Clasificado en:

Bangkok 1996 (I parte)

Embarcamos a las 13:40 con destinación Bangkok “la ciudad de los ciruelos silvestres”, pero antes de llegar a nuestro destino hacemos escala en Bahrein, un archipiélago ubicado cerca de Arabia Saudí y el país más pequeño del Golfo Pérsico. Paseamos por el “duty-free” más grande del mundo rodeados de hombres armados y jeques con maletines negros. Una vez el vuelo chárter de Air Europa ha cargado combustible, volvemos a despegar. A través de las ventanas vemos las ciudades iluminadas del “reino de los dos mares” como desaparecen en la oscuridad. Cuando pisamos suelo tailandés llevamos 14 horas de viaje incómodo, largo y molesto.

Adelantamos el reloj seis horas de golpe y de repente son las cinco de la tarde y hace más de veinticuatro horas que abandonamos Barcelona. Nos sentimos un poco estafados como si nos hubieran hecho perder un día de vacaciones. El cansancio tampoco ayuda al buen humor y la falta de horas de sueño enturbia la llegada. Nuestro grupo llena medio autocar que poco a poco van quedando instalados en los diferentes hoteles, lo que nos da la oportunidad de ver la ciudad y comprobar el caos circulatorio y el tráfico denso y ruidoso.

Nos gustan las primeras impresiones; paradas de comida en la calle, el colorido y el aroma que embriagan los sentidos, la vida agitada de la población que pasea junto a una gran diversidad de monumentos construidos con millones de flores. La ciudad está toda engalanada con motivo de la celebración de la entronización de su monarca: Phra Chaoyuhua Bhumibol Adulyadej.

Hileras de monjes vestidos con túnicas naranjas aparecen y desaparecen por arte de magia en las esquinas y plazas. Su ir y venir, es a una velocidad distinta al resto de personas con las que se cruzan y con esa imagen perenne en la memoria, llegamos al Hotel Mandarin. Su decoración fastuosa hacen que sus cuatro estrellas brillen como un hotel de siete. Los porteros con uniforme, el botones con su traje rojo con botones dorados, luce perfecto e inmaculado.

Tras un pequeño refrigerio salimos a cenar al restaurante Baan Thai ubicado en Sukhumvit Road 32. Está bellamente decorado al estilo tradicional, con madera de teca, velas y orquídeas en la mesa. Un escenario al final del comedor sirve para deleitarnos con música en vivo, durante todo el tiempo que dura la comida. Bellas danzas interpretadas por bailarinas vestidas con trajes brillantes que nos transportan a la antigua Tailandia, cuando las danzas interpretaban la lucha entre el bien y el mal. Los movimientos sensuales de los brazos y las manos engalanadas con largas uñas doradas, fijan nuestra atención, así como los adornos de la cabeza y las coloridas máscaras.

El espectáculo nos hace olvidar el sueño pendiente y después de cenar nos acercamos hasta Patpong; el mercado nocturno al aire libre de Bangkok, donde es posible encontrar desde un Rolex de imitación hasta un bolso de Chanel, pasando por jerséis de Lacoste y un centenar más de productos. La condición básica es el regateo y si se llega a un acuerdo, el vendedor acariciará con tus billetes los artículos de su parada para atraer las ventas. Tras las diferentes paradas de Patpong se sitúan los locales donde también se vende sexo y espectáculos de Muay Thai (boxeo tailandés) y locales de apuestas. ¡Cuidado con vuestros bahts! Aunque el cambio parezca favorable (un baht equivalía a 5 pesetas en 1996) podríais perder mucho dinero ;)

Imagen de aEscriche

Comentarios

Enviar un comentario nuevo

El contenido de este campo se mantiene como privado.
CAPTCHA
La siguiente pregunta es para prevenir el spam automático en los envíos.
Image CAPTCHA
Copy the characters (respecting upper/lower case) from the image.