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Días de libertad en el Caribe (VI): Lagos azules en la selva verde

La costa de Belice es baja y pantanosa, abundan los marjales y los manglares, esos bosques de árboles retorcidos y raíces aéreas que crecen sobre el mar. Dando saltos, el autobús recorre la sabana por la Northern Highway. Amplios pastizales adornados aquí y allá por árboles altos, a cuya sombra se refugian las vacas. Muchas son jorobadas, del tipo de la raza “brahmán”.

Belice es un país de extensos latifundios y las plantaciones de caña de azúcar, bananas o cítricos que veis desde la ventanilla son propiedad de grandes compañías. Nunca se dejó desarrollar una agricultura que permitiera prosperar la economía y la gente del país. El paisaje está jalonado por ranchos y haciendas. Una vida de aislamiento. Pueblos tranquilos, semidormidos en la modorra de donde nunca pasa nada, perros que ladran, cerdos hurgando en busca de comida entre los prados, gallinas atentas el piar de sus pollitos. Veréis también ceibas gigantescas, de hasta 60 metros; era el preferido de los mayas: lo consideraban el árbol de la vida; en verano se llena de flores rosadas.  

Aparte los cayos y algunas pocas ciudades, Belice es un país casi vacío de gentes. Ostenta la más baja densidad demográfica de Centroamérica. Teniendo en cuenta, además, que solo el 20 % de la tierra se dedica a agricultura, eso deja mucho espacio para espacios vírgenes: el 60% de la superficie son selvas, sabanas, matorral o pantanos. Una joya de la biodiversidad.

Es una buena noticia que el gobierno apueste por el ecoturismo; hay 16 parques nacionales y hasta un total de 115 reservas o zonas protegidas, que cubren el 18’5 % del país. El interior es una sucesión de colinas onduladas, aunque hacia el este, las Montañas Mayas alcanzan los mil metros. Pero atención, que muchas carreteras son meras pistas y en la temporada de lluvias el fango las torna intransitables. Más de la mitad de la superficie de la cordillera está protegida. Sus selvas están adornadas de orquídeas y colibríes y hasta guacamayos. El P. N. de Chiquibul, que se extiende desde las Montañas Mayas hasta la frontera de Guatemala, por tierras altas cubiertas de selva tropófila o de hoja caduca. Es toda una sorpresa ver el ramaje de los grandes árboles tropicales como tecas o caobas desnudos de hojas durante la estación seca.

Si amáis los treckings, haced uno por la Mountain Pine Ridge Forest Reserve hasta la cascada de Hidden Valley Falls: salta desde 500 metros y es la más alta de Centroamérica. No podréis resistir tomar un baño en las charcas de aguas frescas que forma el río, tan verdes como  la penumbra de la selva. Después, caminando bajo los extensos pinares, encontraréis la gigantesca cueva de Río Frío, tan amplia que sus dos salidas iluminan con luz natural el río y las pozas y cascadas interiores. 

Belice cuenta con la primera reserva de jaguares del mundo: Cockscomb Basin Wildlife Sanctuary, creada el 1990, y que cubre hasta el pico Victoria, el más alto del país con 1.122 metros. Pero los felinos son difíciles de ver. Al norte, el P. N. de Aguas Turbias, declarado el 1994, es fronterizo con el P. N de Mirador-Río Azul de Guatemala, situado dentro la Reserva de la Biosfera Maya, y unido a su vez a la Reserva de la Biosfera de Calakmul de México. Los tres forman un área protegida transfronteriza entre los tres países, una selva virgen donde viven monos aulladores y monos araña, loros reales y tapires, y donde se esconden extraordinarios felinos: hay jaguares, jaguarundis, ocelotes, pumas y margays o tigrillos, aunque bajo el techo de 30 metros de la selva seréis muy afortunados si llegáis a descubrir alguno.  

Más accesibles son dos lagos famosos cercanos entre si y a pocos quilómetros al sur de Belmopan, donde podréis zambullir rodeados por la selva: el Blue Hole está en St. Herman’s Blue Hole N. P. y sus aguas, de un azul zafiro mágico, desguazan en una red de cuevas acuáticas. Para llegar hasta el Five Blues Lake N. P. tendréis que caminar algo más, pero encontraréis cabañas donde dormir y kayacs con los que remar, además de escuchar cantar hasta 200 especies distintas de aves.

 

Imagen de jBartroli

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