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Saigon y Delta del Mekong

 Al nombrar la localidad de Saigón, un pasado belicoso, brota indudablemente en la memoria.
Saigón se ha convertido en la ciudad más popular de todo el país, y los rastros del famoso conflicto bélico, se hacen visibles sobre todo en el Museo de la Guerra.

Ciudad Ho Chi Minh, es el nombre oficial de la ciudad más poblada de todo Vietnam, aunque los habitantes más longevos, prefieran seguir llamándola Saigón. Hoy en día, Saigón es el nombre oficial de unos de los 17 distritos en los que se divide la ciudad, del distrito central.
Da igual si se llega a Saigón de día o de noche. Nada más pisar sus calles, nos daremos cuenta de la gran cantidad de matices distintos, que tiene con Hanoi. Saigón es moderna, occidental, escandalosa, ociosa, caótica y extremadamente enorme.

En Vietnam, circula una teoría. Hanoi para trabajar, Saigón para bailar. El carácter norteño, tradicional y trabajador, queda eclipsado con el carácter más ocioso del sur del país.
Visitar Saigón, es volver a armarse de paciencia, sortear las motos que circulan sin orden ninguno por encima de las aceras, y saber muy bien a que lugar dirigirse de antemano, pues las enormes distancias de la ciudad, no la convierten en un lugar idóneo para ir caminando a cualquier parte. Saigón es un centro comercial occidental al aire libre. Aunque las tiendas tienen muchas veces la misma decoración que en el norte, el abuso de los neones, rótulos luminosos y productos electrónicos, es lo que más se aprecia cuando se anda por sus calles. Pero si se quiere visitar lo más elemental de la ciudad, una visita por el Distrito 1, distrito de Saigón, será suficiente para tener una ligera idea de lo que la ciudad de Ho Chi Minh, ofrece.

Una visita a Saigón, no estaría completa, sin la visita al Museo de la guerra. 3 euros la entrada. En el exterior, hay expuestos vehículos blindados de EE.UU, así como piezas de artillería, bombas y armas de infantería. En el interior, una historia cronológica de la historia, desenlace, y consecuencias de la famosa guerra vietnamita. En cada sala, una temática, desde el punto de vista de las demás naciones. En otras salas, las imágenes mas escalofriantes de las masacres sufridas por el pueblo vietnamita. Museo para visitar, y para recordar aquella frase que alguna vez pronunciamos: Nunca más.

Para buscar la paz, se puede visitar la Pagoda del Emperador de Jade, algo alejada del centro, y que a priori ofrece más de lo que realmente es. Lo más curioso de esta Pagoda, es la gran cantidad de tortugas que hay, al lado derecho de la entrada, y un estanque central, donde los niños tiran pan y sueltan peces pequeños, que a veces son devorados por otros más grandes.

El interior de la Pagoda, está llena de salas, de altares, de rincones con figuras grotescas, de dioses, de budas, y sobre todo de incienso. Si fuera el primer templo que hubiera visto en Vietnam, sería espectacular. Al ser uno de los últimos, el interés decae, y la decoración tan recargada, termina por aburrir. Merece la pena la visita, pero sin esperar demasiado de ella. Un templo chino.

Otro de los lugares imprescindibles de la ciudad, es la Catedral de Notre Dame, imitación, no demasiado lograda de la auténtica de Paris. Lo mejor de la Catedral, el jardín que la rodea.

La zona más exclusiva, más exquisita y que se camuflaría perfectamente dentro de una ciudad occidental, es la zona de los hoteles de lujo, de las boutiques internacionales, de las embajadas, de las tiendas de diseño, de los restaurantes caros, y de muchísima policía turística en las calles. La zona de Dong Khoi, es el centro exquisito y selectivo de la ciudad. Los hoteles de más renombre se ubican en unas pocas manzanas, como queriendo ser una ciudad aparte, dentro de otra ciudad. Merece la pena entrar en cualquier lujoso hotel, subir a su terraza, y disfrutar de unos cócteles, con unas vistas increíbles de la ciudad, rodeados de turistas con alto poder adquisitivo y de unos precios razonablemente asequibles. La fachada del teatro de la Opera, cubierta con las banderas vietnamitas, es el contrapunto oriental al lujo occidental.

