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Oporto

El vuelo sin novedades y al llegar hicimos lo que acostumbramos en todos los viajes: ir a la oficina de turismo y buscar la manera de llegar al hotel. El bus escogido nos hizo recorrer toda la ciudad (hay metro y aunque algo más caro tarda menos), una hora por la que pasamos barrios residenciales y casas decadentes ya con los azulejos esperados. El hotel “Malaposta” mejor de lo que pensábamos y el desayuno también, con buffet y cruasanes que parecían de mentira, deliciosos. Dejamos todo en el hotel, que no era nada porque íbamos con lo puesto, y nos fuimos a comer que ya teníamos bastante hambre. La estrategia era ir al Mercado de Bolhao, aunque ya estuviera cerrado, por ver si había ambientillo para comer. De nuevo, qué amables son los portugueses: el del hotel nos indicó sitios, un hombre por la calles nos llevó al mercado (cosa que efectivamente, como me recordó Carlos, en Marrakech me hubiese incomodado, aquí no me pidieron ningún euro). Estaban cerrando, pero por la zona encontramos un restaurante “Flor de Parque” en la calle Bon Jardin, número 433, donde comimos estupendamente y barato comida casera en abundancia: caldo verde, callos, bacalao y café. Con el vino nos liamos un poco y al final optamos por el típico vino verde. Un señor que comía al lado con su hijo nos dio a probar del suyo. Tras el cafetito a pasear hasta Vilanova de Gaia donde están las bodegas del Oporto (no todas abren los sábados y el domingo cierran) y entre medias lo que pilláramos: la Estación de Sao Bento con los mosaicos de la historia de Portugal, la  iglesia de los Congregados con sus también mosaicos por fuera y un montón de callejuelas con ropa tendida hasta atravesar el Puente Luis I hacia la otra ribera del Duero. Precioso pasear por el barrio de Ribeira, muy animado aunque más turístico, y atravesar la construcción del discípulo de Eiffel sobre el río.

        Escogimos la bodega Calem para introducirnos en el mundo del Oporto y probarlos por dos euros. Una chica muy salada y que hablaba bastante bien español nos mostró todo. Ya de noche emprendimos la vuelta hacia el hotel parando para merendar en la calle Santa Catarina, que antes habíamos atravesado, llena de tiendas globalizadas  y de gente, pero que ahora empezaba a apaciguarse. Al hotel llegamos cansados pero paramos un poco y volvimos a salir para tomar cerveza con cruasán.

14-1-07

A una hora prudente amanecimos para desayunar con calma. Lo dicho: mejor de lo que esperábamos. Y después nos tocaba el barrio de Foz atravesando de nuevo el centro. Por ser domingo el Museo de Arte Contemporáneo era gratis, así es que nos dimos la caminata hasta allí aprovechando para entrar en algún que otro supermercado (abren los domingos) y ver productos autóctonos. Luego resultó ser nada del otro mundo, al menos lo que alcanzamos a ver pues el cansancio nos cegaba ya un poco. Eso sí disfrutamos rodeados por unos jardines y ambiente de tranquilo domingo muy apetecible. Para volver cogimos un bus y nos bajamos en cuanto vimos un restaurante por temor a quedarnos sin comer por la hora que era. Según el recepcionista del hotel tenía que probar la franceshina , algo muy típico y popular de la ciudad, y así hice. Me pedí esa ración ingente de colesterol, como remarcaba la guía. Me recordaba a la salsa de las poutine de Montreal. Escogimos repasar en el hotel antes de salir a ver lo que nos quedaba: la Catedral, la subida a la torre de los Clérigos retumbándonos las campanadas de la hora y escuchando los ruidos de la ciudad desde arriba, San Francisco que como había que pagar, nada, y entre medias una zona que decía la guía se asemejaba al barrio de Alfama, pero lo encontramos peor, llena de yonquis. Las luces se iban apagando a la vez que una especie de fado se escuchaba desde los tejados. Merendamos en el Café de los Clérigos: yo elegí mal un suflé que no era suflé con un chá (infusión) que no era té. Carlos bien. Regresamos al hotel a descansar.

15-1-07

Madrugar para desayunar más o menos deprisa, que aún queríamos ir al mercado de Bolhao (abre de 8 a 14, aunque a las 8 todavía hay pocos puestos preparados) y aunque fuera llevarnos un poco de café Delta. Como en los españoles hay ya muchos  puestos cerrados. Me llamó la atención la cantidad de palomas, los puestos de flores artificiales y la indumentaria de las señoras con especie de toquilla de punto. Paseamos al metro y con tiempo nos dirigimos al aeropuerto. Estas dos cosas más modernas que en Madrid.

 

http://www.shandycruzcampo.es/aspx/no_te_pierdas.aspx?content=nopierdas_OPO_1.html

 

 

 

 

 

 

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