Altaïr en Jerusalén

         ¿Qué se puede decir de Jerusalén?

         Los amigos de Altaïr me pidieron que presentara el número 56 de la revista dedicado a Jerusalén. Tuve que escribir mis primeras palabras para ordenarme las ideas, para saber como empezar a hablar y no quedarme mudo ante la audiencia. No es fácil explicar la ciudad que se ama.

         ¿Qué puedo decir de Jerusalén?

          Es la ciudad de mi vida. Es la ciudad de mis sueños. La que desde muy joven he deseado vivir pero donde nunca he vivido más de un mes seguido, muy poco tiempo. Durante años lo deseé, lo soñé, lo imaginé. Vivir en ella. Y cuando he podido hacerlo, no lo he hecho. Como hace unos diez años, durante mi última excedencia del trabajo. ¿Por qué? Porqué me dio miedo. Me dio miedo que me decepcionara. Porque la ciudad que amo no es la que ahora veo. Amo la ciudad que leí y vi retratada, soñé y deseé y la ciudad que primero conocí, hace mucho. No la que encuentro ahora cuando la visito, cada vez más dura y seca, más dividida, más llena de odio. Más injusta, también. Como la que vi en mí última visita, el pasado mes de junio.

         Sin embargo la ciudad está ahí. Siempre más grande. Pero siempre tan bella, tan cargada de símbolos y significados, tan llena de rincones secretos, de escondrijos y perspectivas nuevas.

         En este número hemos intentado presentar la ciudad, los diferentes rostros de Jerusalén, sus escenarios principales y un poco su magia y sus misterios. Pero confiamos en que sea solo un primer paso. Que vaya seguido por el viaje a Jerusalén. Hay que ir a Jerusalén para que cada uno pueda descubrir su Jerusalén particular y personal.

          Hay que ir a Jerusalén. Hay que vivirla y conocerla.

         Hay que recorrer sus murallas y contemplarlas con los ojos de los ángeles, y bajar a sus catacumbas y recorrer sus túneles y cuevas subterráneas.

          Hay que entrar en las iglesias, las mezquitas y las sinagogas para entender la gente que allí reza.

          Hay que subir al monte de los Olivos para ver durante el amanecer como la ciudad se despierta envuelta en oro, y al anochecer, como el sol se pone tras los rascacielos de la Ciudad Nueva.

          Hay visitar Yad Vashem, el Museo del Holocausto y estremecerse ante el horror humano, para mejor entender la mentalidad israelí.

         Y recorrer los bosques y valles que la rodean hacia occidente, como el encantador Ein Kerem, donde cuentan que nació Juan Bautista, a los desiertos que la flanquean por el este, por el desierto de Judea, sus monasterios y sus gargantas rocosas. 

         Descubrir los tres mil años de historia acumulados piedra sobre piedra. Intentar averiguar porque fascina tanto y es tan deseada. 

        E intentar hablar con la gente que la habita para mirar de entender cuales son sus sentimientos y sus problemas. Para poder luego hablar con un mínimo conocimiento de causa y evitar los juicios de opinión fáciles.

         En definitiva, descubrir qué tiene Jerusalén de especial sobre todas las ciudades. Por qué razón tantos millones de personas de religiones distintas rezan por ella desde hace tanto tiempo. Por qué todos la quieren para si y lucha por poseerla en exclusiva. Para así descubrir que puede tener de especial para uno de nosotros. Para construirnos cada uno nuestra Jerusalén íntima y personal.

Imagen de jBartroli

Comentarios

Enviar un comentario nuevo

El contenido de este campo se mantiene como privado.
CAPTCHA
La siguiente pregunta es para prevenir el spam automático en los envíos.
Image CAPTCHA
Copy the characters (respecting upper/lower case) from the image.