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Aproximación a las tribus de Malasia

Desconozco las millas de distancia que recorrí remontando el río Lemanak en la región de Sarawak Borneo (Malasia). Utilicé para ello una embarcación típica de madera, de poca profundidad y muy alargada. Sé que dejé Kuching por la mañana y viajé en coche por carretera, hasta casi la hora de comer, en dirección al interior de la Selva de Borneo. Llegué al embarcadero donde comenzaría la esperada excursión fluvial. Sobre la rudimentaria embarcación me adentré por más de cuatro horas de viaje hasta llegar a la longhouse (casa larga) de la comunidad Ngemah, en territorio de los indios Iban.

Aquí disfruté de ancestrales costumbres, vistosas danzas y un estilo de vida acorde con la naturaleza. La visita a uno de estos poblados significa el encuentro con un mundo lleno de tabúes, aunque extrañamente seductor. La oportunidad de conocer in situ a los indígenas de Borneo, es una de las mejores experiencias de un viaje a Malasia.

Como huésped se debe respetar sus costumbres, quitarse los zapatos antes de entrar en la casa y nunca rechazar el tuak, la bebida tradicional a base de arroz, a la que atribuyen propiedades estimulantes y mágicas. Si nos la ofrecen, aunque no bebamos alcohol, hay que dar por lo menos un sorbo simbólico. Antes de servir los vasos, los Iban vierten unas gotas sobre el suelo en honor de los espíritus de la vivienda. Luego, el jefe inicia una danza extraña, con las piernas encogidas en posturas increíbles, manos gesticulantes y rostro imperturbable. Observaremos que cada centímetro de su piel está tatuado con dibujos de flores y animales: ¡sin duda éste fue un gran guerrero!.

Como gesto de amistad es costumbre llevar pequeños obsequios a los que durante algunos días serán nuestros magníficos anfitriones: galletas, dulces, tabaco, cuadernos, lápices y bolígrafos, tan cotidianos para nosotros pero muy apreciados por ellos. Ver lo que dibuja un niño de cualquier tribu indígena es abrir una pequeña ventana a la realidad de su mundo. Seguramente esta experiencia marcará un antes y un después en la vida de cualquier viajero que se precie, ya que el contacto con las tribus impacta. A pesar de las pequeñas incomodidades, la belleza del paisaje, la atmósfera mágica que envuelve el no hacer nada y ser partícipe de tanto, harán que la aventura sea inolvidable en nuestra memoria.

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