Pico Lenin, campo base, se buscan valientes

Nunca imaginé que pisaría el campamento base de una de esas grandes montañas con las que sueñan los alpinistas, pero la cosa se puso a tiro y... llegué al punto de salida en la ascensión al pico Lenin, de 7134 metros, situado en la frontera entre Kirguizistán y Tadjikistán. La paliza de cuatro horas de furgoneta por caminos polvorientos para ir y otras tantas para volver a nuestra yurta en Sary-Tash fue el precio por contemplar la belleza cara a cara. ¡Ojala fuera un valiente y pudiera llegar más y más arriba!

El pico Lenin, es el más alto de la Cresta de Zaalay, que pertenece a la cordillera del Pamir y está situada entre Kirguizistán y Tadjikistán (no muy lejos tampoco de la frontera con la RP China). Es uno de los cinco picos de más de siete mil metros de la antigua Unión Soviética y el tercero más alto, por detrás del Comunismo (7495m.) y el Pobeda (7439m.). Se descubrió en 1871 y la primera ascensión se consiguió en 1928. Está considerado un pico sin demasiada dificultad técnica para coronarlo y un buen entrenamiento para aspirar a metas mayores, aunque algunos especialistas también claman contra el exceso de confianza ante una ascensión más dura de lo que otros dicen, y aconsejan estar en un perfecto estado de forma física para afrontarla.


Hoy en día, el Lenin es uno de esos picos que muchas agencias especializadas de turismo de montaña ofrecen en sus paquetes. La verdad es que llegar a pie de la montaña, en verano, no tiene mucha dificultad. La mitad del camino de aproximación se realiza por una pequeña y descuidada carretera. En realidad es un gran rodeo en busca del único puente en muchos kilómetros que cruza el río y que, por cierto, en su actual versión data tan solo de 2004. Un rodeo con la cima del Lenin siempre visible a nuestra izquierda.

El resto de la travesía transcurre por caminos polvorientos que cruzan grandes llanuras hasta llegar a las primeras estribaciones de la cordillera para después ascender poco a poco hasta los 3600 metros de altitud en que se encuentra situado el campamento. En este tramo, los campamentos de nómadas de temporada al cuidado de sus rebaños de caballos o yaks, y las cada vez más numerosas marmotas nos acompañarán para dulcificar un poco el ya cansino traqueteo de nuestras modestas furgonetas, que ni siquiera son todoterrenos.
 

Un caudaloso arroyo, que crece a medida que el sol va fundiendo la nieve allá arriba a lo largo del día, sirve de frontera para acceder a la zona. Allí, para los no acostumbrados, la respiración es dificultosa y cualquier esfuerzo exige el doble de desgaste si no se ha hecho la correspondiente aclimatación. Por fortuna para todos, la enorme pradera que aloja el campamento base dispone de todo lo básico para una estancia agradable. Las distintas agencias que tienen la ascensión entre su oferta deportiva tienen allí instalada una infraestructura propia o bien aprovechan la que ofrecen otros, y no faltan desde alojamiento hasta electricidad, comida y bebida o transporte.


Pero lo más impresionante es estar rodeado de montañas con nieve perpetua de cinco mil metros de altura en adelante. El Lenin, esa cima con forma de pirámide asimétrica, saca su pico una cabeza por encima de los demás (al menos en la perspectiva desde la distancia), pero por lo demás, a ojos del profano, cualquiera de aquellas elevaciones supone un gigante infranqueable. Tres kilómetros más arriba del campamento base se encuentra la punta del glaciar que marca el verdadero inicio de la ascensión.

No siempre acabó bien
Tres tragedias marcan la historia del siete mil más asequible de todos. La primera en 1937 cuando un pequeño avión que transportaba material se estrelló en una de las aristas y su piloto, que pereció, da hoy nombre a una de las vías de acceso a la cumbre. La segunda, en 1974, cuando un huracán azotó la cota 7000 justo cuando un equipo femenino soviético intentaba conquistar la cima. El viento destruyó sus tiendas y acabó con las fuerzas de todas ellas en una dramática secuencia de acontecimientos con un aparato de radio como testigo. Sus cuerpos fueron recuperados un año después. Por último, en 1990 un terremoto provocó un gran alud que sepultó el campo 2, situado a 5300 metros de altitud. Murieron 43 personas y sólo hubo dos supervivientes. Hasta el 2008 no pudieron recuperarse la mayoría de los cuerpos.


A la vuelta, las marmotas parecen escuchar la llamada del atardecer y ya se las puede observar sin demasiada dificultad. Nuestros chóferes kirguises pararán en una de las yurtas de nómadas para comprar su leche de yak fermentada. Transcurridas 12 horas desde nuestra partida, de las que ocho han sido de circulación en furgoneta, regresamos a nuestra yurta en Sary-Tash. Kirguizistán es un país tan hermoso como Suiza, pero inestable políticamente tal y como se ha demostrado recientemente. Si alguna vez pasas cerca y las circunstancias lo permiten, no te lo pierdas, y no pierdas la oportunidad de tener el cielo tan puro y tan cerca.

 

Imagen de eGil

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