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Estambul, Capital Europea

Después de ocho años de mi última visita he vuelto a pisar la maravillosa ciudad de Estambul. El tiempo ha pasado por esta ciudad con la misma sabiduría que lo ha hecho conmigo. La metrópoli se ve más luminosa, más abierta al mundo: es mucho más europea que asiática. Estos años la han hecho más cosmopolita, merecedora del título de capital europea del año 2010; una magnífica anfitriona para representar nuestro viejo continente. Una Europa que debería abrirse a Oriente con el corazón y la esperanza, igual que han hecho muchos estambulitas.

Estambul ha renovado su parque de automóviles; atrás quedan los viejos dolmus oxidados y los taxis apedazados. El tráfico es abundante pero silencioso; no utilizan el claxon a diestro y siniestro, lo que para sus habitantes es de agradecer. Las calles están limpias; todo en perfecto orden de revista. El mar huele a sal y el aire a kebab; las mujeres tanto visten a la europea con la última colección española de Mango, como con el pañuelo o türban (que en España se conoce más como hiyab) o en completo Çarsar, una túnica negra que cubre todo el cuerpo. Los estambulitas en su mayoría han dejado de utilizar túnicas y se lanzan con sus camisetas y bufandas a animar a sus equipos de fútbol en los alrededores del estadio horas antes de que comience el partido.

Desde mi punto de vista la Estambul que conocí ha crecido; y aunque me alegra que haya seguido su propio camino, siento cierta añoranza por la vieja Estambul. Aquella donde sonaban las cinco llamadas a la oración diarias, la del cielo gris y atmósfera llena de niebla del mes de Diciembre y que encharcaba el suelo en Eminönü, mientras devorábamos un bocadillo de caballa al lado del barco de pescadores.

 

Aunque sus maravillas siguen inalterables e incluso están siendo restauradas, podemos disfrutar de la contemplación de mezquitas y palacios como la famosa Mezquita Azul, que requiere una minuciosa observación cuando el sol entra a través de las vidrieras multicolores y su interior se convierte en un espectáculo precioso. La Süleymaniye Camii domina majestuosamente el Cuerno de Oro, mientras que en el mundialmente conocido Topkapi Sarayi es posible revivir el esplendor del Imperio Otomano, imaginándose uno mismo en un harén de las mil y una noches.

Un poco menos conocido es el fastuoso Palacio de Dolmabahçe; sus estancias hacen gala de los caprichos más disparatados de sus propietarios. Y... ¿qué me decís del Kapaliçarşi, el Gran Bazar? uno de los más famosos bazares del mundo, un inmenso laberinto con más de 4.000 tiendas, casas de té, caravasares y talleres. En Aya Sofya Müzesi sus cuarenta ventanas iluminan los preciosos mosaicos de su interior. Tampoco os debéis perder las vistas del Puente del Bósforo y la joya de Ortaköy Camii, una de las mezquitas más encantadoras y mágicas de Estambul. Resultaría imperdonable perderse estas maravillas, símbolo de la unión de Oriente y Occidente.

 

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