El día que volé en un YAK-40 (2ª parte, bayonetas en Fergana)

Cuando llegamos al aeropuerto de Andijan, tras un plácido vuelo en un viejo (cacharro) Yak 40 ex soviético que expliqué en la primera parte, nos encontramos con la otra realidad de Uzbekistán: la situación del valle de Fergana. Soldados armados cuyas metralletas lucían las bayonetas caladas en un aeropuerto relativamente pequeño y desierto. De allí, nos echaron amablemente a la calle y nos hicieron esperar las maletas... en la acera.

Todo Uzbekistán vive controlado por el ejército o la policía, no en vano cada veinte o treinta kilómetros recorridos es usual encontrarse con una control que filtra los vehículos, y a menudo los conductores deben mostrar su generosidad para evitarse problemas. El valle de Fergana, con su pasado tumultuoso, no iba a quedar al margen del control gubernamental. Al contrario, el aeropuerto tomado sería la muestra más fehaciente de lo que allí se vive. Esperar las maletas en la calle tras no permitírsenos nada más que atravesar la sala de espera del aeropuerto habla bien a las claras de las ajustadas opciones que se le permiten al turista. Es cierto que mis días en el valle de Fergana fueron realmente plácidos, tanto en la parte de Uzbekistán como en la de Kirguizistán, aunque siempre nos sentimos vigilados...

Zona en disputa durante siglos entre árabes, turcos y chinos, llegaría a ser el núcleo de un kanato independiente en el siglo XVIII. En el siglo XIX, sin embargo, cayó bajo el dominio de Rusia, pese a ser un importante teatro de revueltas contra la dominación. Con el advenimiento de la URSS, en Moscú aplicaron la táctica de dividir para vencer y el territorio del valle de Fergana, en una de esas decisiones que sufren los pueblos y tienen consecuencias durante demasiado tiempo, quedó dividido entre las entonces repúblicas soviéticas y ahora países independientes de Uzbekistán, Kirguizistán y Tayikistán. En realidad, el valle sigue habitado por una mayoría de uzbecos (sobre el 80%) partidos por tres fronteras sin ninguna lógica geográfica.

El presidente Islam Karimov se mantiene en el poder desde la independencia. Aunque en teoría Uzbekistan tiene elecciones multipartidistas, en la práctica es una república presidencialista en la que Karimov controla por todos los medios y artimañas a su alcance a la oposición, y son relativamente habituales las detenciones y los juicios por motivos políticos contra miembros de la oposición, en especial también contra determinadas organizaciones musulmanas a las que se acusa de fundamentalistas. A mediados de 1998 la organización Vigilancia de los Derechos Humanos (Human Right Watch) con sede en Londres, publicó un informe muy crítico con los métodos utilizados por la policía uzbeka durante las investigaciones criminales. La Organización Independiente de Derechos Humanos de Uzbekistán calificó a las acusaciones de "invención".

 

Conflictos étnicos
Uzbekistán había sufrido conflictos étnicos, como las demás repúblicas soviéticas, antes de la disolución de la URSS, y los ha seguido sufriendo después. En junio de 1989 se habían producido violentos enfrentamientos nacionalistas entre uzbekos y la minoría turca mesjeta, con un saldo de 50 muertos y más de 500 heridos, en el valle de Fergana. A mediados de los 90 se desarrollaron nuevas tensiones étnicas con enfrentamientos en Osh, la parte del valle en territorio de Kirguistán (de mayoría uzbeka). Se cerraron las fronteras en prevención de que más de 15.000 ciudadanos uzbekos armados se reunieran con los uzbekos de Kirguistán y el presidente Karimov decretó el estado de emergencia en la región de Andizán, fronteriza con Osh.

El juicio de 23 hombres de negocios acusados por su vinculación a un grupo islamista Akramiyya, fue el desencadenante el 13 de mayo de 2005 del levantamiento de Andiyán, en el que una multitud ocupó el ayuntamiento, y un grupo de rebeldes asaltaron una guarnición, una comisaría de policía y una prisión de la que liberan a cerca de 600 presos. El ejército disparó contra la multitud y recuperó el control del ayuntamiento. Tras la huida de miles de personas hacia Karasu, el Gobierno de Kirguizistán cerró sus fronteras con Uzbekistán.

