Nací hace una treintena de años en Barcelona, en el pequeño barrio del Farró, donde todavía vivo. Mis raíces familiares están en los Pirineos, en lugares indómitos de gente que se resiste inútilmente a cambiar su estilo de vida. Es por esto que en casa hablamos en pallarés y en la casi extinguida fabla aragonesa. Siempre "maldeciré" a mis padres y a los monitores del centro excursionista de la parroquia, que me introdujeron en el mundo de los viajes y el alpinismo desde bien pequeño.
Al acabar la licenciatura de química unos señores de amable apariencia se ofrecieron para que los ayudara a sintetizar sustancias prohibidas en casa; al ser yo persona con escrúpulos no dudé en rechazar la oferta, y me alisté en una multinacional extranjera del sector de la automoción donde estoy tan apalancado que todavía no me he marchado. Como complemento a la jornada laboral, coordino el Armarium de la Web de la empresa Ebla Gestió Documental, hecho que me permite dar rienda suelta a mis inquietudes culturales mientras cobro en especie ya que la empresa en cuestión es de mi mujer...
Soy miembro de Justícia i Pau y colaboro con el Centre d’informació i recerca sobre el poble kurd (CIRK) y la Xarxa d’enllaç amb Palestina. A pesar de haber consumido hasta ahora ingentes cantidades de dióxido de carbono viajando gracias al queroseno subvencionado, colaboro también en la revista de consumo responsable Opcions, editada por el Centre de Recerca i Informació en Consum (CRIC); aunque últimamente me estoy planteando dejarlo ya que los amigos me han confesado que la afición a detectar sustancias ilegales y trampas publicitarias en los alimentos comienza a ser enfermiza.
Hace un lustro me casé con Rosa, de raíces también pirenaicas, compañera inseparable de camino y osada fotógrafa. Nos hemos pateado todo el Mediterráneo y parte de Oriente a la búsqueda de coptos, sefardíes, armenios, drusos, maronitas y amazigs; sorteando kafkianos check points militares; haciendo noche en monasterios donde cristianos y musulmanes rezan juntos; sufriendo discriminación en raves techno en el desierto de Arabia; y conversando con simpáticos terroristas de pacotilla.
Durante la próxima vida me toparé nuevamente con Rosa, estudiaré geología y geografía y, quién sabe, quizás me sacaré el carné de piloto de transbordador interestelar y completaré mi sueño de pisar alguna de las lunas de Saturno, lugares donde seguro que se podrán encontrar todavía pintadas de bienvenida como las del pueblo de mis abuelos, en los Pirineos centrales: “ni os creáis que somos pocos, ni os penséis que sois tan listos”.