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EL SILENCIO

"Nunca rompas el silencio si no es para mejorarlo", dijo una vez el genio Ludwing van Beethoven. La palabra silencio tiene múltiples interpretaciones y aunque por definición la conocemos como ausencia de sonido o también el estar callado, su significado es versátil dependiendo de la persona y de las circunstancias.

El silencio conlleva muchas veces a una dualidad de formas ya que en ocasiones se puede escuchar, sentir, escribir e incluso percibir en una mirada.
 
Existe por ejemplo el silencio interior que se crea en uno mismo cuando la persona consigue liberarse de sus gustos y emociones, el silencio proveniente de la naturaleza que se aprecia atrapando el propio silencio en nuestro oído o también el silencio que sirve para callar una intencionalidad.

En mis viajes he descubierto que a veces es preciso perderse para empezar a escuchar y es precisamente en esos momentos en los que he experimentado dos tipos de silencios, el silencio de asombro y el silencio de vacío.

El primero se trata de aquel silencio que fluye en nuestro interior de manera espontánea al contemplar paisajes espectaculares o lugares ansiados por ver.

El silencio de asombro se crea de manera simultánea en el momento que aparece por primera vez ese lugar frente a ti.

Recuerdo por ejemplo la primera vez que divisé mientras navegaba sobre la cubierta de un peculiar barco de madera, los más de tres mil islotes situados en las aguas de la Bahía de Halong en Vietnam. La niebla se apoderaba de la bahía y de repente los islotes surgieron del mar como una aparición mágica. Fue entonces cuando los ocho turistas que íbamos en el barco quedamos perplejo y mudos durante largos minutos devorando sin cesar con nuestras miradas aquel sorprendente paisaje.

 
 
El segundo silencio de vacío es el que posee de manera innata el lugar por su propia naturaleza.

Cuando visitas un lugar así de repente te detienes unos instantes para darte cuenta sorprendentemente de no escuchar absolutamente nada y la sensación de vacío se hace incluso agradable por momentos.

Silencios así recuerdo los vividos en el desierto de Perú rodeada por un mar de arena, el silencio en la oscuridad de la isla Amantaní del lago Titi-Caca acompañada por un deslumbrante cielo estrellado o el silencio creado en mitad del pacífico sobre una lancha mientras esperábamos la salida a la superficie de una ballena jorobada.

 
En el mundo moderno en que vivimos el ruido y los sonidos se han convertido en nuestros compañeros habituales por eso hemos de saber buscar el silencio en el propio ruido, penetrar en él y saber disfrutarlo. De esta manera aprenderemos a valorar el significado del silencio en nuestra escucha interna y externa para apreciar lo que tantas veces pasa desapercibido.

"Para toda clase de males hay dos remedios; el tiempo y el silencio" (Alejandro Dumas)

Ver más: http://travelonoff.blogspot.com.es/

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