Una Zeta y la Difunta Correa (Aruite 2) (*)

Dallas me enviaba hace unos días esta cita de Iain Sinclair:  "Caminar es la mejor forma de explorar y explotar la ciudad; los cambios, transformaciones y claros en el casco de nubes, el movimiento de la luz en el agua. La deriva premeditada es el modo recomendado, caminando sobre tierra asfaltada en atenta ensoñación, permitiendo que la ficción de un patrón subyacente se nos revele."

Calle Dunkerque todavía en el 10º distrito. Bastante tráfico. Garuando. La calle Faubourg Poissonière es la línea divisoria entre el distrito 9º y el 10º. Trajes de boda baratos de colores chillones, trajes de ceremonia, trajes de cortejo, para damas de honor de 0 a 16 años. Ascendiendo hacia Montmartre. Apartamentos de alquiler (immeubles de rapport), una perspectiva interminable de contraventanas idénticas. Cuidado de uñas. Masajes. Relax. Ne pas frapper sur la vitrine. Una agencia de trabajo temporal. Una academia de canto (profesional y debutante). Subiendo hacia la Plaza de Amberes, hasta el bulevar Rochechouard. Los turistas se arrebullan en los abrigos y buscan la ruta de ascenso (las callejas de Briquet y de Steinkerque) hacia el Sagrado Corazón (su cúpula parece una mitra). Cruzar entonces la barrera de entrada a la Plaza de Amberes. El espacio está compartimentado: terreno deportivo, columpios, cesped, de forma que al caminante le queda apenas una banda de dos metros de ancho de tierra compactada para atravesar la llamada plaza. Es la hora del almuerzo y hay bastantes estudiantes de secundaria. Plaza anodina. Después de cruzar la avenida Trudaine y su apacible hilera de plátanos, la calle Rodier se abre al fondo, bajando ligeramente a la derecha. Si la calle Dunkerque es un cateto, la de Rodier es el otro. Y Maubeuge la hipotenusa. Psicogeometría. La misteriosa casa encajonada del nº 60. De nuevo masajes (estilo Bai) y uñas y cuidados. Baja la intensidad de la garúa, ya no empapa tanto. La calle se empina ligeramente y en el cruce con Tour d'Auvergne adquiere un aire rural, como tantos rincones de este barrio. A la izquierda queda una tienda y sello discográfico de dark metal; en la otra acera, un taller de cerámica, cabeza de indio, figuras femeninas, una Difunta Correa, pinceles, barro, luna, conchillas, estanterías abigarradas y polvorientas. La tregua de la garúa no duró demasiado y vuelve a arreciar, habrá que apretar el paso. Puerta en arco de medio punto del Hotel Corona, donde concluye la calle Rodier y se abre la plazoleta de Jose Rizal, el tagalo, confluyendo hacia la calle de Maubeuge. 

Aquí empieza el zig-zag (o una gran letra sigma, Σ ), en el corazón del 9º distrito. Momento de duda. No tomar Faubourg-Montmartre. El abuso del GPS nos vuelve estúpidos, se pierde el oriente, sobre todo ahora, en esta Zeta que forman Chateaudun-Cadet-Richer. Chateaudun una calle sin alma. Cruzo unos metros de Lafayette y ya estoy en el palo central de la zeta, la calle Cadet. Gran Oriente de Francia. En la vitrina de la librería Detrad: la Fábula de Venecia de Corto Maltés y -sorpresa- un librito belga que cuenta cómo el edificio de la logia mixta del Derecho Humano de Bruselas se convirtió en La Loge, una sala de exposiciones. (Parecía un libro para la gente de Bruselas y reaparece en la vitrina de una librería parisina.) Cercle Cadet, exclusivo club de póker. Hay que apretar el paso. Otro momento de duda, es el tercer palo de la zeta, hay que girar totalmente a la izquierda, por la calle Richer. Beth Hasofer, persiana metálica medio echada, como no queriendo llamar la atención, libros, candelabros, un sillón de ceremonias, la iluminación fluorescente es fría, prière de laisser vos sacs à l'entrée. Enfrente está יריד ספרים, yarid sefarim, feria de libros. El dependiente de la carnicería casher observa a la gente pasar. Sonríe. Y sí, esa fachada art déco en pan de oro es el Folies Bergère. La bailarina del rosetón no es Josephine Baker, sino Nikolska Lila. Por 10 euros puede uno comer en Chez Bob de Tunis: viejas fotografías de boxeadores norteafricanos, anuncio de inauguración de un sefer-ha-torah ofrecido por un paisano. Otra vez será.

Después del cruce con Faubourg Poissonière, no hay tiempo para subir hasta el cruce de Lafayette ("Convinimos en vernos al día siguiente en el bar del cruce de Lafayette y Faubourg Possonière", Nadja). Hay que seguir hasta la calle Feaubourg-Poissionière, el límite del 9º, entrando de nuevo en el 10º y mudando la calle de nombre (Petites Écuries). Si por acaso ponderó el viajero la posibilidad de ir a buscar el Pasaje Brady, deberá dejarlo para otro día. Es tarde. El tiempo se acaba. Cruzar Hauteville. A la izquierda, al fondo de Hauteville, se recorta la fachada de San Vicente de Paul. Cuero. Liquidación total. Peinados y postizos africanos. El Papi Chulo, bar español. Ya en el boulevar de Estrasburgo, comienza África. Casi no hay tráfico. Diversos grupos de 3 ó 4 africanos platicando. Quedan 12 minutos. No habrá problemas con el tren.

Aruite 2: 4.5 km - 50 minutos. Sin tiempo para detenerse.

(*) Esta es la segunda entrega de la serie "Aruite" dedicada a expediciones parisinas de unos 50 minutos de duración entre  las estaciones del Norte y del Este. Se trata cada vez de una ruta aleatoria, o dicho con las palabras de Iain Sinclair, una deriva premeditada. "Aruite" quiere decir "a pie" en japonés.

Imagen de aBarbera

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