Aunque las autoridades uzbekas cifraron en 187 el número de muertos durante la revuelta y posterior represión militar, la oposición y las organizaciones de derechos humanos hablaron de más de 800 víctimas, en su mayoría civiles. El 12 de julio, la misión de la ONU encargada de investigar los abusos de los derechos humanos cometidos durante la represión de civiles en Andiyán, concluyó que se habían cometido graves violaciones. Meses después la UE suspendió la vigencia del Tratado de Asociación y Cooperación con Uzbekistán y le impuso un embargo en la venta de armas por el excesivo e indiscriminado uso de la fuerza en Andiyán, así como restricciones sobre los visados, embargo que debido a los importantes recursos energéticos del país no ha durado mucho. En 2006 el presidente Karimov destituyó al gobernador de Andiyán, Saydullo Begaliev, responsabilizándole de los incidentes ocurridos en 2005 y de los agravios a la población, pero reiteró la posición oficial de que lo ocurrido en Andiyán había sido organizado por grupos extremistas internacionales con el objetivo de desestabilizar el país.
   
Fronteras peligrosas y coches de lujo
La relaciones entre las repúblicas ex soviéticas de Asia central, además, no son todo lo fluidas que podría suponer su anterior estatus bajo el paraguas de la URSS. Desde finales de los años noventa los incidentes fronterizos con Kirguizistán y Tayikistán son habituales, con ataques, disparos, muertos y presencia militar reforzada. El último se produjo en mayo de 2009 cuando Uzbekistán cerró la frontera con Kirguizistán tras un enfrentamiento entre policías y un grupo armado en la ciudad de Janabad, situada en la zona limítrofe. Además, el ejército uzbeko estableció puestos de control adicionales en todas las carreteras que unían Uzbekistán con Kirguizistán y emplazó en ellos carros blindados. Además, el país ha sufrido también diversos ataques terroristas en los últimos años y las fronteras, por la cercanía de Afganistán al sur y por los problemas en general con el resto de los países vecinos, son peligrosas de transitar fuera de los circuitos trazados. Entre los problemas de las fronteras se incluye el contrabando que está haciendo ricos a muchísimos uzbecos de Kirguizistan. Es curioso observar como tras atravesar la frontera y dejar atrás el modesto y poco variado parque automovilístico de Uzbekistán (están obligados a comprar los coches que se fabrican en el país), uno se cruza en Kirguizistán con la mayor densidad de coches de lujo de Asia central. Nuestra nueva guía no se esconde al explicar que son fruto del contrabando de armas y drogas.

Marc Morte, en el libro en el que habla de su viaje por la Ruta de la Seda explica que en el valle de Fergana sufrieron la visita de dos policias y un intérprete en su habitación del hotel, en Margilan, interesándose por el control de todas sus actividades. Mi periplo por el valle de Fergana fue más tranquilo y no tuvo ningún incidente en particular, pero nuestro guía se mostró muy vigilante de nuestros movimientos durante todo el tiempo, y en nuestro vehículo se montó una segunda persona que oficialmente se nos presentó como un segundo conductor, pero que teniendo en cuenta los cortos desplazamientos en el valle comprendimos que simplemente se trataba de algún funcionario encargado de nuestro control. Por lo demás, la gente del valle, como en el resto del país, se muestra sorprendida y amable con el turista, y los más jóvenes muestran su deseo de practicar el idioma inglés. Pese a todo, el Ministerio de Asuntos Exteriores español sigue desaconsejando el viaje a la zona, en especial al valle de Fergana.

 

Aquí, una visión de los problemas de Uzbekistan, por el profesor Sean Roberts, de la universidad George Washington (EEUU), incluyendo los problemas de Fergana (video en inglés).

Imagen de eGil

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