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El « caniche de Bush » quiere presidir la UE

 

El ex primer ministro británico, Tony Blair, a quien el diario Financial Times no dudó en calificar de “caniche de Bush” en uno de sus editoriales, aspira a convertirse en el primer presidente estable de la Unión Europea (UE) una vez entre en vigor el Tratado de Lisboa.

Blair, cuya labor como enviado especial a Oriente Próximo por el Cuarteto de la ONU, la UE, EEUU y Rusia se ha revelado nula y con un marcado absentismo, ha emprendido una ofensiva diplomática en las capitales europeas para intentar asegurarse ese nuevo puesto y plantear su candidatura como la única posible y viable.

Blair cuenta con el respaldo oficial del Gobierno británico y un apoyo verbal del presidente francés, Nicholas Sarkozy, aunque no oficializado. Su candidatura de momento sólo ha tropezado por la oposición tímida de Holanda, Bélgica y Luxemburgo, que consideran que no reúne los requisitos mínimos de europeísmo y que carece de la envergadura necesaria para el cargo.

Blair intenta que se olvide su papel determinante en la invasión anglonorteamericana de Irak, que además de causar la muerte de cientos de miles de personas, convirtió ese territorio en el mejor campo de entrenamiento de Al Qaida y empeoró la seguridad de los ciudadanos europeos.

Sin la invasión de Irak, la capacidad de actuación de Al Qaida hubiera quedado mucho más reducida, nunca se hubieran producido los atentados de Madrid y Londres y la guerra de Afganistán estaría resuelta desde hace mucho tiempo, con lo que otro foco potencial de desestabilización y terrorismo habría desaparecido.

La credibilidad de Blair también sufrió un duro revés cuando se demostró que mintió al Parlamento nacional británico y a la población de su país al hacerles creer que el régimen de Sadam Hussein era capaz de lanzar un ataque en 45 minutos con armas de destrucción masiva, que sólo existían en la mente de los servicios de propaganda de la Casa Blanca y de Downing Street.

A nivel europeo, Blair se distinguió durante su mandato como primer ministro británico por frenar al máximo la integración europea en todo lo que pudo y por limitar al máximo el poder de las instituciones europeas. Todas sus iniciales promesas europeístas se demostraron falsas con el tiempo.

Blair, por ejemplo, mantuvo a Gran Bretaña fuera de la zona Schengen sin fronteras interiores y donde los ciudadanos no necesitan mostrar su pasaporte o documento de identidad para desplazarse de un país a otro.

Blair asimismo promovió durante los aciagos días de la invasión de Irak la fractura de la UE, en una estrecha y activa cooperación con la Administración norteamericana de George Bush, que abrió heridas que todavía no se han cerrado del todo. Blair contó en esa época como fiel aliado al presidente checo, Vaclav Klaus, que se obstina en desafiar a sus socios europeos y a su propio parlamento nacional y que ha comparado la UE nada menos que con la Unión Soviética.  

En los círculos comunitarios se considera además que no es viable que la presidencia de la UE sea ocupado por un dirigente de un país que no pertenece a la zona euro y que se caracteriza precisamente por una marcada posición política antieuropeísta.

La alternativa no es como plantea la revista británica The Economist “un europigmeo o Blair”, sino un presidente creíble con voluntad de hacer avanzar la integración europea o alguien a quien el padre del soldado británico Shaun Brierley, muerto en Irak acusó hoy en una recepción oficial en Londres de ser “un criminal de guerra” con “las manos llenas de sangre”.

 

Imagen de eOliveras

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