Caballero Casanova

Decir que Giacomo Casanova dejó a más de una dama en un apuro no es novedoso, pero que acudiese a socorrer a una dama en apuros; señores, eso sí es noticia.
Andrea Memmo, noble veneciano cuya familia había dado varios dogos y que podía remontarse hasta los fundadores de La Serenísima, vivió un apasionado romance con Giustiniana Wynne, una anglo-italiana perteneciente a la baja nobleza. Y lo de “apasionado romance” no es un convencionalismo. Su relación era imposible -el tribunal de sangre nunca lo habría aprobado-, y cuando la presión social aconsejó que la joven abandonase Venecia, dieron paso a una intensa e impresionante colección de encendidas cartas.
Y aquí es cuando Casanova tuvo ocasión de portarse como un caballero. Recién llegada Giustiniana a París, y cuando parecía que iba a concertar un buen matrimonio, la joven descubrió que estaba embarazada de Memmo y acudió a su viejo amigo veneciano que también se hallaba en la capital. De hecho Casanova ya la había intentado seducir en el pasado, pero la firmeza de la Wynne respecto a sus sentimientos por Memmo lo hizo desistir. Casanova se hizo cargo de su atribulada compatriota y concertó una desastrosa cita con una abortista, la cual no sólo no logró su objetivo si no que encima los denunció. Tuvo que ser la marquesa de Urfé, su excéntrica benefactora y gran apasionada del ocultismo, la que le puso sobre la pista del aroma philosophorum. El aroph, como se le conocía comúnmente, ya era citado por el médico y alquimista Paracelso como un eficaz abortivo. Su ingrediente básico es el azafrán en polvo, que se creía provocaba la menstruación; el cual había que mezclar con pasta de miel y mirra. Tan sosa fórmula le pareció a Casanova insuficiente, y cuando comentó el remedio a su amiga añadió “semen recién eyaculado” (parece que no podía desaprovechar la ocasión de dejar su marca) y, como él era el único varón que sabía su secreto, Giustiniana dio su aprobación al disparatado plan (hay que decir que ya estaba curada de espantos, pues Memmo le incluía también sus “poluciones” en sus cartas en una muestra de cibersexo avant la lettre).
Obviamente el experimento no dio resultado y Giustinana se recluyó en un convento, dio su hijo secreto en adopción, y acabaría casándose con un noble alemán. En cuanto a Casanova debe reconocérsele la generosidad de acudir en auxilio de su amiga y arriesgarse a ser procesado por prácticas abortivas.
 

Imagen de dFernandez-Castro

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