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TURQUÍA, ESTAMBUL

TURQUÍA

ESTAMBUL

Esto fue lo que salió de mí nada más llegar de allí en Marzo del 2001:

«Lo primero que percibes nada más aterrizar en Estambul son los ruidos de todo lo que te rodea. Respiras vida turca nada más poner el pie en tierra.

Ya decía mi guía que: "bajo la inconfundible silueta de las cúpulas y minaretes se desplaza una bulliciosa multitud junto al intenso tráfico rodado, sus calles empedradas, el incesante ir y venir de la gente, los gritos de los vendedores de simit y los pitidos de los barcos desde el puerto". Confirmamos enseguida la existencia de todo aquello.

Igual de importante la aseveración con la que nos dio la bienvenida el recepcionista del hotel: "en Turquía los precios cambian cada segundo". Esto quería decir que nos esperaba una ardua tarea de regateo continuo para todo.

Estambul está dividida principalmente en cuatro partes: Sultanahmet, el barrio del Gran Bazar, Taksim y la parte asiática. En Sultanahmet está la Mezquita Azul (gratis) pegada a un mar y cielo también azul, llamada así por su empanelado de azulejos de iznik blancos y azules; Santa Sofía de color rojizo con sus mosaicos bizantinos y el Palacio Topkapi.

Taksim es la parte más occidental de la ciudad donde vimos tiendas muy modernas de ropajes que enseñaban hasta el ombligo. Porque si por un lado Estambul conserva sus tradiciones, por otro también mira siempre hacia el futuro. Así en cambio al otro lado de la Torre Gálata las mujeres paseaban tapadas hasta la nariz.

También por las orillas del Bósforo vimos símbolos del pasado y presente. Modernos hoteles construidos junto a las yali (casas de campo de madera), palacios de mármol lindando con fortalezas de piedra rústica y elegantes edificios junto a pequeños restaurantes de pescado. En Estambul la cultura romana, otomana y bizantina se mezclan igual que lo hacen las aguas en el Bósforo transportando corrientes del Mar Negro, el Mar de Mármara y el Cuerno de Oro. Por ellas navegamos maravillados por palecetes como el de Dolmabahçe, donde murió el fundador de la República turca, Atatürk.

Pero lo que más nos impresionó fue el Gran Bazar por la simbiosis de olores, colores, sabores, texturas, por los incesantes reclamos a nuestra atención. Una Gran Bola mágica que agitada desprende todo tipo de delicias para los sentidos. Ni siquiera el lado asiático nos deslumbró tanto. Y es que Estambul es eso: color, olor, sabor, una delicia turca recubierta con una capa de incesante sonido que todavía hoy sigo saboreando.»

 

22-7-2002

A pesar de ser chárter lo cogimos a las diez y veinte de la mañana. Tardamos unas cinco horas en llegar a la Capadoccia. Calor pero nublado al llegar, que acabaría en tormenta más tarde. Aglomeración en los pasaportes. Paisaje semidesértico con viñedos y valles de montañas con excavaciones (=palomares para el abono de las viñas), ciudad grande con farmacias, pastelerías y tiendas de teléfonos. Me explicó la guía que la mayoría de la gente es campesina y tienen negocios para encontrarse con los amigos con quien tienen así una dirección para que los niños aprendan de la vida en los meses de vacaciones. LLegar al hotel, ver piscina y cenar bufé.

23-7-02

Después de una ajetreada noche despertados por los juerguistas de turno en la piscina, nos llamaron para desayunar. Como me esperaba: pan, queso, aceitunas, huevo, ensalada, café y zumo. El primer sitio al que nos llevaron fue el Valle llamado de las Tres Bellas por tres formaciones rocosas que parecen figuritas, seguidamente el valle de Dember, conocido por una roca que asemeja un camello donde paseamos por la formación-escenario de alguna película, según nos dijeron. Ockonak fue lo siguiente, una ciudad subterránea que usaban para guardar animales joyas y a ellos en tiempos de guerra. Por último vimos la fortificación de Uchisar donde estamos seguros Gaudí tuvo que estar por la semejanza de las formas: montículos de piedra donde se excavan casas. En una de ellas entramos a tomar un té de manzana (ya habíamos sido invitados a uno turco antes). Y vuelta al hotel descubriendo más paisaje lunar de roca blanda y huecos en ellas. Hubo también la típica visita a un "taller de artesanía" donde pretendían engañarnos y a un super restaurante, pero Carlitos y yo los esperamos fuera bebiendo unas coca-colas. Piscina, cena y descanso.