Por las noches, paseando por las calles, a cualquier turista, se le puede ofrecer de todo, desde transporte, comida, o incluso compañía de cualquier tipo. Moderna Saigón.

Uno de los lugares que más deseaba ver, pero que no terminó de entusiasmarte, fue el Delta del Mekong. El caudaloso río Mekong, el rio de los nueve dragones, que después de recorrer 5 países termina su vida en Vietnam, impresiona nada más verlo. El color marrón de sus sucias aguas, no le quita para nada su encanto, y el navegar unos minutos por su cauce, mientras se contemplan los barcos de pesca anclados en las riberas del rio, o se observan las casas de madera de los pescadores, no tiene precio. Lo más excitante, es poder navegar lentamente, en un pequeño bote de remos, por cualquiera de los innumerables canales que hay por el delta. La vegetación es tan frondosa, y las cañas de bambú son tan altas, que a veces se tiene la sensación de chocar, de perderse, de extraviarse, y de quedarse perdido en un lugar lleno de sonidos extraños. Las imágenes peliculeras, de soldados vietnamitas saliendo del agua, en permanente guerra con las tropas americanas, vienen irremediablemente a la cabeza.

Después de recorrer los canales de agua más marrón, las visitas turísticas, te llevan a visitar una fábrica de dulces de coco, y a comer un menú preparado en una cabaña donde poder hacerse fotos con loros o serpientes. El delta del Mekong, una extensión enorme de aldeas, canales y agua. Hogar de miles de personas que viven no sólo junto al río, sino sobre él. Las casas sobre pilotes, se alinean en las orillas, mientras que las casas flotantes, se van extendiendo por gran parte del cauce, sin anclajes permanentes, a la deriva….

Alguna mujer, lava en cuclillas la ropa en las sucias aguas del río. Otra lava las verduras; los niños nadan en las orillas, y restos de suciedad se van apilando en los bajos de las casas. La fotografía es auténtica.
Desde la localidad de Can Tho, epicentro turístico del Delta, se parte para realizar la visita al mercado flotante de Cai Be.

El mercado flotante, fue la decepción de la visita. Si esperábamos ver pequeñas barcas de madera, negociando entre ellas, cambiando frutas por legumbres, o vendiendo mil y un productos a los turistas o a los lugareños, nos quedamos con las ganas. Y en su lugar, tan solo vimos unas enormes barcas grandes, con algo de actividad comercial en ellas, de lejos, sin la sensación de ser un mercado flotante. Como extra, una visita a una fábrica de papel de arroz, y noodels, y un paseo por una plantación de distintos tipos de fruta. De lo mejor del día. En todos los viajes, siempre hay un día, que no sale como uno desea, y ese día, fue el del Delta.

La localidad de Can Tho, centro neurálgico del delta, es una ciudad grande, bulliciosa, donde los jóvenes de la localidad, se agrupan con sus motos, en las entradas de los templos, dando la sensación de estar frente a una discoteca de sábado noche. Llama la atención, la proliferación de edificios estrechos. Altos, largos y estrechos edificios, que aunque son muy típicos en todo el país, en Can Tho, destacan más.

El mercado de la localidad a orillas del rio, el paseo por la avenida Hai Ba Trung, que bordea el río Can Tho, afluente del Mekong, cenar pescado, en alguna de las varias terrazas a orillas del rio, o sentarse en una cocteleria frecuentada por jóvenes locales, son las pocas cosas que pueden hacerse en la ciudad más importante del delta.
Al despegar del aeropuerto de Saigón, la imagen que desde el avión captan mis ojos, es la de unas enormes hileras de luces, como ramificaciones de un árbol de navidad, lleno de guirnaldas, de colores. Quizás esta podría ser una metáfora de lo que fue Vietnam para mi. Un enorme árbol verde, lleno de lugares con luz propia como una guirnalda. Cada lugar, un color. Cada rincón, una tonalidad. Tendría que haber venido antes a esta tierra, para poderme quedar más tiempo.

 

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