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Aproximación al Rajastán (Primera parte)

Alguien dijo una vez que da igual lo que uno diga de la India; lo contrario también es verdad. La India no es sólo un viaje: es una experiencia de vida. Los olores, colores e imágenes se grabarán a fuego en nuestra memoria.

Nuestras sensaciones se mezclarán en este país tan variopinto, impregnado de un carácter único en el mundo que no deja a nadie indiferente. Un país que consigue cambiar a los que lo conocen, para bien o para mal. La India es sin duda una lección eterna; una vez dicho esto, que cada cual saque sus propias conclusiones.

Os recomiendo viajar a vuestro propio ritmo por este enorme país. La primera vez es toda una experiencia; la realidad es tan vibrante que termina por romper los esquemas de cualquiera. Una realidad que incluye atentados, descarrilamientos, inundaciones, basura (a toneladas), conflictos religiosos, férreas desigualdades, corrupción política, picaresca, abusos, miseria, abandono (de personas y entorno) y también bellezas naturales y edificios de ensueño.

Uno de los primeros viajes de inspección del país que realizan la mayoría de viajeros es Rajastán. Zambullirse en esta provincia es zambullirse en un mundo aparte, o mejor dicho, en otro mundo. Rajastán embauca los sentidos, e inevitablemente los viajeros seremos también embaucados por sus habitantes. La región del Rajastán es la región que han querido calificar como la “India romántica y fastuosa de los marajás”, aunque actualmente no sea posible encontrar nada de ello; hay que estar preparado para ese desencanto, sobre todo si no vas a pisar ningún alojamiento de calidad superior.

Rajastán es también una caja llena de sorpresas; la mejor manera de hacer saltar por los aires los prejuicios y la ignorancia que muchos occidentales tienen sobre la India en general. Aquí todo es real, y esa realidad se pegará a vuestros talones si mantenéis los ojos bien abiertos y la mente clara.

A pesar de lo que se puede vivir en un viaje mochilero al Rajastán, no os recomiendo por nada del mundo viajar introducidos en la burbuja invisible de los circuitos organizados. El autocar evita demasiado el contacto con la realidad; aleja del entorno en un seguro y aséptico aislamiento, pero estando embutidos en un grupo turístico dentro de una pecera con ruedas y aire acondicionado se cae en la desgracia de pensar que todo es hermoso. La gente no sonríe con el corazón -como muchos escritores nos venden- de pura felicidad; nada más falso: las sonrisas esconden el símbolo del dólar en los ojos. Porque en la India hay necesidades que los extranjeros parece que podamos cubrir: para los ellos somos los marajás de occidente. La sonrisa, en muchos casos, es sólo un gesto de supervivencia.

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