y la anchoa, hamsi, su plato nacional, en cien recetas que van desde un pan a una mermelada.

         Las pendientes del litoral, antes y después de Rice, luce un verde eléctrico: son las plantaciones de te. Desde los años cincuenta han traído una nueva riqueza a un país depauperado por la expulsión, primero, de los griegos, y luego, por la emigración hacia Estambul. Una autovía que se construye al borde de costa, muchas veces en terreno ganado al mar, está arrasando los pequeños puertecitos y las casas pónticas hasta la misma frontera. Dicen que el futuro está en abrir las comunicaciones con Georgia y Rusia, pero, ¿no podría abrirse de otra manera?

         Subiendo los Montes Pónticos, los árboles llegan hasta los 1.800 metros de altura. Por encima se extienden los pastos verdes como las esmeraldas y las nieblas. La nieve los cubre medio año. Por eso, los montañeses solo emigran con sus rebaños a sus poblados yayla, de las "tierras altas", a partir de mayo, cuando la hierba es alta y espesa y estallan las flores. Las trashumancias estacionales van acompañadas de grandes fiestas de primavera, las fiestas yayla famosas en toda le región: se visten los trajes tradicionales, se bebe, se cantan ritmos vivos -muy alejados de la melancolía turca-, se tocan kemençes pero también tulums parecidos a la gaita, y se bailan los frenéticos horon.

         Las fiestas más famosas son las de los lazis y la de los hemsin, otro de los pueblos montañeses. Los Hemsin, unos 15.000, son armenios que hace 300 años se convirtieron al Islam, y que viven en los valles aislados de la cara norte del pico Kaçkar, que con 3.932 metros es el más alto del Mar Negro. Son valles de una belleza salvaje, de bosques negros. La llovizna sempiterna les da un halo mágico y los convierte en el rincón más húmedo de Turquía. Los días claros desde el mar, la cúspide blanca del Kaçkar ofrece una vista espléndida.

         En el extremo oriental de la ruta está Artvin. Artvin ya no es el Ponto. Es el Cáucaso, por su geografía y por su historia. Toda la región perteneció al reino de Georgia hasta que, en el año 1624, un gobernante local se convirtió al Islam por conveniencia. Sus súbditos, o emigraron o mudaron de religión también. Por eso en Turquía aún se conoce esta región como los “valles georgianos” , Quien recorre las montañas descubre en los valles alpinos docenas de viejas iglesias, monasterios y castillos medievales. Las iglesias son muy distintas a las bizantinas, de puro estilo georgiano  aunque recogen influencias armenias, selyúcidas y persas. Esbeltas e impresionantes, con muros decorados con bajorrelieves labrados, la luz pasa su tierna mano por encima la piedra y esta se enciende de gratitud y se ruboriza.

         Artvin es país de iglesias y monasterios georgianos abandonados, de solitarios castillos erguidos sobre peñascos, de bosques de abetos viejos y espesos, de cascadas y lagos entre prados alpinos. Otoño, en el parque nacional entorno al lago Karagöl, es un estallido de púrpuras, rojos, ocres y naranjas: los colores de sus hayas. Los inviernos son de nieves. Los veranos, de prados verdiclaros. Turquía queda muy lejos. Si la costa del Mar Negro es una Turquía diferente y sorprendente, estos paisajes de iglesias y prados y nieblas y lagos y montañas de abetos resultan un encuentro inesperado. Aquí, Turquía acaba y se entra en el Cáucaso.

Imagen de jBartroli

Comentarios

Enviar un comentario nuevo

El contenido de este campo se mantiene como privado.
CAPTCHA
La siguiente pregunta es para prevenir el spam automático en los envíos.
Image CAPTCHA
Copy the characters (respecting upper/lower case) from the image.