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Matsuo Basho, Senda hacia tierras hondas

El poeta japonés Matsuo Basho emprendió en 1689 el cuarto de sus cinco viajes poético-espirituales por las entonces poco transitadas tierras al norte de Edo (Tokio). Más de dos mil kilómetros a pie que plasmó en un inmortal diario, Senda hacia tierras hondas. El viaje de Basho nos acerca a la experiencia sosegada del vagabundeo en un recorrido que todavía hoy realizan muchas personas. <>

 

La obrita del maestro indiscutible del estilo japonés de poesía haiku transmite la calma y un sentido del viaje que nos enseña lo mucho que puede obtenerse de esta experiencia y de la vida. Su lectura agradabilísima les aseguro que amansa a las fieras en un día de estrés, y una lectura cotejando dos (o más) ediciones que nos proponen diferentes alternativas de traducción se convierte en una placentera experiencia personal.

Matsuo Basho (1644-1694) nació en Ueno, a unos 100 kilómetros al sur de Kioto, en una familia de la clase samurai al servicio del daimio (señor feudal) de la zona. A los 22 años huyó a Kioto ante la negativa de éste de permitirle abandonar el servicio de la casa. Tanto antes como después de la huida estudió poesía y literatura japonesa y china. En Kioto, además, obtuvo un empleo en el Servicio de Aguas. A los 36 años se trasladó a vivir a una pequeña choza al lado del río Sumida y plantó allí un platanero (basho) que le sirvió de seudónimo pues en realidad se llamaba Kinkasu. Dos años después se convirtió al budismo zen.

El budismo considera el universo impermanente y todo él interrelacionado. Su salvación consiste en conseguir el nirvana o iluminación y abandonar la rueda de sufrimientos (en forma de reencarnaciones) de esta vida. El nirvana no es saber la verdad sino estar en ella. Se requiere un maestro, que no enseña la verdad sino que ayuda a encontrarla, no dice lo que hay que hacer, sino lo que no se debe hacer. Idea específica del zen (adaptación del budismo hecha en Japón a partir de la hecha anteriormente en China por la escuela Chan) es que la única vía al nirvana es la meditación. Pero que gran espíritu el de Basho cuando a los dos años de su conversión cayó en la cuenta de que la meditación no tenía porqué ser obligatoriamente entre las cuatro paredes de su choza y decidió lanzarse a viajar. En los 10 años de vida que le quedaban realizó cinco viajes. Murió durante el quinto, antes escribió este haiku:

De viaje enfermo
 mis sueños van vagando
  por un erial

 

El cuarto viaje
El viaje que nos ocupa aquí y que inmortalizó en el conocido diario poético de viaje es el cuarto de la serie, realizado junto a Sora, su discípulo en materia literaria. El viajar de Basho no es un viaje corriente, tampoco es un peregrinaje puesto que el peregrino tiene una meta concreta. El caminar de Basho es vagabundeo, pero va más allá del viajar a la ventura y también es distinto del tipo de viaje que tiene como objetivo la conquista de una cima. El poético vagabundear que Basho ejemplifica es placentero -aunque no exento de riesgos y quebrantos-, hecho sin propósito especial pero disciplinado y metódico. Allá por donde pasa, visita los lugares conocidos por sus asociaciones históricas, religiosas o estéticas, y se permite ser inspirado por el trabajo de poetas anteriores. Así recorre el paisaje vedado a la mayoría ya que a las dificultades propias del desplazamiento hace 250 años, se unía la necesidad de disponer de permiso para recorrer el Japón de los Tokugawa. Basho recorre caminos; cruza ríos; sube montañas; atraviesa pasos a menudo en condiciones difíciles; visita templos, castillos y ruinas; contempla paisajes que antes otros han alabado y cantado...

Para Basho, llegar por primera vez a un lugar del que tiene referencias le permite tras conocerlo personalmente generar una imagen (un poema, una historia) de lo que es. Son viajes no sólo literales, como los hacen otros viajeros, sino también metafóricos, como los hacen los poetas. Escribió el propio Basho en otro de sus diarios que "el espíritu poético, el espíritu que empuja a alguien a seguir las vías del universo y a convertirse en amigo de los sucesos de las estaciones" es la marca de pureza del gran arte. Arte bajo los paradigmas estéticos del Japón (y por extensión de Asia Oriental). En una de sus entradas de Senda hacia tierras hondas se lee:

 "Subiendo el monte, a unos veinte cho (dos kilómetros) de distancia hay una cascada. Se despeña desde lo alto de una cueva, cayendo unos cien pies a un abismo de mil rocas, lleno de verdor. Me refugié en la oquedad y miré el panorama desde detrás de la cascada, comprendiendo  por qué se le llama cascada de Urami (Ver desde detrás).

Me quedo un rato
 detrás de la cascada.
   Entra el verano."

A veces, entre las penalidades del viaje, queda algún recodo para el sentido del humor. Aquí, han tenido que alojarse en la más que humilde casa o refugio de un guardia de fronteras:
 

"Durante tres días se desató un temporal de viento y lluvia, por lo que no tuvimos más remedio que permanecer encerrados en aquel lugar montaraz.

Pulgas, piojos,
 meando los caballos...
  ¡Vaya almohada!"

