Bruselas es un nido de espías

Bruselas es un nido de espías. El final de la Guerra Fría no sólo no ha reducido la actividad de los servicios secretos extranjeros en la capital belga, sino que por el contrario ha multiplicado sus acciones y sus objetivos.

La actividad de los espías es tan intensa que la Comisión Europea transmitió hace poco una nota interna a los directivos de la institución para que tomaran medidas precautorias ante los intentos repetidos y crecientes de "obtener documentación confidencial y sensible" de la actividad legislativa y supervisora del Ejecutivo comunitario.

La nota indicaba que "algunos países, grupos de presión, periodistas y agencias privadas intentan obtener informaciones sensibles y protegidas". La nota precisaba que "personas vinculadas a servicios secretos" actúan bajo la cobertura de "becarios, periodistas, funcionarios de los estados de la Unión Europea (UE) agregados a la Comisión Europea y técnicos informáticos".

Los equipos informáticos de la Comisión Europea e incluso los del propio responsable de la política exterior y de defensa de la UE, Javier Solana, han sido objeto de reiterados intentos de penetración en los últimos meses.

"Bruselas es, junto a Washington y Ginebra, una de las tres ciudades clave para los servicios de espionaje de todo el mundo" explica Kristof Clerix, autor del libro Los Servicios Secretos Extranjeros en Bélgica.

"Los métodos siguen siendo los mismos de la Guerra Fría: ganar la confianza y después explotar esa confianza. Lo que ha cambiado es el uso de las nuevas tecnologías y la importancia cada vez mayor de las cuestiones económicas”, precisa Clerix, periodista de la revista belga de política internacional MO. "Los grandes países no dudan en utilizar sus servicios secretos para promocionar y defender sus intereses económicos e industriales en un mundo globalizado", añade Clreix en una conversación mantenida en un viejo café de Bruselas.

"En asuntos políticos y militares, Bruselas es aún más interesante para los espías que en la época de la Guerra Fría", destaca Clerix. La OTAN ya no se limita a la defensa de los aliados, sino que ha emprendido operaciones militares en Bosnia, Kosovo y Afganistán y ha extendido su influencia a las antiguas repúblicas soviéticas de Asia central. La UE, por su parte, tiene competencias en política exterior y defensa y también desarrolla operaciones militares y políticas de envergadura (Bosnia, Kosovo, Macedonia, Congo, Somalia).

Además de estas cuestiones políticas y militares clásicas, hay otros tres factores que refuerzan el interés de Bruselas por parte de los servicios de espionaje extranjeros: la presencia en Bélgica de centros tecnológicos de uso espacial y militar, el papel del país como retaguardia del terrorismo internacional y las nutridas comunidades inmigrantes turcas, marroquíes y de África central, muy activas políticamente y que son vigiladas de cerca por los gobiernos de sus países de origen.

"En los últimos 20 años Bélgica ha desempeñado un papel importante en el terrorismo internacional. Es un país pequeño, del que es fácil huir, con una elevada comunidad inmigrante musulmana", señala Clerix. "El primer manual de Jihad en la UE fue publicado en Bélgica, los asesinos del líder rebelde afgano Ahmad Sha Massoud tenían pasaporte belga y quienes realizaron los atentados de Madrid tuvieron vínculos con Bélgica", recuerda Clerix.

China es uno de los nuevos actores más activos en el tablero del espionaje en Bélgica, con un interés muy marcado en la obtención de informaciones científicas y tecnológicas, pero vigilando también la cuestión tibetana, los opositores políticos y el movimiento Falun Gong. Asimismo, China es un especialista en utilizar sus estudiantes para obtener informaciones sensibles, pero no el único, asegura Clerix.

Los estudiantes extranjeros, que se cuentan por miles en Bélgica, también sirven para realizar un seguimiento y control de las actividades políticas de la población inmigrante joven por parte de las autoridades de los países de origen.

El control y vigilancia de las poblaciones inmigrantes por parte de los gobiernos de sus respectivos países se realiza asimismo en Bélgica a través de asociaciones culturales y sociales promovidas por esas autoridades nacionales para enmarcar y tener localizadas a esas personas, encauzar sus opiniones políticas y frenar actividades perjudiciales para sus respectivos regímenes.

Al margen del espionaje norteamericano a las transacciones bancarias mundiales a través de la empresa Switf --que continúa pese al escándalo que levantó--, el caso reciente más importante de espionaje se produjo en el Consejo de Ministros de la UE de forma continuada durante ocho años hasta su detección en el 2003.

Un conjunto de cinco cajas instaladas durante la construcción del edificio permitía interceptar las conversaciones telefónicas de las delegaciones nacionales de España, Francia, Alemania, Italia, Gran Bretaña y Austria.

Fuentes diplomáticas responsabilizaron a Israel de ese sistema sofisticado de escuchas, pero nadie se atrevió a formular una acusación pública oficial y los investigadores belgas recibieron instrucciones de no profundizar demasiado en el caso, según fuentes próximas al caso.

El sector privado también es víctima reiterada de los espías. En los últimos años, por ejemplo, nueve empresas del parque tecnológico de Lieja ha sido victima del robo de discos duros y ordenadores con datos técnicos clave mientras que los ladrones desestimaron la sustracción de material muchísimo más valioso.

Además de los servicios oficiales de espionaje, también operan en Bélgica compañías privadas dedicadas a la obtención de información sensible, a la infiltración en organizaciones no gubernamentales y a la elaboración de dossiers por encargo.

Entre otras, han operado en el país Wacken Hut, Hakluyt, Control Risk Group, Risk Crisis Analyses y más recientemente el European Strategic Intelligence and Security Center (ESISC), creado por el periodista Claude Moniquet, de quien se asegura que colabora para los servicios de información franceses e israelíes.

La actividad de los servicios secretos de los países aliados y de Israel es tolerada por parte de las autoridades belgas. Por el contrario, el Gobierno se muestra mucho más puntilloso con los agentes de otros países, como lo demostró la reciente expulsión de varios agentes marroquíes por haber ido demasiado lejos en la presión sobre residentes de origen marroquí y por no haber informado previamente a sus colegas belgas.

Con 56.000 diplomáticos, 15.000 lobbystas, 1.200 periodistas y miles de interpretes lingüísticos y estudiantes extranjeros, Bruselas es la plaza ideal para ejercer la que es conocida como segunda profesión más vieja del mundo y es el lugar donde es más fácil estar en contacto con un espía sin saberlo.

 

 

(Una versión mucho más corta se publicó en El Periódico el 26 de mayo de 2009)


 

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