Bélgica condena sin pruebas

Bélgica no sólo se está descomponiendo, sino que parece haber retrocedido al oscurantismo medieval en materia judicial al condenar por asesinato a una persona a 30 años de cárcel sin la más mínima prueba material de inculpación.

El jurado popular del Tribunal Penal de Limbourg (Flandes) consideró que las elucubraciones, hipótesis y suposiciones presentadas por la policía, la fiscalía y la acusación particular eran suficientes para considerar culpable de asesinato a Els Clottemans, una joven institutriz de 26 años, a la que se acusaba de haber saboteado mortalmente el paracaídas de su amiga y rival sentimental Els Van Doren.

A nadie pareció importarle que no hubiera la más mínima prueba material, testigo, ni confesión, que sustentara ese guión de novela policial. Sin inmutarse por esa minucia de la ausencia de pruebas inculpatorias, el Tribunal de Limbourg condenó el pasado 21 de octubre a 30 años de prisión a Els Clottemans. 

El jurado, hábilmente manipulado por la fiscalía y la acusación particular, consideró que Els Cottemans saboteó en algún momento entre el 5 de noviembre y el 18 de noviembre el paracaídas de su amiga, con la que compartía amante, a pesar de que hubo otras personas que durante esos 13 días pudieron tener acceso al paracaídas.

El amante de Els Van Doren y Els Clottemans, el monitor de paracaidismo Marcel Somers, y el marido traicionado durante años por la víctima, Jan De Wilde, también ex paracaidista, fueron descartados casi automáticamente como sospechosos por la policía, que se concentró en Els Clottemans, sin buscar ninguna otra pista.

"No tenemos ninguna prueba material, es un hecho", reconoció en el alegato final el fiscal de caso, Patrick Boyen, para luego confundir al jurado con un falso sofisma manipulador: "¿Deberíamos liberar a los ladrones por el simple hecho de no haber encontrado el destornillador que utilizaron? ¿Deberíamos liberar a los violadores porque no hemos encontrado el preservativo con su ADN?".

El abogado de la acusación particular (y del marido traicionado), Jef Vermassen, también insistió en que "no está indicado en ninguna parte en las leyes que son necesarias las pruebas materiales" para emitir una condena.

Ante la falta de pruebas contra la acusada, tanto la fiscalía como la acusación particular insistieron una y otra vez que Els Clottemans demostrara su inocencia, cuando en la justicia democrática es la culpabilidad la que debe demostrarse y no la inocencia.

Els Clottemas, una persona frágil emocionalmente y sin conexiones influyentes, constituía la candidata ideal para una mascarada de justicia que tranquilizara a la opinión pública.

Resulta preocupante que, salvo un puñado de ciudadanos, en Bélgica a nadie parezca importarle en lo más mínimo que se puedan emitir condenas judiciales sin pruebas, ni a los partidos, ni a las instituciones, ni a la magistratura.

Una vez más, seguramente le corresponderá al Tribunal de Derechos Humanos del Consejo de Europea en Estrasburgo (Francia) corregir este despropósito judicial, con un nuevo varapalo a la Administración judicial y policial belga, como ya viene siendo habitual. 

 
Imagen de eOliveras

Comentarios

Enviar un comentario nuevo

El contenido de este campo se mantiene como privado.
CAPTCHA
La siguiente pregunta es para prevenir el spam automático en los envíos.
Image CAPTCHA
Copy the characters (respecting upper/lower case) from the image.