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Un mundo paralelo

La sensación de que el mundo no está quieto. El incesante movimiento de los árboles, las piedras, las casas, la vida…

   No es lo mismo que ver nubes bajo tus pies, o estar tan arriba de tu realidad, que todo es silencio, extraña quietud. Y no hablas con nadie, porque la vida se ha parado. Y no se reanudará hasta que recojas tu maleta (eso si tienes suerte de que no te la pierdan).
   No, no es lo mismo; porque, quizás inconscientemente, o no, en TREN te muestras mas abierto a las relaciones con los demás……
“LONDRES: Un matrimonio británico, Lo de Jonathan y Jacqueline Roberts, deciden comprar los asientos del tren donde se conocieron en 1996”
“Los padres de J.K. Rowling se conocieron en la estación King Cross, de Londres, en 1963”, ¿adivinas en que anden?, si, existe, y ha dado para mucho…
 
    Por eso decidí embarcarme en esta aventura de conocer Europa en InterRail; para notar como todo iba cambiando como en una película, por la ventana, a veces, cámara rápida, dentro del TREN, es otra historia… o muchas.
No quería ver un mundo blanco, sino verde, azul, rojo...; para que el viaje empiece cuando subes, y no termine cuando bajas, ya que solo un recorrido en esta serpiente de sensaciones puede hacer que hables del trayecto durante semanas, meses, quizás años, o incluso que tengas algo que contar a tus nietos…
Para que en cada estación subieran distintos compañeros de viaje, que dejan de ser extraños porque teneis algo en común, algo incomparable. Nunca he visto miradas de complicidad entre dos pasajeros de un avión.          

   Desde Portugal a Finlandia, desde Grecia o Turquía, hasta Noruega. Ningún político, ni la unificación cultural (económica) que pretenden vendernos, puede hacerme sentir tan en conexión con Europa como InterRail, como un tren dentro del cual, todos los que compartimos el viaje ya estamos unidos y es el mundo de fuera el  que parece extraño, como UN MUNDO PARALELO.
Pasar por la cuna del Gran Alejandro, en Macedonia, pionero en la unificación de civilizaciones, en la expansión y mestizaje de culturas, y luego, Polonia, o Alemania, tan castigadas por lideres sumamente opuestos a esta ideología, no deja de ser una ironía ganada al tiempo.        

   Necesitaba saber que había algo más, que la vida no ocurre y transcurre entre las cuatro costas de mi país, que existía algo diferente…y me puse rumbo a Noruega. Simplemente, porque nunca lo había pensado.
Si bien nunca me ha gustado viajar sola, es una manera muy diferente de hacerlo; es una forma de supervivencia. Era el viaje que necesitaba para mí, y no me equivoqué, en cuanto a lo que aprendí. Como una segunda oportunidad, breve, pero única para empezar, comparar, conocer, y reconocer.
Hacia calor esa mañana en Madrid, era perfecto para la metamorfosis que quería en mi vida.
Nada mas partir, me fijé en una pareja que había a mi lado. No hablaban entre ellos, alguna palabra intranscendental, a veces; miraban al frente….pero…ella sonrió en París; él bajó la mirada en Londres; le cogió la mano en Austria, pasando por Berlín se miraron; y en Normans Bay, fueron los últimos en bajar…

Sin duda, el verdadero viaje, ocurre a bordo del tren.
 
Mari Luz Parra Ferrándiz

 

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