Causas que permiten a Praga tomar como rehén a la UE

El presidente de la República Checa, el antieuropeísta Vaclav Klaus, mantiene a toda la Unión Europea (UE) como rehén de sus planteamientos políticos y bloquea en solitario el Tratado de Lisboa y la reforma institucional europea. ¿Cómo una persona sola, sin poderes políticos reales, según la Constitución checa, pueden tomar como rehén al conjunto de Europa?

Esta situación kafkiana, que paraliza políticamente a la UE y priva a Europa de capacidad de actuación interna y externa en una situación de crisis y retos internacionales, es la suma de causas estructurales inherentes a como se ha realizado hasta ahora el proceso de integración europea y de causas coyunturales asociadas a la situación política interna de la República Checa.

La primera de las causas estructurales es que el bloqueo de Praga es gratis, no le cuesta nada al país, más allá de un deterioro adicional a su ya adquirida falta de credibilidad y fiabilidad. Klaus puede seguir oponiéndose a la voluntad del resto de 500 ciudadanos de la UE, sin que eso afecte, frene o paralice, por ejemplo, a los 2.400 millones de euros que recibe cada año la República Checa de la UE.

Incluso la amenaza de dejar al país sin comisario en la nueva Comisión Europea si no entra en vigor el Tratado de Lisboa puede ser difícil de aplicar, porque la decisión requiere la unanimidad de los Veintisiete, incluida la República Checa.

En segundo lugar, estos comportamientos de filibusterismo político pueden realizarse porque en los tratados de la UE no existe la posibilidad de expulsar, marginar o sancionar a un país que obstaculiza o bloquea a la UE. Sólo en el caso de grave y reiterada violación de los principios democráticos y del respeto de los derechos humanos, el tratado permite privar a ese estado de sus derechos políticos en la UE, pero ni siquiera prevé su expulsión.

En tercer lugar, la exigencia de la unanimidad y ratificación por todos y cada uno de los estados miembros de cualquier modificación del tratado somete a la mayoría de los países de la UE a la dictadura de los más euroescépticos. Esto frena el avance de la integración europea y la obliga a ir al paso de tortuga que imponen Gran Bretaña, Polonia y la República Checa, cuyo principal objetivo parece ser impedir que se pueda desarrollar una integración política en Europa.

En cuarto lugar, la UE paga ahora las consecuencias de sus errores pasados al no haber realizado una reforma institucional satisfactoria para poder funcionar con un número elevado de miembros antes de la adhesión de los países del Este.

El Tratado de Niza tenía precisamente ese objetivo, pero la negativa del presidente francés, Jacques Chirac, a reconocer políticamente el nuevo peso de la Alemania reunificada y el obstruccionismo característico del primer ministro británico, Tony Blair, desembocó en una reforma fallida y un funcionamiento paralizante para una UE de 27 o más estados miembros.

El negociar la reforma de la UE con 27 miembros con poder de veto se ha demostrado una tarea titánica de corto alcance y resultado siempre incierto.

En quinto lugar, la precipitada ampliación de golpe de la UE a los países de Europa central y oriental ha supuesto un mazazo al proyecto de integración política europea, algo que ya había previsto acertadamente sus principales promotores de esa adhesión acelerada: Gran Bretaña y Estados Unidos.

Esos países del Este tienen una escasa tradición democrática, una actitud ultranacionalista, múltiples y graves problemas sin resolver en materia de minorías y muy poco interés en el proyecto de integración europea. Su principal ambición es recibir cuantiosas ayudas financieras, apoyarse en la UE para la modernización de sus economías y obtener una protección política frente a la temida y denostada Rusia.

La principal causa coyuntural que permite a Klaus desafiar impunemente a la UE es la debilidad del propio Gobierno checo, que se somete a los caprichos de un presidente que ha comparado la UE con la antigua Unión Soviética y que actúa de firma ilegítima al margen de la voluntad expresada por el Parlamento nacional.

El Gobierno actual es un ejecutivo interino formado por tecnócratas tras la caída del anterior Gobierno presidido por el también euroescéptico Mirek Topolanek el 23 de marzo del 2009 al perder una moción de censura en el Parlamento.

Las elecciones legislativas anticipadas, prevista para el 9 de octubre, fueron anuladas por el Tribunal Constitucional el 10 de septiembre pasado en base a una demanda presentada por un diputado independiente al considerar que no habían sido convocadas de forma apropiada. Las elecciones están previstas que se celebrarán ahora en junio del 2010, al expirar la vigencia legal de la legislatura, lo que impondrá al país al menos otros nueve meses de precariedad política.

La segunda causa coyuntural es la propia personalidad de Klaus, un fiel aliado del anterior presidente norteamericano, George Bush, y un enemigo visceral de la integración europea. Klaus, que grava en secreto las conversaciones privadas que mantiene con sus invitados políticos, ha declarado que el Tratado de Lisboa es una amenaza para libertad y la democracia. Klaus también se distingue por sus furibundas diatribas antiecologistas y niega que exista cualquier riesgo de cambio climático.

Klaus ha utilizado a un grupo de senadores próximos para presentar dos demandas al Tribunal Constitucional contra el Tratado de Lisboa. Después de que el Alto Tribunal declarara en noviembre del 2008 que el tratado es compatible con el ordenamiento constitucional del país, ese grupo ha presentado otra demanda para seguir paralizando la ratificación del tratado. El objetivo confesado por Klaus y esos senadores es ganar tiempo para que los conservadores británicos puedan ganar las elecciones y convocar un referéndum que entierre el tratado.

Para justificar su insostenible posición ahora Klaus exige privar a sus ciudadanos de la protección de la Carta de Derechos Fundamentales con la peregrina excusa de asegurarse de que los tres millones de alemanes expulsados de los Sudetes tras la Segunda Guerra Mundial no puedan reclamar sus antiguas propiedades.

La tercera causa coyuntural es el escaso interés y la bajísima participación de la población checa en las elecciones nacionales, lo que favorece el sobrepeso a los partidos soberanistas y euroescépticos.

Esta actitud ha permitido que Klaus, que tuvo que dimitir como primer ministro checo en 1997, por los escándalos generalizados de corrupción y las secuelas del "capitalismo gangsteril" que promovió (según las palabras del líder carismático checo Vaclav Havel), haya podido ser elegido como presidente en dos ocasiones, aunque cada vez hayan sido necesarias tres votaciones del Parlamento. Su mandato expira en marzo del 2013.

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