Europa: Nápoles / 4.06.2011 / 4207 km

¡Míralo!, ¡ahí está!, ¡es él!, el ciclista perfecto. Se mueve con la naturalidad de un pez en el agua. El corazón le late deprisa, respira profundamente, aprieta con fuerza los puños del manillar, los poros de su piel comienzan a sudar, pedalea a un ritmo veloz, el aire golpea su rostro.



No es ajeno al peligro. Mira fijamente adelante y, atento, escucha los sonidos de la ciudad. Viaja por la jungla, Nápoles. Se desliza suavemente entre los coches que invaden el asfalto. Se ha acostumbrado a las maniobras bruscas de “la machina” (coche en italiano) y a la mala leche de los taxistas.



Los pitidos se han convertido en un ruido más de fondo, mientras él se concentra en sus pensamientos. Baja el Corso Umberto I hasta la Stazione centrale tan rápido como una moto y sabe quién manda en Vía Toledo, uno de los lugares más peligrosos de la ciudad.



Con el brazo extendido y la mano abierta, en silencio, para a los coches que se le aproximan demasiado. He llegado a pensar que  tenía poderes. Es él, Francesco Langella, el ciclista napolitano.


Tandem-Nostrum
http://vimeo.com/67007624

Imagen de miviaje

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