El haiku
El diario de viaje de Basho está escrito en prosa poética en la que frecuentemente se intercalan sus haikus y los de su compañero de viaje Sora. Basho, el iniciador y maestro del género, definía el haiku con una sencilla frase: "haiku es lo que sucede aquí y ahora". Su simplicidad sin duda está influida por el budismo zen, aunque por supuesto no es necesario profesarlo para poder escribirlos. Si añadimos algo que los japoneses ya saben, que debe expresarse en 17 sílabas distribuidas preferentemente en tres versos de cinco, siete y cinco sílabas respectivamente, no hace falta decir nada más. En todo caso, hacer un haiku es facil, hacer uno bueno es muy difícil. De los dos mil haikus que se conservan de Basho hay poetas y críticos que juzgan de valor entre un 5 y un 20 por ciento...

El haiku más famoso del mundo lo escribió por supuesto Basho. Este ejemplo, teniendo al lado la definición del propio Basho que transcribía en el parrafo anterior, explica muchas cosas del género. El poemita surgió un día en que el maestro de zen de Basho le visitó en su choza en compañía de varios poetas y le preguntó cual era el camino de Buda (la vía al nirvana). En ese momento se zambulló una rana y Basho improvisó como respuesta:

Se zambulle una rana,
ruido del agua.

El maestro comprendió que Basho había alcanzado el nirvana. Faltaba un verso y los presentes le pidieron que completará el poema. Algunos incluso sugirieron posibilidades para un primer verso: Ocaso oscuro, En soledad, Unas mosquetas... Pero el maestro dijo: Un viejo estanque. Y el poema quedó así:

Un viejo estanque.
  Se zambulle una rana,
   ruido del agua.

Es la contemplación sosegada y el disfrute sin más de lo que nos rodea. Participar del universo, ser parte de la verdad. En Senda hacia tierras hondas, a mi me gustan dos especialmente. Éste es el primero:

¡El seis de julio!
 Noche que no consiente
  comparación

Y también este otro:

Hoy el rocío
 borrará la divisa
  de mi sombrero

 

De las traducciones al español
Traducir tanto el japonés como el chino es tarea compleja y siempre abierta a nuevas interpretaciones pues son idiomas en los que el género (masculino o femenino), el número (singular o plural) o el tiempo verbal están muchas veces sobreentendidos, o se dejan a la interpretación del lector. Además, en lenguaje poético se suprimen muchas palabras y muchos caracteres permiten más de un significado. En la práctica, las opciones de traducción son variadas y van desde los matices hasta verdaderas alternativas de significado. Sin ir más lejos, el título del libro que nos ocupa (Oku no hosomichi) ha sido traducido en idiomas occidentales como Senda de Oku, Sendas de Oku, Senda hacia el norte hondo, Senda hacia tierras hondas, Senda a través de las provincias, Caminos perdidos hacia pueblos lejanos, Senda del fin del mundo, Sendas al final del más allá... En este caso hosomichi significa senda, el problema es Oku, toponímico que además puede significar fondo, lo hondo. Hay que escoger, y no sólo con lo que pone el diccionario sino también con qué espíritu el autor quiso decir lo que dijo... Las primeras que he anotado suelen ser en este caso las más utilizadas.

En castellano hay varias traducciones de la obra de Basho. La más conocida tal vez sea la que hizo Octavio Paz en 1957 en colaboración con el hispanista y diplomático japonés Hayashiya Eikichi (puesto que él no sabía japonés) para la Universidad de México. En 1993 el profesor Antonio Cabezas realizó una nueva versión para la editorial Hiperión. Cabezas, afincado en Japón desde hace décadas, es un heterodoxo de la difusión de la literatura japonesa y sus libros y traducciones son cuando menos curiosos de leer por su forma desenfadada de escribir y los conceptos en los que basa sus traducciones (¡ampliamente defendidos en sus propios textos sobre literatura japonesa!). En todo caso, tanto la de Paz como la de Cabezas es posible encontrarlas actualmente puesto que han sido reeditadas, y aún hay alguna más.

Hacer una lectura con dos o más traducciones (por ejemplo, una comprada y el resto obtenidas en préstamo de las bibliotecas) es un curioso ejercicio que permite observar por cual de las opciones se decidió el traductor, y además permite acceder a un mayor número de notas a pie de página que para los menos versados en temas del Japón clarifican mucho mejor el texto y permiten un mayor disfrute. En este sentido, la obra es breve y no exige demasiado esfuerzo.

Sobre la ruta en la actualidad, National Geographic realizó un reportaje en su número de febrero de 2008, firmado por Howard Norman y con fotos de Michael Yamashita.

 

EDITADO EN JUNIO 2014: En estos últimos años han aparecido varias traducciones más de la obra de Basho, así como de algunas otras de sus obras o incluso antologías. Una simple búsqueda en el catálogo de la librería Altair servirá de muestra.

 

BIBLIOGRAFÍA

Edición utilizada:

- BASHO, M. (2007). Senda hacia tierras hondas (Senda de Oku). Madrid: Hiperión (col. Poesía Hiperión, 210, 4ª edición)

Fuentes:

- CABEZAS, A. (1990). La literatura japonesa. Madrid: Hiperion

- CABEZAS, A. (2007). "Introducción". En: BASHO, M. (2007). Senda hacia tierras hondas (Senda de Oku). Madrid: Hiperión (col. Poesía Hiperión, 210, 4ª edición)

- HEYD, T. (2003). "Basho and the aesthetics of wandering: recuperating space, recognizing place, and following the ways of the universe". Philosophy East and West, vol. 53, n. 3, pp. 291-307

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