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El País de la Luz (II): El reino de las aves

         La luz iluminó por primera vez Nueva Zelanda cuando el semidiós Maui, a bordo de su canoa, pescó un pez gigante con su anzuelo mágico y, tanto tiró, que al final lo izó fuera del agua y se convirtió en una isla. Por esta razón los maoríes llaman Te Ika a Maui, "El Pez de Maui", a la isla Norte, y Te Waka a Maui, "La Canoa de Maui", a la isla Sur.

         Alejadas durante millones de años de otras tierras, en Nueva Zelanda evolucionó una flora y una fauna únicas en el mundo. Árboles frondosos y viejísimos que viven más de dos mil años como el kauri, árboles altísimos como el kahikatea que suben sesenta metros, coníferas primitivas como el rimu que alcanza los cincuenta, las plateadas y elegantes hayas antárticas tawhai y tawhairaukiri, o los pohutukawa y rata que se encienden de rojo cuando florecen. Y animales extraordinarios, aves sobre todo, pues los mamíferos, excepto los marinos -focas y ballenas- y los voladores -algunos murciélagos- no pudieron llegar. Las islas fueron durante muchos millones de años el País de las Aves, donde reinaban las no voladoras como las gigantescas moas que podían medir hasta tres metros y medio, sus hermanos pequeños los kiwis o las chafarderas wekas, y también palomas de colores exuberantes, decenas de especies pajarillos que revolotean en el bosque como joyas con alas, vivaces, rápidos: petirrojos, papamoscas, cerrojillos, currucas, ojiblancos, chupamieles, el kokako gris y barbazul, y loros terrestres nocturnos como los kakapos o carroñeros como el kea, pingüinos, alcatraces y águilas.

Imagen de jBartroli

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