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Las promesas de la OTAN incendian el Cáucaso

La promesa de la OTAN a Georgia de que en el futuro se convertirá en un estado miembro de la organización militar y el constante respaldo incondicional de la Administración norteamericana al Gobierno de Tbilisi han acabado incendiando el Cáucaso con una guerra, que en pocas jornadas ya ha causado miles de muertos. El ejemplo de Kosovo constituye además un peligroso precedente que no facilita la resolución de la crisis, ni de los conflictos regionales de la zona.

Los presidentes Saakashvili y BushEn una huida hacia delante, el presidente de Georgia, Mijail Saakashvili, sintiéndose protegido por Estados Unidos y contando con la simpatía de los países del Este miembros de la OTAN, decidió recuperar por la fuerza militar la región separatista rusófona de Osetia del Sur, que se encuentra en una situación de semiindependencia desde principios de los 90. La suicida operación militar georgiana ha tenido la previsible y contundente respuesta militar rusa y ha extendido el conflicto militar a la zona de la también separatista región rusófona de Abjacia.

Las preguntas claves son: ¿Quién ha aconsejado a Saakashvili de que era posible una solución militar a los problemas de Osetia del Sur y Abjacia? Y ¿quién ha dejado de advertir por parte de EEUU y de la OTAN de que no se admitiría una resolución de los dos conflictos regionales que no fuera negociada?

Tras el ejemplo de Kosovo, las declaraciones oficiales de EEUU y de la Unión Europea (UE) a favor del respeto a la integridad territorial de Georgia, frente a las dos regiones separatistas, pierden fuerza y credibilidad. El reconocimiento de la independencia unilateral y no negociada de Kosovo por parte de EEUU y de la mayoría de países de la UE ha abierto la Caja de Pandora en otras zonas con conflictos regionales enquistados.

¿Con qué autoridad moral pueden EEUU, la OTAN y la UE rechazar las pretensiones de Osetia del Sur y Abjacia después de haber fomentado la independencia unilateral de Kosovo aceptado romper la integridad territorial de Serbia sin la autorización de Naciones Unidas?

La Administración Bush, que ha convertido a Georgia en un aliado clave al que ha suministrado abundante equipo militar, ha presentado a Saakashvili como un demócrata modelo, pese a sus evidentes carencias, en una estrategia orientada a afianzar la influencia norteamericana en una zona esencial para el tránsito de productos petrolíferos.

El presidente norteaericano, George Bush, intentó incluso forzar a los demás líderes aliados en la cumbre de Bucarest del pasado abril a iniciar de inmediato el proceso de adhesión de Georgia a la OTAN, a pesar de la existencia de los conflictos enquistados de Abjacia y Osetia del Sur y de que la población del país está dividida sobre el ingreso en la Alianza Atlántica.

Alemania y Francia aportaron un poco de cordura en la cumbre de Bucarest y consiguieron vetar el inicio del proceso de adhesión con el respaldo de España y otros países. Pero no pudieron evitar que el presidente Bush impusiera que se prometiera oficialmente a Georgia que en el futuro sería miembro de la OTAN.

Una decisión de consecuencias mal calculadas por parte de los aliados y que ha hecho creer erróneamente a Saakashvili que podría contar con el respaldo de EEUU y la OTAN en caso de conflicto militar con Rusia.

Para Moscú, esa promesa fue una nueva confirmación de lo que considera una estrategia de cerco militar de su territorio y, por ello, reforzó su ayuda y protección a Osetia del Sur y Abjacia.

Saakashvili, sintiéndose fuerte por ese respaldo incodicional de EEUU y del apoyo de numerosos aliados del Este, se ha lanzado a la aventura de desafiar militarmente a Rusia, protectora de las dos regiones separatistas. Resulta increíble que Washington desconociera o no hubiera detectado los preparativos de la ofensiva militar georgiana para recuperar por la fuerza Osetia del Sur.

El intento suicida de Georgia de reconquistar militarmente Osetia del Sur ha dado la excusa que necesitaba Rusia para una demostración de su aplastante fuerza en una zona que considera estratégica para sus intereses nacionales, una demostración de fuerza que mantendrá hasta asegurarse de que el Gobierno de Saakashvili no tendrá nuevas veleidades militares.

La capacidad de influencia de EEUU, la OTAN y la propia UE sobre Moscú en este conflicto está fuertemente mermada por la ciega estrategia desarrollada por la Administración Bush (y respaldada por Europa) de envite militar permanente hacia Rusia y de hacer oídos sordos a las reiteradas preocupaciones expresadas por el Gobierno ruso.

La futura instalación del escudo antimisiles norteamericano en Polonia y la República Checa, la promesa de admitir a Georgia y a Ucrania en la OTAN y el fomento de la independencia unilateral de Kosovo han deteriorado las relaciones de EEUU y la UE con Rusia, que precisamente constituye un socio indispensable para la gestión de las crisis internacionales, como la guerra en Afganistán o el contencioso sobre el programa nuclear iraní.

Washington y la OTAN se llevan ahora las manos a la cabeza ante el desencadenamiento de una nueva guerra a escasos kilómetros del territorio de la Alianza Atlántica y de la contundente respuesta militar de Moscú., pero con su ceguera política y sus erróneas decisiones han creado las condiciones para que pudiera producirse. Y, además, no han adoptado ninguna medida para prevenirla. 

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