El precedente de Kosovo debilita a la UE y a la OTAN frente a Moscú

El reconocimiento de la independencia unilateral de Kosovo, sin el respaldo de la ONU y vulnerando el principio de integridad territorial de Serbia, constituye un precedente que debilita enormemente la posición de la Unión Europea (UE)  y de la OTAN frente al actual desafío de Moscú de reconocer la independencia de las regiones separatistas georgianas de Abjacia y Osetia del Sur.

¿Con qué argumentos la UE, la OTAN y Estados Unidos pueden oponerse a la independencia de Abjacia y Osetia del Sur, si aplaudieron hace seis meses la independencia de Kosovo, pese a las advertencias de quienes, como el Gobierno español, destacaron que constituiría un precedente muy peligroso? ¿Es más importante la integridad territorial de Georgia que la de Serbia porque Georgia un aliado de EEUU y Serbia un aliado de Rusia?

En los tres casos, la población de esas regiones ha luchado por su independencia del poder central tras la pérdida de su anterior autonomía, tanto de Georgia como de Serbia. Las tres regiones han rechazado también las ofertas de amplia autonomía formuladas por el Gobierno central de Georgia y Serbia. Y en los tres casos las guerras se han caracterizado por una intensa violencia étnica por ambos bandos.

Las guerras regionales en Georgia se produjeron al inicio de los 90. Tras los acuerdos de alto el fuego de 1992 en Osetia del Sur y de 1994 en Abjacia, las dos regiones disfrutaban de una independencia ‘de facto’, con la presencia de una reducida fuerza de paz rusa y una misión de supervisión de la ONU. La situación se había mantenido más o menos estable hasta el inicio de las operaciones militares del presidente georgiano, Mijail Saakashvili, para recuperar el control de ambas regiones a partir del 2004. La guerra de Kosovo se produjo en 1999.

La Administración norteamericana de George Bush comenzó a socavar el principio del respeto a la integridad territorial de los estados cuando en los últimos años fomentó e instigó la independencia unilateral de Kosovo, mientras la UE permaneció pasiva ante estas maniobras, sin plantear ni preparar alternativas viables hasta que esa independencia unilateral resultó imparable.

A pesar de las sucesivas peticiones de Abjacia y Osetia del Sur, Rusia se había mantenido hasta ahora poco inclinada e incluso hostil a reconocer a las dos regiones separatistas georgianas. Es la independencia de Kosovo lo que marca un cambio de orientación de Rusia, aún bajo presidencia de Vladimir Putin. Moscú decidió entonces estrechar los lazos con ambas regiones.

El irresponsable y mal asesorado ataque militar a gran escala de Saakashvili contra Osetia del Sur ha desencadenado el reconocimiento de la independencia de las dos regiones por parte de Moscú. Y ahora Europa tiene que resolver un nuevo conflicto creado por un estrecho aliado del presidente norteamericano, George Bush. Un conflicto que, una vez más, compromete y perjudica la seguridad de Europa y no la de EEUU.

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