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Las no islas (continuación)

LAS NO ISLAS (V). ABRID LOS OJOS
Hay islas que, aunque existen, apenas se las puede distinguir en un mar ligeramente rizado. En la costa occidental de Australia se hallan las islas Abrolhos. El nombre se lo dio el marino holandés Frederick de Houtman en 1629 y pretendía advertir a todo el que navegara por aquellas latitudes de la presencia de accidentes geográficos casi imperceptibles. El nombre Abrolhos venía dado de la palabra portuguesa abrolhos (abrid los ojos), que se empleaba para designar agrupaciones de islotes, escollos y arrecifes difíciles de detectar y que podían hacer naufragar las embarcaciones. Existen famosos abrolhos como el archipiélago Tuamoutú, en el Pacífico, o los bajíos Abrolhos frente a las costas de Brasil.

También la tierra era esquiva a los navegantes en forma de espejismos. El Comandante John Byron, tío de Lord Byron (el cual inspiró su famoso poema El Corsario), describió cómo entre Río de Janeiro y Puerto Deseado avistaron tierra. En el horizonte surgieron unas montañas azuladas y, al no figurar en su carta de navegación, se dirigieron hacia ellas excitados por un posible descubrimiento (de hecho esa era su misión encomendada por el Rey Jorge III). A medida que se acercaban podían distinguir como el mar rompía en una costa de arena. Siguieron navegando rumbo a ella, pero como no lograban llegar, se dio orden de sondear el fondo marino para evitar una colisión. Súbitamente, tal como avistaban tierra, ésta desapareció frente a sus ojos. Admirado por el fenómeno óptico Byron lo atribuyó a la intensa bruma reinante en esas latitudes.


LAS NO ISLAS (VI). ISLAS ASIÁTICAS
El explorador ruso de origen polaco Nikolai Przewalski, quien en el siglo XIX daría nombre a una raza de caballos mongoles, conversó con un lama en una expedición al Tíbet, el cual le habló de Shambhala, una isla paradisíaca ubicada en el mar del norte. “El oro abundaba en ella, el maíz crecía hasta alturas inusitadas y se desconocía la pobreza” le dijo. Cuando el lama preguntó al forastero ruso si sabía dónde se hallaba esa isla tan rica, éste respondió con ironía que debía tratarse de Inglaterra.

En el libro de Dayan se explica que, “donde ahora no se encuentran más que lagos saldos y desiertos desnudos y desolados”, existía antes un vasto mar interior en Asia Central, en el cual se hallaba una isla de incomparable belleza.

A principios del siglo XX el origen de los arios y las razas venidas desde el corazón de Asia había dado lugar a todo un elenco de sociedades a cual más estrambótica: teosofistas, nazis y völkisch -sus predecesores de las teorías raciales-, los seguidores de la Teoría del Hielo Mundial, que explicaban el origen del mundo mediante el choque de las fuerzas de frío y calor etc. Y entre todo este potaje seudo científico se hallaba la Sociedad Thule, una logia antisemita relacionada con el incipiente partido nazi que creían descender de la isla de Thule, cuna de la raza germánica. Ésta era una isla desaparecida que había estado ubicada ceca del Polo Norte.


LAS NO ISLAS (VII). LA GRAN OLA DEL MAR DEL NORTE
Se dice que las islas Scilly y el Mont Saint Michel son los únicos restos visibles de un paraje de leyenda. Yonesse, Logoris, Logoris o Lugdunensis era una tierra mítica que supuestamente se encontraba en el extremo de Cornualles, Inglaterra. Allí nació el rey Arturo y tenía fama de ser un lugar de gran riqueza. Cuando el rey y su corte se vieron amenazados se refugiaron ahí y el mar se lo tragó para ocultarlos de sus enemigos. Desde entonces los pescadores de la zona dicen que en ocasiones pueden entrever en el fondo marino la silueta de un castillo almenado.

Al otro lado del Canal de La Mancha se contaba una leyenda similar. Cerca de Cancale, Francia, los pescadores decían haber visto en el fondo del mar los restos de las murallas de la ciudad de Ys. Según la leyenda ésta desapareció cuando el océano inundó las tierras comprendidas entre las islas Chausey y el Mont Saint Michel. De hecho existen numerosas crónicas de la época de Carlo Magno en que se afirma que hubo una ola descomunal que engulló poblaciones enteras y dio a las costas del Canal de La Mancha sus contornos actuales. En ellas se dice que el agua cubrió el bosque de Scissey y una amplia extensión de tierras bajas entre la desembocadura del Couesnon y la bahía de Saint-Brieuc. Aunque estos restos no parecen ser los de la legendaria ciudad de Ys, sí que es verdad que en tiempos de los romanos existió allí una ciudad. Se sabe por la red viaria romana que caía más o menos donde se halla la bahía de Douarnenez. Todavía hoy, en los días de buen tiempo, se pueden distinguir en algunos lugares las piedras que la bordean, y en la bajamar, aparece una aglomeración de piedras y pequeños muros.
Siguiendo con este fenómeno se dice que durante incesantes asaltos, el mar royó el litoral de Cotentin e invadió la llanura que se hallaba en el emplazamiento del golfo de Saint-Malo. Un documento del s.VI afirma que en esa época la isla de Jersey estaba unida a tierra firme. El obispo de Coutances, el antiguo campamento romano de Constancia, obligó a los habitantes de la aldea, hoy desaparecida, a reparar la calzada que franqueaba el brazo de mar que separaba Jersey de la costa normanda.

Unos mil años después de la desaparición de Ys y otros puertos bretones, el litoral Alemán también sufrió el efecto de grandes olas. Esta gran masa de agua se abalanzó sobre tierra firme el día de todos los santos de 1304 cubriendo una gran franja costera en las inmediaciones de la desembocadura del río Oder, un pedazo de tierra conocido como Rüden, que se prolongaba hasta la isla del mismo nombre y barrió también el noroeste de la isla de Usedom, donde el Peene desemboca en el Báltico. También hubo otra ola gigantesca el 16 de enero de 1362, conocida como Marcelo, que fue la más devastadora que se conoce, engullendo unas treinta poblaciones de diversos tamaños. Abrió brechas en la costa Frisia y el 11 de octubre de 1634 otra ola gigante partió en cuatro trozos la isla de Nordstrand.
 

Imagen de dFernandez-Castro

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