Estar, ver, oir, compartir, pensar: el legado de Kapusckinski el viajero

Todo el mundo se pregunta si con la muerte del polaco Ryszard Kapusckinski (1932-2007) desapareció el último periodista, el último periodista comprometido y riguroso, se entiende. Como periodista en ejercicio, creo que ha desaparecido un virtuoso de la palabra al que echamos de menos. Sus viajes por el mundo simplemente explicando lo que veía de una forma lo más honesta posible son un legado que debería ser de obligatoria lectura en las facultades de comunicación. Kapusckinski trabajó en muchos lugares, pero probablemente será recordado por sus crónicas de la descolonización africana.

Con los libros de Ryszard Kapusckinski nos desplazamos en el espacio y en el tiempo, pero no es la actualidad lo que se busca, es la experiencia, lo que hay debajo de lo actual, la base de los enfrentamientos entre hutus y tutsis que nos sobrecogen de tanto en tanto, o de la cara más miserable de Africa que hunde sus raíces en la descolonización. "Todo recuerdo es el presente" -reza una cita de Novalis en el inicio de su obra Viajes con Herodoto (2004). Sin duda, pero explicar el pasado real no es explicar batallas personales al estilo del abuelo, es hacer literatura a partir del periodismo y eso, créanme, pocos lo consiguen.


Del periodista polaco yo siempre recomiendo una de sus obras más conocidas, Ébano, un brillante recorrido por el alba de los procesos descolonizadores de África, en los años cincuenta y sesenta, y también por el inicio de los problemas que luego han eclipsado la estrella de casi todo el continente. Aún hoy, leyéndolo, se pueden llegar a entender muchas cosas, pese a que describa paisajes y personas que prácticamente ya han desaparecido. Pero además, la atmósfera que recrea no tiene desperdicio. Desde la anécdota de la cobra que aparece bajo su camastro de una choza abandonada nada más recostarse y a la que tienen que aplastar improvisando con sus propias manos y la ayuda de un bidón de gasolina, a la picardía del modesto periodista de la agencia oficial polaca que estando en el lugar oportuno y en el momento indicado consigue la exclusiva del golpe de estado de turno. Es ya un libro de historia, pero también un libro de viajes.

Viajar con Heródoto
Como también lo es su Viajes con Heródoto, una inteligente obra de múltiples facetas en la que las vicisitudes narradas en la Historia del autor griego sirven a Kapusckinski para hilvanar sus propias memorias, pero también para recorrer de nuevo escenarios y tiempos vividos, para hermanar épocas alejadas por más de dos mil años, para unir al protoreportero Heródoto con el (¿último?) de sus seguidores aventajados. Por sus páginas Kapusckinski se va transformando del inexperto joven que aspira a salir de su país para ver mundo con la excusa del periodismo y no entiende casi nada de sus primeros destinos (la India recién independizada, la China del Mao que empieza a hacer de las suyas con su política "de las cien flores") al cada vez más experimentado reportero que acumulará andanzas por Egipto, Sudán, el Irán de la revolución de Jomeini, Etiopía, Tanzania, Senegal o la Argelia del golpe de Estado contra Ben Bella.

También aquí el viaje se llena de hechos inesperados o insólitos, como la relación que estableció con su chofer en Etiopía, Negusi, con quien sólo compartía dos palabras en inglés, problem y no problem, que eran suficientes bien para meter el miedo en el cuerpo, o bien para respirar tranquilo, pero también para visitar el país de Haile Selassie, al que luego retrataría en su obra El emperador.

Pero estas lecciones de su vida, el maestro polaco las entreteje con las historias que dejó escritas Heródoto de Halicarnaso en sus nueve libros -uno por cada Musa- hace 2500 años y que la redactora jefe del diario para el que trabajaba en Polonia le puso en sus manos justo antes de partir hacia su primer destino como corresponsal en el extranjero, en 1955. El primer conflicto de civilizaciones entre Persia (oriente) y Grecia (occidente) parece ya toda una premonición, o al menos una tentación para un polaco que conoció tanto de su época como supo o intuyó el griego respecto de su tiempo.

No se lo pierdan. Ya (casi) no se hace periodismo de este calibre (con lo fácil que suena su consejo a los jóvenes periodistas: "Estar, ver, oir, compartir, pensar"), y leer una de sus obras es como hacer un viaje junto a alguien a quien nunca se le acaban las anécdotas. Un curso de verano dedicado a Kapuscinski de la Asociación de Periodistas Europeos en la Universidad Complutense de El Escorial me ha traído a la memoria al periodista viajero cuyo legado bien vale el recuerdo.  
 

Especial sobre Kapuscinski en su diario de siempre, La Gazeta Wiborcza (en polaco)

 

EDITADO EN ENERO DE 2011:

Hace unos meses el periodista polaco Artur Domoslaswski publicó una biografía póstuma de su maestro y amigo Kapuscinski. No era una biografía amable, más bien al contrario, ya que entre otras cosas dejaba a las claras que no todo lo que explicó eran hechos reales al cien por cien. Bien, pese a todo el mismo Domoslawski lo justifica argumentando que Kapuscinski "sabía que parte de la literatura son los mitos y leyendas, y que el imaginario del mundo intelectual está repleto de estos sobre escritores. Él se esforzó para fabricar este mito sobre él mismo. Llamar a eso 'mentira' incluye un juicio moral que no comparto. La palabra 'fabulación' es más justa. Kapuscinski mismo usaba la expresión 'intensificar la realidad' para contar lo esencial sobre ella".

En todo caso, deben mirarse sus escritos desde el doble ámbito del reportaje y la creación literaria. Como el autor de esta biografía comenta, una de las grandes contribuciones de Kapuscinski fue elevar ese género periodístico al nivel de la gran literatura. Comparto sus argumentos.

Entrevista a Artur Domoslaswski, autor de la controvertida biografíade Kapuscinski, en El País

Imagen de eGil

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