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Zapatero comete un grave error político internacional en Kosovo

La sorprendente decisión del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero de anunciar de improviso la retirada de las fuerzas de pacificación españolas de Kosovo sin la preceptiva consulta previa con los demás aliados en la OTAN ha causado un profundo daño a la reputación y credibilidad internacional de España.

Este error político incomprensible se produce además en un momento especialmente delicado para España en el que el Gobierno socialista intenta establecer unos lazos estrechos con la nueva Administración norteamericana de Barack Obama, tras las crispadas relaciones mantenidas con EEUU durante la etapa de George Bush, y en el que intenta consolidarse como potencia internacional con su participación en las reuniones del Grupo de los 20 (G-20) para coordinar la lucha contra la recesión y la reforma del sistema financiero internacional.

“Llegamos juntos y nos iremos juntos” era la frase que resumía en la OTAN la voluntad de los 26 países aliados de actuar coordinadamente en la antigua región serbia, después de que la Alianza Atlántica emprendiera en 1999 la primera guerra de su historia para frenar la depuración étnica de Kosovo por parte del régimen autoritario de Slobodan Milosevic.

Esta frase, que había repetido en público en más de una ocasión en la sede de la OTAN el propio ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, se ha convertido ahora en un reproche colectivo hacia España, que va a devaluar el esfuerzo realizado por las fuerzas armadas españolas en las sucesivas misiones de pacificación emprendidas por la OTAN, la UE y la ONU, como Bosnia, Líbano, Afganistán y el propio Kosovo.

La increíble torpeza del Gobierno socialista en el procedimiento utilizado ha asestado un duro golpe a la credibilidad internacional y a la firmeza de los compromisos de actuación militar exterior de España, en especial en un momento en que es necesario contar con unas fuerzas militares multinacionales creíbles capaces de hacer frente colectivamente a crecientes amenazas para la seguridad y la estabilidad internacional.

No se puede anunciar la retirada de una fuerza multinacional de paz durante una visita al destacamento nacional en el territorio, sin que esa cuestión no se haya planteado previamente con suficiente antelación en el seno de la OTAN para que los aliados y el mando militar conjunto dispongan de tiempo suficiente para preparar la sustitución de esas tropas de forma sosegada, sin presiones y sin crear la imagen sobre el terreno de que puede producirse un vacío de seguridad.

El Gobierno podría haber planteado esta cuestión de forma discreta en cualquiera de los Consejos Atlánticos que se realizan semanalmente a nivel de embajadores cada semana en la OTAN y esperar a realizar el anuncio público a que hubiera comenzado a prepararse la sustitución colectiva de los 630 soldados españoles.

Cuando Gran Bretaña decidió reducir su contingente en Kosovo, debido a la necesidad de disponer de más tropas para Irak y Afganistán, preparó el relevo con los demás aliados con suficiente antelación para que no hubiera sobresaltos, ni riesgos para la seguridad de los demás contingentes nacionales desplegados en Kosovo.

El error del Gobierno se ve agravado por la falta de explicaciones coherentes de Zapatero y sus ministros a la decisión adoptada y sobre todo al procedimiento escogido para hacerlo público. El no reconocimiento de la independencia de Kosovo no parece una excusa válida, toda vez que la decisión de retirar las tropas se produce más de un año después de la declaración unilateral de independencia de Kosovo.

Incluso el responsable de la política exterior y de defensa de la UE y destacado miembro del PSOE, Javier Solana, declaró que “sería bueno que cualquier decisión sobre retiradas de tropas de una misión internacional de paz se tomara colectivamente en el marco de las instituciones”.

No se puede pretender ser la octava potencia económica del mundo y no querer asumir los costes internacionales que eso implica, tanto militares (misiones de paz) como civiles (misiones de asistencia, formación) o económicos (ayuda al desarrollo).
 

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