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Viaje a la esperanza - II parte

 Al día siguiente, sin desayunar nos pusimos en marcha dirección al lugar donde nos esperaban con no muy buenas noticias; la verdad es, que nos levantamos con rapidez, la noche había sido larga, y aún estando cansados del viaje, del llegar, e instalarnos, a pesar de todo eso, nos costo mucho conciliar aquel deseado sueño, después de hablar un largo rato en la cama, diciendo que extrañábamos el lugar, o que el tiempo había sido un cambio brusco, etc. etc.. Todo por que ninguno de los dos queríamos demostrar al otro lo que en realidad nos estaba pasando por dentro.

Íbamos en ayunas por que a mi marido le tenían que hacer una analítica, yo preferí esperar hacerlo con él, como siempre, como todos los días del año ¡que importaba un rato más o menos! Lo importante era estar juntos para afrontar todo lo que tuviera que venir. Juntos, igual que siempre.

Hacia frío aquella mañana, la ropa era más bien de verano y yo bastante friolera, estaba tiritando¿era frío o nervios? ¡No lo sabía! Y tampoco me pare a pensar, estaba cerca la Clínica, en un momento llegaríamos y una vez dentro ya estaría bien y seguramente tendríamos que estar todo el día. No importaba, dentro estaba el restaurante y si había un momento comeríamos algo.

Era verdad dentro de aquel lugar se estaba de maravilla, bueno todo lo bien que se puede estar en esos lugares, pero aquella Clínica tenía algo especial. Lo note nada más entrar, era como si entrara en mi casa, como si aquello me fuese familiar.

Después de pasar por admisión y dar todos los datos necesarios nos indicaron por donde debíamos subir para llegar hasta el laboratorio. Al llegar nos sentamos hasta que nos llamaran, mire alrededor, note que era menos frío que otros hospitales o clínicas. Mire a todas aquellas personas que como nosotros también esperaban ser llamados, algunos nos sonreían, otros su seriedad dejaba entrever la preocupación interior, mientras, yo me decía ¿Qué pensarán de mi? ¿Qué cara debo tengo yo en estos momentos?

De pronto al final de aquella sala de espera, me di cuenta que una chica estaba llorando desconsoladamente, no hacía nada por disimular, como no estaba muy retirada hice una seña a mi marido y me levante acercándome hasta donde estaba, me agache un poco y le pregunte que si podía hacer algo por ella. Me miro y cogió mis manos con las suyas, estaba esperando a su marido, había ido a por el coche para dejarlo lo más cerca posible y volver de nuevo a por ella, estaba desconsolada, daba pena verla en esa situación.

Vi como se acercaba un señor, seguramente seria la persona que estaba esperando, efectivamente, al llegar la cogió casi en brazos para llevársela, me dieron las gracias y se marcharon.

Entonces me di cuenta de su dolor, seguramente las noticias que le habían dado no eran muy halagüeñas; pensé en nosotros, mire a mi marido con dulzura y mire a mi alrededor de nuevo pensando ¡qué difícil es la vida! ¡¡Cuanto sufrimiento nos rodea y a veces no queremos darnos cuenta de ello!!

Aquel viaje era un poco más difícil, más duro que los otros a los que estábamos acostumbrados, pero no estaba dispuesta a dejarme abatir, para nada, estaba segura que todo iba a ir bien y cuando volviéramos a casa todo estaría pasado, de nuevo llegaría la lucha a nuestro maravilloso trabajo, no eramos los únicos a quien le pasaba aquello y ¿Porqué nos iba a ir mal? Lo más seguro era que se curaría, los pinceles, los colores volverían a brillar, a manejar sobre los lienzos, poniendo color de vida, de esperanza. Estaba segura que la lucha sería titánica, pero venceríamos. Todas nuestras ilusiones, se llevarían a cabo, no se podían romper así. Seguimos esperando y por fin nos llamaron, claro que aquello simplemente era una “pinchazo”. Nuestras dudas pronto estarían resueltas, después de tomar nuestro desayuno en la cafetería, nos esperaban en la consulta, allí se resolvería parte de nuestro viaje.

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