24-7-02

Desayuno abundante para aguantar todo el día. Primero nos llevan al Valle de Pasabag, que nos maravilla con sus chimeneas de las "hadas" que son formaciones de roca donde la parte más blanda se ha ido erosionando por el viento y va quedando lo de abajo y el sombrerito. En muchas de ellas han acoplado casas. El cielo con nubes dejó pasar un día más fresco (aún así tengo la cara roja porque nos hemos pasado toda la tarde en la piscina). Después Murat nos lleva a una fábrica de alfombras donde nos enseñan como las tejen y colocan las lanas. El valle siguiente muy parecido a  todos los demás, con puertas y ventanas asomando entre las rocas (Cuenca y El Albaicín se quedan muy atrás). El grupo come en un restaurante mientras nosotros nos vamos a recorrer el pueblo de Uchisar donde descubrimos unas enormes pizzas que te dan envueltas en papel de periódico. Después de comer nos fuimos a la piscina a nadar y tomar el sol, y mientras se hacía la hora de la cena, descubrimos a cinco minutos andando del hotel el pueblo de Otaisar con un "castillo" metido en la roca, muchos carritos de madera decorados y casas aprovechando rocas y las que no, a medio construir. Cena: berenjenas, ensalada, queso, salsas, dulces....

25-7-08

Desayunamos a las seis de la mañana inflándonos para coger fuerzas para el viaje. Abandonábamos Capadoccia con su paisaje marrón y viñedos para adentrarnos más tarde en un paisaje verde de colinas y con casas de madera y otras a medio hacer, o del Estado tras el terremoto para realojar a las familias. Dos paradas destacables: el lago salado con un cuadro en colores pastel al frente pisando sal con agua y detrás los verdes y amarillos de todavía la Capadoccia. Después el Museo de las Civilizaciones en Ankara con la historia del Imperio Otomano desde Anatolia hasta Turquía, con espejos de agua. Comimos pizza turca y doner kebak. Otras paradas para mear y por fin tras 780 km llegamos a Estambul. El Hotel Ilkay está cerca de donde estuve con Cristina, reconozco todo y llevo a Carlitos a dar una vuelta al puerto y a comer un "tindaka" con luna llena: 750.000 liras turcas.

26-7-02

A las ocho nos levantamos para ir a desayunar. Más completo, con variadas mermeladas, quesos y cereales. Recorrido del día: coger barco en Eminou hasta llegar a la penúltima parada, lado Europeo, donde hemos visto como los turcos pagan para entrar en la playa, los militares mirar descaradamente a las turcas, a la gente entrar en la mezquita, los pescadores... Coger autobús hasta Besiktas para ir andando hasta Ortakay y allí esquivar a los pesados de los restaurantes y acabar comiendo en un salón de barek atendidos por toda la familia. Luego caminata hasta Taksim entrando en un mercado y viendo el Palacio de Dolmecen. Recorrer Istikal Cadasitmontod, café turco en el Partido Comunista Turco, y seguir andando hasta el hotel para darnos una duchita, descansar y después salir a cenar al puerto, bocadillo de caballa.

27--7-02

Desayuno abundante con cereales y quesos, que luego no digeriría en toda la mañana. Mañana turística: Santa Sofía, Mezquita Azul, Topkapi, Gran Bazar y para volver una vuelta demasiado grande perdiéndonos por mercados turcos: gritos e imitaciones de ropa y objetos occidentales.

Después de descansar un rato en el hotel salimos a comer (en el mismo restaurante donde comí con Cristina hace un año) y todo se desenvolvería en una trágica jornada. No pude llegar ni al bazar de las especies, pues me empezó a doler la tripa y a bailarme todo en la cabeza. Me pasé toda la tarde vomitando (primero las lentejas, carne, pistachos...) y en el water.

28-7-02

No pude ni desayunar. Carlitos me atendió toda la  mañana y no pudimos salir hasta las cinco. Mareos. Después nos pasamos la tarde gastando todo el dinero que nos había quedado, ¡10.000 pesetas de compras! Por último cenamos en una terraza: yo pilav (arroz cocido) y Carlitos kebac de berenjenas.

29-7-02

Ya nos vamos con el recuerdo de un dolor de tripa y las ganas de haber disfrutado un poquito más de paisaje de Estambul y las comidas.

 

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