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La emoción de un “momento chicha”

Como ya sabemos, una emoción consiste en una alteración del ánimo intensa y pasajera que experimentamos de forma agradable o penosa, y que viene acompañada de cambios orgánicos.
Viajar se convirtió, hace ya tiempo, en esa alteración del ánimo intensa -afortunadamente en la mayoría de los casos agradable- que cambia mi percepción del mundo continuamente. Los viajes aportan más vivencias de un sólo golpe que muchos años de cotidianidad. La manera de sentir nuestro planeta es distinta cuando te sumerges en costumbres diferentes a las conocidas.
En Perú, país al que tengo mucho cariño, emplean una curiosa señal para indicar la “presencia” en el hogar de una chicha acabada de hacer: un trapo rojo cuelga rudimentariamente sujetado en el exterior de la vivienda. La chicha es una bebida alcohólica a base de maíz, elaborada artesanalmente por las mujeres de la comunidad –dicen que es fermentada con la saliva- y que no se encuentra en ningún establecimiento. Los quechuas, aymaras y moches ya la utilizaban en sus ceremonias, así que esta bebida ancestral, con saliva humana o no, ¡yo debía probarla!.
Quien quiera degustar esta bebida debe ir a la casa de la chichera (la mujer que la ha elaborado) y sentarse en su comedor para tomarla cómodamente, mientras las gallinas de la familia picotean por el suelo de la única estancia que hace funciones de chichería y hogar. Este espacio presenta paredes de adobe, algunas de ellas tiznadas de hollín por la lumbre situada en una esquina.
Esta es una de las emociones a las que se queda expuesto el viajero cuando sale de su casa con la mente más o menos abierta y con tan sólo un billete de avión.
Aquel “momento chicha” no hubiera sido posible sin la colaboración de un honrado taxista, que nos acompañó a cinco extranjeros durante todo el día en nuestras diferentes visitas por el Valle Sagrado de los Incas. Fue él quien contestó a todas las preguntas de mi insaciable curiosidad y que las guías de viaje no me podían responder. Buscó el trapo rojo e interceptó en quechua (la lengua de los antiguos mayas) a una diminuta mujer ataviada con vestimenta típica: una colorida camisa y una falda de fieltro de color negro y con mucho vuelo. Aquella mujer que me pareció trabajadora, inquieta y amable, nos invitó con una amplia sonrisa a entrar en su íntimo mundo. Pudimos por un instante ver una realidad a la que no tenemos costumbre de prestar atención.
Salí con el ánimo intensamente alterado; quién sabe si por la vivencia o por la cantidad de chicha ;) y aquella emoción perdura cada vez que viene a mi memoria tan grata experiencia.





Comentarios
Este artículo me ha hecho revivir mi viaje a Perú. Me ha traído recuerdos y emociones: la manera de vivir tradicional que aun perdura en muchas de sus poblaciones, la dulzura de sus lugareños y, cómo no, el sabor único de la chicha!
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