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Reencuentro

Todos los días desde que empezó mi nueva vida son iguales, llego del trabajo, abro el buzón, recojo la publicidad y sin mirarla la tiro a la papelera. Luego me estirazo unos minutos en el sofá y tras unos instantes de paz vuelvo a la rutina, me calzo las zapatillas y salgo a correr por la ciudad. Desde hace tres años la misma monotonía, pero aquel día, justo un par de semanas antes de que empezasen los exámenes finales, un pequeño detalle hizo que la monotonía de siempre se rompiese, aquel día, justo antes de tirar la publicidad a la papelera, descubrí un sobre, parecía un sobre normal, de tamaño estándar, color blanco. Pero el sello provenía de Grecia y el remitente me hizo recordar tiempos pasados.

Podrían haber pasado ya cinco o seis años desde la última vez que vi a mi antigua amiga, sí, desde aquella cena donde celebramos el fin de la licenciatura, aún recuerdo al pequeño grupo, aunque por desgracia nos separamos a causa del trabajo. ¿Cuándo fue la última vez que hablé con ella? Creo que por Navidad, sí, por Navidad, lo recuerdo por que también llamé al resto de las chicas. Es cierto eso que dicen que los amigos que se hacen en la Universidad duran para toda la vida.

En la carta me comentaba los avances en su excavación, que todo le iba bien, por lo que se aprecia es muy feliz. Terminé de leer la carta, no se porque un par de lágrimas recorrieron mi rostro, quizás el hecho de recordar los viejos tiempos haya sido el detonante. Ese fue el motivo que hizo de aquel día, un día especial, donde la monotonía se rompió por primera vez en tres años. En lugar de calzarme las zapatillas, fui a coger un par de folios y un bolígrafo, me entraron ganas de escribir, aunque no sabía como empezar, y tras varios intentos, algunas idas y venidas al cuarto a por más folios, recordando todas las aventuras vividas entre los cuatro, lo decidí, no pare a pensar, actué movido por un impulso sin contemplar la idea de un despido, me dije a mi mismo de ir a darle una sorpresa, no a ella, sino a todas.

Araceli sigue en Francia, me comentó que estaba siguiendo la pista de un yacimiento en Burdeos donde la influencia de conchas en la decoración del Solutrense era muy importante. Aún recuerdo la alegría que me dio cuando me contaba esta noticia por la CAM. Desde el segundo año de carrera ya quería especializarse en conchas, de hecho ese fue el motivo por el que tanto ella como su pareja dejaron el país.

Rosa me comentó que tras su breve estancia en Berlín decidió seguir el curso del Danubio en busca de asentamientos que mostrasen algún comportamiento extraño y no se amoldasen a lo que debería ser, conociendo como es ella seguro que acabará encontrando alguno. Eso fue por Navidad así que no creo que haya salido de Alemania aún.

Desde Internet miré todas las conexiones posibles para unir tantos puntos diferentes, el tren era una gran posibilidad, sería bonito que nos volviéramos a ver los cuatro de nuevo, así que intentaré convencerlas mientras las visito. Un billete de Córdoba a Madrid; otro de Madrid a Paris y de Paris a Burdeos, una vez allí sacaría el resto de billetes, y justo antes de aceptar, me fijé en el margen izquierdo de la pantalla, INTERRAIL, ya había oído hablar de ello una vez, por lo que me contaron podía viajar por los países de Europa adscritos al plan a un coste muy bajo. Era lo que necesitaba.

Han pasado tres días desde que llegó aquella carta desde Grecia, son las tres de la tarde, aún quedan cinco minutos para que el tren salga de Ulm, Rosa se acaba de sentar, aún no se cree que Araceli y yo nos hayamos presentado para verla. Araceli duerme apoyada en la ventana del vagón, hace un par de días, cuando me vio aparecer por el yacimiento no se lo creía, aceptó venir de viaje, pero no podía dejar a Antonio solo con tanto trabajo, así que trabajó duramente durante toda la noche para que este estuviera más desahogado.

En unos días llegaremos a nuestro destino, el antiguo grupo volverá a juntarse de nuevo, esta situación me recuerda a aquella vez, ese domingo de mayo cuando decidimos ir los tres a verla a Lucena para darle la sorpresa, han pasado más años, se ha cambiado Lucena por Atenas, y el coche por el tren, pero tanto las personas como las ganas de estar juntos no han cambiado desde entonces. Aquel último día de Junio en el que nuestros rostros se vieron por última vez nos hicimos una promesa, pase lo que pase amigos para siempre, no importa la distancia, siempre estaremos juntos en nuestros corazones, siempre nos apoyaremos y querremos con locura. Tengo ganas de ver la cara que pondrá cuando nos vea aparecer juntos, seguramente esbozará una de sus sonrisas, y luego todos reiremos juntos de nuevo.

 
 

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