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EL "OGRO" Y EL TIBET (última)

Es muy posible que en la Alemania de aquellos años fuera muy difícil hacer nada sin ser miembro del partido o por lo menos merodear sus cercanías, pero en cualquier caso sí que parece cierto que fue Himmler, uno de los grandes jerarcas del régimen, quien propuso a Harrer para la expedición al Nanga Parbat del año 39. Nada mas empezar la exploración del macizo por el valle del Diamir, estalla la guerra. La región, ahora paquistaní y entonces parte de la India Británica anterior a la partición, también se considera en guerra y los miembros de la expedición son hechos prisioneros como alemanes e internados en el campo de Dehra-Dun. En 1.944 consigue escapar e inicia el viaje que, seguramente, más cambió su vida. Para darse cuenta de lo gigantesco de esta empresa hay que pensar que tardó un año y nueve meses en llegar a Lhasa caminando, tuvo que atravesar el Himalaya y regiones que, no se debe olvidar que eran los años 40, apenas eran manchas blancas, espacios vacíos en los mapas todavía a la espera de que alguien pusiera algún dato sobre ellas. Además, si alguien quiere tomarse la molestia, o mas bien darse el gusto, de seguir su ruta sobre un mapa detallado del Himalaya, rápidamente se dará cuenta de qué distancia estamos hablando y de que recorrerla a pie, y sin apenas nada, da tal contenido a la palabra aventura que debería avergonzar a quienes la emplean para explicar a qué se dedican los fines de semana. Harrer vivió cuatro años en Lhasa, fue testigo privilegiado de la forma de vida del pueblo del “techo del mundo”, seguramente desconocida para la gran mayoría de los occidentales. Vivió entre ellos, conoció sus costumbres y, a buen seguro, debió vivir unos años fascinantes. El 14º Dalai Lama, ávido a pesar de su juventud de conocer el mundo exterior, le nombró su preceptor y fue su amigo No cabe duda que para una mentalidad inquieta como la de Harrer, aquellos tuvieron que ser unos años dorados. Tras la ocupación del Tibet por China en 1.950, salió del país y regresó a Europa Todo este gran viaje y sus años en Lhasa, están magníficamente contados en su libro, tal vez el más famoso y conocido “Siete Años en el Tibet”, traducido a 48 idiomas. Cuando, años mas tarde, Jean Jacques Annaud estrena la versión cinematográfica del libro, se reavivaría toda la polémica sobre sus años de nazi que siempre negó. No sé, se me hace difícil juzgar. Él para entonces ya había aprovechado el tiempo para escalar en los Andes y hacer la primera a la Pirámide de Carstensz, viajado y explorado en el Ruwenzori y la Amazonia y, mientras tanto escribir “Vengo de la Edad de Piedra” o “Reencuentro con el Tibet”. Con todo esto vivió hasta el 2006, dejando tras de sí una figura que no sé si el tiempo empequeñece, agranda o deja en su lugar. Yo, como antes decía, no estoy aquí para juzgarle, me quedo con los hechos y con esa foto en blanco y negro que detuvo a los cuatro nada mas descender del Ogro: en ella veo a cuatro chicos jóvenes, agotados y vigorosos, dueños del valor y la determinación necesarios para las grandes cosas. Me miran desde muy lejos, desde los 71 años de distancia que nos separan de aquél momento en el que pusieron sus pies en la cima del Eiger y se hicieron parte de la Historia. 
Imagen de jAzketa

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