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Iniciación (en Caleufú)
Viajar es ir al encuentro de aquello que uno ha ido construyendo en secreto: una imagen, una idea, una obsesión. El viaje no es otra cosa que un incesante movimiento hacia ese núcleo. En cierto modo, contar un viaje viene a ser la revelación de un secreto. Otra cosa es que ese secreto, por mucho que se muestre y salga a la luz, no deje de albergar una irreductible parte de sombra que resiste al relato, al análisis y a la confesión.
El viaje empieza pues mucho antes.
Con el viaje sucede algo parecido a la experiencia que cuenta Garcilaso, en clave neoplatónica, en un poema sobre el gesto de la amada:
Escrito está en mi alma vuestro gesto,
y cuanto yo escribir de vos deseo;
vos sola lo escribisteis, yo lo leo
tan solo, que aun de vos me guardo en esto.
El viajero acude a la cita del viaje con el “gesto” de cierto lugar escrito en su alma. Y esa escritura en su alma del “gesto del lugar" es tan fuerte y tan profunda que puede llegar a erigirse en barrera que le impida llegar a la cosa misma. A la Cosa. El viaje es siempre un intento redoblado de llegar a la Cosa y, a menudo, la memoria escrita de la Cosa, tal y como los que nos precedieron la han transmitido, se interpone como un mal necesario: para saber algo, hay que pasar por ella, pero sabemos que esa memoria no es la Cosa. El viaje se convierte entonces en una negociación constante entre ese velo de palabras, ese espesor de memoria y experiencia, que se interpone entre el sujeto (viajero) y la Cosa, hasta que el viajero, en el momento delicado de su experiencia se pregunta: ¿no será la Cosa, postulada desde el inicio del viaje, una proyección, un efecto del velo y del espesor? ¿No será el viaje un encuentro con el espesor de la memoria? ¿Y no será el movimiento del viaje una iniciación a ese conocimiento, a saber que al final del viaje no está la Cosa y no hay nada?
(Esta noche abundan los camiones en la ruta 3. En la radio suena una canción de Lara La: "Tengo los pies acá y la cabeza allá.")








Comentarios
Garcilaso y Benet
Sobre ese soneto de Garcilaso escribió Juan Benet en algún ensayo, tal vez en "La inspiración y el estilo". Creo recordar que elogiaba algún verso y denostaba otro, acusándolo de obligado, tópico o vulgar. Quizas criticaba el arranque ( no estoy segura, no tengo aquí ni el libro de Benet ni el soneto, pues estoy de viaje a mi vez, por eso he entrado en esta página) :" Mi alma os ha cortado a su medida" -si es que arranca así- u otro de final de estrofa: "Por hábito del alma misma os quiero". A mí todo él me resulta magnífico y me alegro de que un viajero tan metafísico lo cite, aunque sea para hablar de otra cosa que no sea su dama.
Por mi parte puedo decir que cada vez que viajo sola a algún lugar siento deseos de quedarme allí al menos una vida contemplando cómo va la cosa. O, como diría usted, la Cosa.
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