EEUU saca provecho de la crisis entre Georgia y Rusia

¿Qué habría ocurrido si antes de la declaración de independencia de Kosovo el Gobierno de Belgrado hubiera intentado restablecer por la fuerza la integridad territorial de Serbia y hubiera atacado Pristina con una destructor bombardeo de artillería? La fuerzas de paz de la OTAN habría replicado con la máxima dureza y habrían destruido las bases y el equipamiento militar serbios para evitar que Belgrado pudiera volver a intentar un nuevo ataque similar.

¿Qué ocurre cuando el Gobierno de Georgia desencadena una ofensiva militar irresponsable y suicida para recuperar la región semiindependiente de Osetia del Sur, bombardea la capital y ataca a las fuerzas de paz rusas desplegadas en esa región? EEUU y la OTAN condenan la respuesta militar rusa a ese ataque, cuando ellos habrían actuado con la misma contudencia en el caso de Kosovo y Serbia. Basta recordar que durante la guerra de Kosovo en 1999 los bombardeos aéreos de la OTAN no se limitaron a la zona de Kosovo, sino que abarcaron objetivos militares y civiles en todo el territorio de Serbia, incluidas fábricas, vías férreas, la sede de la televisión serbia y los puentes sobre el Danubio.

¿Cuál es la diferencia clave entre ambas situaciones? Que Georgia es un aliado inestimable para la Administración Bush y una pieza esencial en sus planes para afianzar la influencia nortemaericana en el Cáucaso y asegurarse un control sobre el estratégico oleoducto Baku-Tbilisi-Ceyhan (BTC) y el gaseoducto paralelo que desemboca en el mar Negro.

El presidente norteamericano, George Bush, que no dudó en pisotear todos los principios de derecho internacional para invadir sin justificación Irak, ahora se ha autoerigido sin ningún rubor en el mayor detractor de la intervención militar de represalia rusa en Georgia.

Dada la estrecha relación entre el presidente georgiano, Mijail Saakashvili, y el Gobierno norteamericano, resultaría sorprendente que Washington desconociera los planes de Saakashvili de asaltar militarmente Osetia del Sur el día de la inauguración de los Juegos Olímpicos de Pequín o que no hubiera detectado la concentración de tropas y material militar georgiano en la frontera de Osetia del Sur para poder lanzar el ataque. El puente aéreo relámpago organizado por EEUU para repatriar a unos 800 soldados georgianos desde Irak con toneladas de material militar hace sospechar de una operación prevista de antemano.

EEUU está obteniendo estos días sustanciales éxitos políticos gracias al enfrentamiento entre Rusia y Georgia. En primer lugar, ha logrado vencer las resistencias del Gobierno y la población polacas a la instalación en su territorio de la batería de interceptores de misiles del controvertido escudo antimisiles norteamericano. En segundo lugar, ha conseguido un nuevo obstáculo que puede comprometer el acuerdo estrategico que busca la UE con Rusia y que Washington siempre ha visto con muy malos ojos. Y, en tercer lugar, ha degradado la imagen internacional de Rusia.

No obstante, estos beneficios políticos a corto plazo pueden resultar desastrosos a largo plazo para EEUU y para la OTAN, porque pueden enajenar la cooperación imprescindible de Moscú en la gestión de crisis internacionales mucho más graves, como la guerra de Afganistán, que va de mal a peor.

La estrategia norteamericana de confrontación con Rusia, utilizando el peón de Georgia, también ha vuelto a acentuar las divisiones internas en la OTAN durante la reunión extraordinaria de ministros de Asuntos Exteriores del pasado 19 de agosto en Bruselas, en una nueva polarización de la Alianza Atlántica en los dos mismos bandos de la época de la guerra de Irak: EEUU y los países de Europa del Este, por un lado, y la “Vieja Europa”, por el otro. El comunicado final de la reunión sirvió más para intentar disimular esas divisiones internas que para fijar una línea de actuación política clara.

Esa estrategia norteamericana tampoco ha contribuido a reforzar la seguridad europea, sino que por el contrario ha empujado a Rusia a suspender el Acuerdo sobre Fuerzas Armadas Convencionales en Europa, piedra angular del proceso de desarme del que se había beneficiado el continente europeo hasta la llegada del proyecto de escudo antimisiles de EEUU.

Ese escudo tiene como objetivo oficial proteger a Europa de un eventual ataque procedente de Irán, que carece de misiles de ese alcance y actualmente a duras penas llegaría a alcanzar el territorio de Israel.

Mucho más peligroso para la seguridad de los ciudadanos europeos es el comportamiento de Arabia Saudí (otro aliado de EEUU), que exporta y financia la expansión del integrismo islámico wahabita entre los musulmanes que viven en Europa. Ese integrismo se caracteriza por una abierta hostilidad hacia el infiel no musulmán y un agresivo rechazo de los valores, las libertades y los derechos fundamentales que definen a la Unión Europea (UE).

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