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DE BALLENAS Y OVNIS

El curioso caso de James Bartley, acontecido en 1891, suscitó una peculiar controversia porque, debido a lo extraordinario del suceso se hacía difícil de creer.
Todo comenzó cuando este marinero, enrolado como aprendiz en su primer viaje en el ballenero Star of the East, fue engullido por una ballena cerca de las islas Malvinas. Al parecer la experiencia fue similar a un parto, pero a la inversa. Entró con los pies por delante y acabó como un nonato en algo parecido a un útero. Su cuerpo se había abierto paso suavemente, como el cuchillo entre la mantequilla, a través de los pliegues del estómago del cetáceo. Su destino final fue una especie de buche en el que cabía cómodamente, incluso se podía estar de pie, y donde compartía estancia con otros peces que habían corrido la misma suerte que él. Todo ello deducido a oscuras, palpando en aquel lugar oscuro y fétido. La falta de oxígeno y la enviciada atmósfera, de un calor asfixiante, le hicieron perder el conocimiento.
Transcurridas unas horas la ballena fue presa, a su vez, del propio ballenero de Bartley, que ignoraba que su camarada desparecido estaba a unos metros de grasa de ellos. Caía el sol cuando se inició el despiece del animal y no se concluyó hasta el día siguiente. Al alba se reiniciaron las labores, y al llegar hasta el vientre, un descomunal bulto llamó la atención de los marineros. Pensando hallar un tiburón o algún pez de gran tamaño lo rajaron y, ante su sorpresa, como salido de un armario, cayó desplomado su compañero. Estaba sin sentido, demacrado (por los jugos gástrico según se especuló) pero respiraba débilmente.
Tras tres meses inconsciente, Bartley recobró el sentido y pudo llevar una vida casi normal. Nunca recuperaría su tono de piel y vería con alguna dificultad.

El caso se hizo tremendamente popular y se publicaron numerosas noticias, informes y relatos de supuestos testigos de aquel fenomenal caso. Podríamos decir que el tema adquirió las mismas dimensiones que los avistamientos de OVNIS en la actualidad, con sus fervorosos partidarios y sus detractores.
Del lado de los primeros los hubo incluso prestigiosos. En 1914, Monsieur de Parville, director científico del Journal des Débas, repasó la documentación existente y llegó a la conclusión de que el caso había sido médicamente posible. Hubo otros muchos que lo calificaron de lo que hoy día llamaríamos leyenda urbana, aunque en aquellos tiempos sería más exacto calificarlo como leyenda del mar. Entre los detractores figura la propia mujer del capitán del Star of the East, Ms Killam, que ante las dimensiones que estaba tomando la historia, se vio en la obligación de desmentirla mediante una carta aparecida en 1907 en el diario The Expository Times, donde la calificaba de fábula de marineros.
Bartley, siempre según la leyenda, no volvió a navegar nunca más y se instaló en Gloucester, su ciudad natal, donde trabajaría como zapatero remendón. Murió en 1909 y en su tumba se podía leer el epitafio: “James Bartley 1870-1909. Un Jonás moderno”; y es que este caso llevaba implícita una polémica que se remontaba hasta los orígenes del hombre. Dar credibilidad a esta historia equivalía a poner un cimiento más en la demostración de que existía un ser superior, creador de todo lo que nos rodea. Si Bartley sobrevivió a la dieta de la ballena, no era si no una prueba más de que la historia de Jonás era verídica y...“Y la Biblia tenía razón”, tal y como un entusiasta creacionista tituló su libro.
 

Imagen de dFernandez-Castro

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