I like Ibiza

Cuenta una leyenda que la isla de Ibiza era un lugar de destierro para las Brujas. Quizás sea por eso que una vez visitada la isla, las brujas de antaño te atrapen y tengas deseos de volver para quedarte para siempre.
Ibiza tiene museos y restos de antiguas culturas, pero sus mayores obras de arte son las que la naturaleza ha depositado en decenas de calas y rincones calificados como únicos.
Llegué a Ibiza, con una dosis de expectación única. Eran tantos los calificativos recibidos y tantas las esperanzas puestas en unos días, que creía que me iban a faltar todos los días del año para comprender y asemejar en que lugar estaba.
La tranquila Santa Eulalia del Riu, fue mi primera toma de contacto con las gentes del lugar. Y no me lo podía creer. Camareros extremadamente amables; personal de las tiendas con una sonrisa a modo de presentación; tranquilidad en las calles; sensación de paz; algo no encajaba. La chica de la oficina de turismo del Pasatge de S’ Alameda, nos dió todo un curso intensivo de que lugares no debíamos perdernos y algunos buenos consejos de cómo movernos por la isla.
 
Visite mas de 30 playas y calas; algunas parecían pequeños trozos de paraíso; grandes, pequeñas, masificadas, solitarias, liberales... pero en todas ellas un denominador común: la transparencia de sus aguas. Los tonos azules, verdes y turquesas se mezclaban entre ellos para dar a cada rincón de baño un aspecto único y diferente al visto instantes antes. Bikinis que enseñan mas que lo que esconden; desfiles de cuerpos de infarto al lado de personas que se adentran en la tercera edad; trajes de baño de diseño, al lado de otros cuerpos de diseño sin traje... cada uno disfrutaba como quería del agua y el sol. Tolerancia total. Al menos en las calas más pequeñas. En las grandes playas, el ambiente familiar era el mayoritario.
 
La costa este, tiene lugares únicos, como la cala de Aigües Blanques, o la cala Masella. Por el norte de la isla, no debe dejar de visitarse la Punta Galera y Portinax, o el Port de Benirras.
La costa Oeste, ofrece las famosas puestas de sol de Ibiza, con la Cala Galera o la Cala Salada como lugares tranquilos y solitarios para contemplarla. Ibiza y sus puestas de sol, van unidas de la mano, como la noche y el día. Sant Antoni de Portmany, concentra la mayor cantidad de oferta de ocio que uno pueda imaginar. Café del Mar, Savannha, Bar Mambo... son nombres que en unas pocas horas en la ciudad, me quedo claro que eran los templos del anochecer, y que el espectáculo de sus terrazas, era comparable al del sol cayendo en el horizonte del mar. La música juega el papel que se le espera. Y centenares de personas sentadas en sus terrazas, son la decoración perfecta al lugar.
Por el sur de la Ibiza, las playas de Sa Salines, o d’ es Cavallet, siguen situando el listón de belleza marítima muy alto. Después de visitar tantos trozos de arena y mar, aun no sé con cual quedarme. Difícil elección.
El interior de la isla, esconde algunos lugares, que poco a poco pasan a ser de obligada visita. Como el pueblo de Santa Gertrudis, donde unos simples bocadillos de jamón, ya forman parte de la ruta turística de la isla.
 
Hace años, Ibiza fue el paraíso del llamado movimiento Hippie. Quizás, los descendientes de aquellos primeros “colonos”, hoy se han comercializado demasiado y hayan tenido que convivir con otros hippies llegados de otras partes del mundo, pero algo de ellos, aun queda en el lugar, en el ambiente... y si no tan solo hay que acercarse al mercadillo Hippie de Las Dalias, en San Carles de Peralta los sábados, o los lunes por la noche.
Un mercadillo. Tan solo un lugar donde se compra y se vende, o se escucha música, o se toma un té en una Haima gigante, o se pasea... pero un mercadillo en el que flota un ambiente diferente. Los lunes por la noche, la masificación es menor, igual que los puestos de venta, pero aun así, es tremendamente recomendable perderse por sus calles, o sentarse a tomar una copa y sentirse participe de una sensación. Si no se queda satisfecho, se puede optar por visitar los miércoles el mercadillo hippie de Punta Arabi, al lado de Es Canar. