De Turquía al Brasil y a Egipto: ¿Qué le está pasando al mundo?

        ¿Qué está pasando en el mundo? Un viento muy fuerte recorre el planeta agitando todos los continentes, desde el norte de África a los límites de Asia, desde Europa a América. Es un grito, una protesta, una indignación, un malestar. De la gente normal. De la gente como nosotros.

         Hace unas semanas lo viví en la plaza Taksim de Estambul, desde donde se extendió al resto de Turquía. Luego contagió a Sao Paulo y se propagó por todo el Brasil. Ahora ha vuelto a la plaza Tahrir de El Cairo, uno de los lugares donde comenzó hace dos años a la vez que las calles de Tunicia, el Yemen o Libia, antes de prender también en la Plaza del Sol de Madrid, la Plaça Catalunya de Barcelona o con Ocuping Wall Street en Nueva York. Cada vez son más la gente corriente que harta de no ser escuchada, de que los gobiernos obedezcan intereses diferentes a los del pueblo que les votó, de la corrupción y de la impunidad de los poderosos, sale a la calle a expresar su indignación. 

A pedradas contra los gases de la policía entorno a la calle Istiqlal de Estambul

       Es evidente que los países y problemas son distintos. En Turquía son los laicos que no quieren que un gobierno conservador de inspiración islámica les diga como han de vivir su vida. En Europa es el hartazgo de todos los afectados por la crisis que ven como los culpables pasan por ella de puntillas y los otros, los de siempre, todavía se benefician y se enriquecen aún más. En Brasil es la clase media emergente que ve como el país progresa y se dota de campos de futbol y estadios de Primer Mundo mientras ellos han de sufrir transportes públicos, escuelas y hospitales de Tercer Mundo. En Egipto, son los que hicieron la revolución soñando con un país mejor y hasta quizás votaron a Mohammed Mursi, y ahora ven como los islamistas no gobiernan para todos sino que quieren imponer su modelo de sociedad mientras la economía en vez de mejorar, empeora. Y atención a lo que pueda pasar en la China y la India. Atención, también, al sur de Europa.

       Pero hay puntos comunes y un mínimo común denominador. Y un fenómeno de contagio resultado de los nuevos medios de comunicación, Internet y las redes sociales. Lo que pasa en cualquier lugar del mundo se sabe al instante en el resto.

        ¿Cuales son estos puntos comunes? Las protestas las comienzan la clase media, especialmente de los jóvenes: en unos casos es la nueva clase media en alza de las economías emergentes, y en otros la clase media en vías de empobrecimiento de los países hasta ahora considerados ricos. En Tunicia, en Egipto, en Turquía, en Brasil, los primeros en salir a protestar han sido ciudadanos con estudios universitarios y alto nivel de preparación. Además, no son de ningún partido político -los partidos políticos están quedando caducados-. Son protestas pacíficas, hasta que interviene la policía. Comienzan por una causa concreta, pero enseguida se suman multitud de reivindicaciones de muchos grupos dispares. Y los manifestantes usan internet para comunicarse, organizarse y extenderse: la red permite saber que uno no está solo, que son muchos los que piensan como tú, y eso amplifica la indignación y vehicula la protesta. Además -lo he visto durante las noches de guerrilla urbana por las calles de Estambul- WhatsApp y Twitter les permite organizarse y actuar frente a las fuerzas muy superiores de la policia.

       ¿Y por qué protestan? Porqué ven a los políticos cada vez más alejados de la realidad. Porque los gobernantes no escuchan a la gente. Porque políticos y sindicatos parecen actuar más movidos por sus propios intereses de casta que por los del pueblo que representan. Porque ya no sabes si los dirigentes que han votado mandan realmente o mandan poderes económicos ocultos. Y porque la democracia liberal del capitalismo tal como la conocemos está en crisis y tiene que reinventarse. Internet lo cambia todo. Hay otras formas de expresarse, de opinar, de organizarse, y de protestar. 

       ¿Hacia donde vamos? A mejor o a peor, eso el tiempo lo dirá. Els descrédito de los políticos, por muy merecido que sea, es peligroso porque puede llevar al crecimiento del populismo o de movimientos xenófobos o racistas en Europa, o a golpes militares en Egipto o Turquía y otros países donde los militares han jugado un pape activo hasta no hace mucho. O a la implosión del estado, la guerra étnica y el caos como Siria. El cambio se acelera en todas partes y nadie puede predecir aún a donde nos lleva.

 

Imagen de jBartroli

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