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¡Derrotados!

El 2 de febrero de 1943 Boris, un niño ruso evacuado del cerco de Leningrado, conoce la victoria del ejército rojo en la batalla de Stalingrado. Era el principio del fin. El mariscal de campo Friedrich W.E. Paulus firmará la rendición del VI ejército del que tan sólo regresarán a Alemania 6.000 de los 90.000 soldados prisioneros.
Derrotado Paulus será recluido en un sanatorio de Ozera, en la región de Leningrado, de donde no saldrá hasta 1953 para regresar a su hogar, ahora la República Democrática Alemana, donde morirá cuatro años después.
Con el tiempo el joven Boris se había convertido en un hombre brillante, amante de la literatura y con un talento singular para el ajedrez. Su nombre completo era Boris Spassky, y en 1969 acaba de proclamarse brillante campeón del mundo. Lo había logrado tras un agotador proceso de torneos clasificatorios, rondas preliminares y eliminatorias. Spassky llegaba así a la élite y ahora debía defender su corona; y lo iba a hacer contra alguien imprevisible, famoso por sus excentricidades y del que se dudaba hasta de su salud mental. Su contrincante iba a ser un chico larguirucho de Brooklin, aficionado a los cómics, la música soul y miembro de la Iglesia Mundial de Dios que vaticinaba el apocalipsis. Era Bobby Fisher. En sus fases clasificatorias había arramblando por delante con toda la guardia rusa de Grandes Maestros que llevaban décadas propiciando finales y campeones soviéticos. Había llegado a encadenar veinte victorias consecutivas, algunas tan humillantes como la que obtuvo frente a Mark Taimanov por un parcial de 6-0. Las autoridades soviéticas digirieron tan mal esa derrota que prohibieron a Taimanov ofrecer recitales públicos de piano, su otra gran pasión.
A medida que la final del mundial se aproximaba, Spassky parecía más nervioso. En plena guerra fría la presión de ser el primer soviético que podía ceder la corona a un estadounidense era insoportable, por no hablar de la pérdida de privilegios: cobraba 200 rublos más que un ministro y había obtenido un amplio apartamento sin tener que sufrir las listas de espera.
Peleado con casi todo el mundo, Spassky rompió con sus más íntimos colaboradores y hasta el presidente de la Federación de Ajedrez de la Unión Soviética, percibiendo el desastre inminente, dimitió. Las autoridades decidieron intervenir en la deriva de su campeón y crearon para él un programa de preparación que incluía analistas, entrenadores y psicólogos.
Y justo antes de celebrarse la final del mundial en Reikiavik se concentraron en un sanatorio en Ozera; el mismo que 19 años antes había acogido a Paulus. Mientras tanto Fisher se ejercitaba por su cuenta, de manera desordenada y caótica, y raras veces se dejaba asesorar por un reducido grupo de entrenadores; el más peculiar de ellos un tejano llamado Ken “Top Hat” Smith, maestro de ajedrez y jugador profesional de póquer, siempre tocado con un sombrero del que se decía fue hallado en el Teatro Ford de Washington la noche en que asesinaron a Abraham Lincoln.
A principios de julio de 1972 Spassky partió del sanatorio de Ozera para perder su título mundial frente a Fisher. Se sumaría así a la lista de vencidos en la que Paulus había ingresado hacía ya tiempo.
Ya lo dijo Maria Gostrey en Los embajadores de Henry James:
“¡Si conociera los sueños de mi juventud! Pero son nuestras realidades las que nos han reunido. Somos compañeros de armas derrotados.”
 

Imagen de dFernandez-Castro

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