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El baile de las pipas

 Cuando el curso del río Noguera del Tor se ensancha, aparece la población de Barruera, situada a 1.096 metros de altitud. Es la capital del Valle de Boí que tenía poco más de doscientos habitantes en el año 2008. Su patrón es Sant Feliu y la Fiesta Mayor se celebra el 1 de agosto.

 Rodeada de pastos y picos que rozan los 3.000 metros de altitud, Barruera es el centro administrativo del Valle, también es donde parece haberse desarrollado algo más la actividad comercial. En su centro histórico se conservan caserones de origen medieval y la estructura típica de villa cerrada de la época: consistente en una sola calle con los muros de las casas haciendo de muralla.

 Desde tiempos remotos -hay testigos que sitúan la celebración entre los años 1850 y 1936- el acto más importante que se celebraba en Barruera, era la representación del Via Crucis que se celebraba en Semana Santa.

 Pero personalmente lo que más me llama la atención es una antigua costumbre popular que se festejaba hace mucho, mucho tiempo, tanto que la gente del lugar ni lo recuerda. Por los pueblos del Valle de Boí, entre ellos Barruera, había un baile donde las mujeres sacaban a bailar a los hombres. Las solteras salían a bailar a la Plaza Mayor fumando unas pipas construidas con barro y provistas de largas boquillas de caña. La explicación me hace recordar a las pipas que utilizan actualmente los obreros de las plantaciones de palmeras datileras en Túnez. En ellas fuman un peculiar tabaco “de palmera” ¡quién inventó la actual diversidad de culturas, debería repasar las de la Edad Media! es sorprendente.

 Pero volvamos a nuestra historia; estas mujeres presumían por todo el cercado del baile fumando con su propia pipa. Me las imagino vestidas con largas faldas y alguna que otra enagua, con un par de alpargatas y una camisa blanca, apedazadas y cosidas. Ropajes que se ensanchaban y se ceñían con el pasar de los años. Cuando las solteras decidían buscar una pareja para bailar, se colgaban la pipa de un corchete del jubón y se dirigían al bailarín escogido y le ofrecían un pañuelo. Si se lo quedaba era señal que la tomaba como pareja de baile y si lo rehusaba, la mujer volvía a fumar su pipa y a deambular por el baile para hacer una nueva elección de pareja. ¡Valor y al toro!

 Si el hombre aceptaba bailar la mujer compartía su pipa con él, que daba unas cuantas pipadas. En el fondo, este “intercambio de saliva” tiene una gran similitud con la costumbre de algunos pueblos franceses que antiguamente sellaban el matrimonio, escupiéndose en la boca de ambos prometidos. ¿Y qué me decís del ofrecimiento de la pipa? ¿no os parece similar al gesto de hospitalidad, de amistad y confianza, que practicaban algunos pueblos de Oriente o los antiguos indios americanos?

 Lazos culturales que han traspasado continentes: América, África y Europa, para un baile hoy tristemente desaparecido, de mujeres dueñas de elegir pareja de baile y compañero de vida.

 

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