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El Everest en cinco dólares

Solamente unas horas después de haber aterrizado en Auckland, en un bar me devuelven el cambio de unos cafés; me encuentro entre ellos un billete de cinco dólares que lleva como motivo un retrato de Edmund Hillary. Nueva Zelanda debe ser el único país del mundo con un billete dedicado a un montañero.

Aunque nunca guardo nada y, normalmente, dejo sola a mi cabeza para recuerdos y olvidos, ésta vez no; durante los siguientes días estoy atento a los cambios para conseguir dos ejemplares bien conservados; uno lo quiero para uno de mis mejores amigos, a quien sé le gustan estas cosas y, por esta vez, quiero otro para mí.

Y es que, por alguna o muchas razones, Hillary me ha acompañado desde chico: "La Ascensión al Everest" fue uno de mis primeros libros de montaña, curiosamente también lo conservo; su portada, desde la que un Tensing cada vez mas descolorido me mira, me recuerda la gran hazaña y, por que no decirlo, el paso del tiempo.

Durante los siguientes días, ya siempre con el billete en el bolsillo, tuve ocasión de admirar los Alpes de Nueva Zelanda, el gran paisaje que fue el campo en el que jugaba Hillary.

Al poco, en la población de Mount Cook, disfruté del pequeño museo que allí el vencedor del Everest tiene dedicado: algunos libros y objetos personales, uno de los vehículos con los que fue al Polo, fotos, todo un trozo de Historia, toda una vida resumida en un pequeño espacio y con la gran montaña siempre presente.

Lo mejor de todo es la película: blanco y negro al comienzo, los días de la cumbre, su amistad con Tenzing, que fue su compañero en aquella primera ascensión; después, en color, sus constantes viajes a Nepal para ayudar, para construir escuelas y hospitales.

Me pareció un documental emocionante, siempre que Hillary aparece en él, su imagen destila una profunda humanidad, gestos amables y una gran y franca sonrisa reflejan la talla de quien, en el año 53, fue el más alto del mundo.

En los minutos finales, se le ve ya muy mayor, pero sin que, aparentemente, la tiña corrosiva de la vejez le hubiera afectado lo mas mínimo. Casi 50 años después seguía siendo el más alto.

Imagen de jAzketa

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