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Un viaje Corto

Todas las mañanas la misma faena. Levantarse y prepararse rápidamente para coger el tren, no se podía quedar dormida, estaba a punto de terminar la carrera y después de tantos años de ir y venir, subir y bajar, ahora ya casi, casi, lo tenía en la mano.

No le había dado nunca pereza, desde que sus padres decidieron irse a vivir de Barcelona a un pueblo cercano, ella había tenido que acostumbrarse a coger el tren todos los días para ir a estudiar hasta la capital catalana.

¡Eran otros tiempos! Y durante el curso,  no le quedaba otra solución ¡Madrugar! Ya  que el tren salía a las 7,20, y no devoraba los kilómetros como los de ahora, en aquella época iban más lentos, tardaban mucho más tiempo, claro que al estar tan cerca era como un paseo.

En la estación siempre se encontraban unos cuantos estudiantes, chicos y chicas con un montón de proyectos en la mochila, y, otros que iban a trabajar; todos se juntaban y así el viaje se hacía más corto, claro que cuando era el tiempo de exámenes nadie se dejaba oír, todos con el libro en la mano apurando hasta el último momento.  Creo que hasta los que iban a trabajar agradecían aquel silencio que aprovechaban para echar una “cabezadita”

Aquel tren venia de Tarragona y normalmente llegaba casi vacío, era al llegar a esa  estación, cuando se llenaba y después en las siguientes ya que cada vez estaba más cerca la capital catalana y la gente aprovechaba aquel medio de transporte, ¡claro! que  tampoco habían tantos coches.

Los estudiantes daban esa nota de color y alegría a la mañana que avanzaba, algunos ya no esperaban a nada y aprovechaban aquel corto trayecto para sacar el bocadillo y empezar a devorar con ansías, los demás se reían al verlos.

Mientras avanzaba la locomotora tirando de aquellos viejos vagones cargados de ilusiones y proyectos

Aquel día, María subió como todos los anteriores, y aunque estaba en los últimos días de exámenes no saco ninguno de aquellos métodos, debía pensar con claridad su futuro; se acercaba el final de aquella carrera y no sabía qué hacer, era difícil escoger entre aquellas dos cosas tan distintas como ella llevaba entre manos, si seguía con su carrera de medicina debía hacer una especialidad, siempre era mejor que ser médico de cabecera, como por aquel entonces se llamaban los médicos de familia actuales. Ella necesitaba tener campo donde “investigar” o lo que era lo mismo estar siempre trabajando en cosas más difíciles, de más envergadura, más profundas.

El tren seguía parando en todas las estaciones y la gente iba subiendo en cada una de ellas ¡Cuidado! Pensó María aquellos que iban de pie y les cogía desprevenidos cuando se ponía en marcha o paraba  la sacudida era fuerte y casi, casi ibas al suelo. Realmente hasta ese día no había percibido ese detalle. Hasta ella misma se extraño. Siguió pensando en ese futuro que se le presentaba incierto.

Llego a Barcelona, no se dio cuenta y los compañeros de viaje tuvieron que zarandearla para que despertara de aquel soñar despierta, de aquella incertidumbre que casi la estaba ahogando.

 

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