Recicla que algo queda... incrustado para siempre

El reciclaje se inventó con la necesidad, y decae con la abundancia. Hoy, a nosotros, que andamos sobrados de casi todo -pese a que muchos no disponen de casi nada- nos cuesta hasta reciclar, pero en la Edad Media, ¿para qué iban a fabricar nuevas columnas para una iglesia si se disponía de las que habían confeccionado los romanos para un templo ocho siglos antes? Eso es Santa María de los Arcos, en Tricio (La Rioja, España), una basílica tan ecléctica como sorprendente, o Saint Just de Valcabrère, en el sur de Francia, en cuyas paredes se incrusta literalmente su pasado romano.

Ambas zonas se encuentran encima de antiguas ciudades romanas de esplendoroso pasado. Hay muchos lugares en los que la gente vive literalmente encima de su Historia, y constantemente huellas de ésta afloran a la superficie como para recordarnos que antes de nosotros ya hubo quien pisó y vivió en aquellas tierras, y que el tiempo nada sabe de posesiones ni de riquezas. Lo que antes fue patrimonio, honor, gloria o simplemente recuerdo de alguien, hoy son restos enterrados en la tierra… esperando a ser recuperados por los hijos de los hijos de quien sabe cuántas generaciones de hijos… porque en Tricio y Saint Bertrand de Comminges se dice que en casi cada casa hay algún objeto encontrado aleatoriamente durante años entre sus campos.

Así me lo contaron en Tricio, pero ya a finales del siglo XIX Federico Baraibar referenciaba cómo al menos desde 1850 los estudiosos habían localizado diversas lápidas funerarias reutilizadas como bancos o incrustadas en las fachadas de las casas o en los muros de las huertas:

 

“En el término de Trício encontraban diariamente sus vecinos, según el P. Anguiano (Compendio Historial de la Rioja), vestigios de casas muy suntuosas, columnas de piedra blanca, cañerías y pavimentos mosaicos. Govantes (Die. geográfico hist. de la Rioja. TRÍCIO) habla del hallazgo de monedas romanas. El P. Naval, en nuestros días, ha recogido allí muchas estampillas de cerámica”

 

Entrar en aquellas casas debe ser hoy una delicia, pero si nos está vedado, no sucede así con la basílica que se yergue abajo, a dos kilómetros del núcleo urbano. Santa María de los Arcos es una sorprendente iglesia de origen incierto, tal vez paleocristiano, visigótico o románico (siglos V-X), aunque asentada sobre restos romanos. Sebastián Andrés Valero, del equipo que realizó la excavación en los años ochenta, explicaba entonces que “se aprovechó como cabecera un mausoleo funerario anfipróstilo dístilo romano, existente en el lugar, cuyas cuatro columnas se desmontaron y reutilizaron como elemento sustentante de la nave central, separada de las laterales por medio de arcos realizados en piedra toba, dentro de la tradición riojana del siglo X, siendo los arcos adjuntos a la cabecera de tradición visigótica”. La experiencia de presenciar el resultado es, cuando menos, desconcertante.

A la vista de esa nave, uno se imagina desmontados aquellos grandes tambores de columnas romanas, amontonados en un desorden que hizo imposible después su reconstrucción en la forma original. Seguramente no fue el caso, pero paradójicamente el resultado nos acerca a algunos conceptos del arte contemporáneo... Y no son sólo esas columnas, de origen romano también hay capiteles, arcos, lápidas, mosaicos o sarcófagos. Para completar, se encuentran pinturas románicas de finales del siglo XIII.

Tricio, la Grande en época romana según se lee en la geografía de Ptolomeo y en el Itinerario de Antonino, acabó bajo tierra. Hoy Tricio es un pueblo pequeño, cerca de Nájera.

Valcabrère, a la sombra de Comminges

Sant Just de Valcabrère es otro milagro de este reciclaje a través de los tiempos. Construida entre los siglos XI y XIII, esta basílica se eleva encima de un cementerio pagano y paleocristiano, y cerca de la antigua Lugdunum Convenarum que fundara Pompeyo (la actual comuna francesa de Saint Bertrand de Comminges, no muy lejos de la Vall d'Aran catalana). Fragmentos de sarcófagos y frisos encastados en las paredes tanto interiores como exteriores, columnas o capiteles de origen romano llaman enseguida la atención del visitante de esta edificación aislada entre campos pero cercana a la soberbia catedral de Saint Bertrand de Comminges.

También aquí una cierta tosquedad en la reutilización de esos elementos nos produce una sensación de limitación o de descuido de aquellos que conectaron el pasado con su realidad y nuestro presente por medio de la mezcla de materiales. Un cierto desasosiego estético confirma que nuestro concepto estético se aleja de las necesidades y las carencias cotidianas de aquellos que construyeron hace casi mil años.

 Buen ejemplo de ello es un fragmento labrado y encastrado boca abajo que muestra la imagen de un bárbaro en cautividad, un escudo decorado con el rostro de una Gorgona, rodeado de trofeos, cascos, armas, tridentes, estandartes… Pero hay bastantes más diseminados por el interior y el exterior del templo, que se supone albergó durante la Edad Media las reliquias de los santos Justo y Pastor, tal vez las mismas que aparecieron en 1885 dentro de dos pequeñas urnas de cristal en el interior de un capitel hueco, junto al acta de consagración del altar, de finales del siglo XII.

Patrimonio mundial de la Unesco desde el 2009 por estar en la parte francesa del Camino de Santiago, es de aquellos templos con una impronta propia, que lo distingue de los demás, como Tricio, o como la casa del párroco en Vid (Croacia) que ya comenté en otra entrada.
 

Enlaces:

Más fotografías de Saint Just de Valcabrère

Página oficial de la localidad de Comminges, apartado dedicado a Saint Just de Valcabrère

Más información de Santa María de los Arcos, en Tricio

Las excavaciones de 1983 en Santa María de los Arcos, en Tricio, por su autor

Imagen de eGil

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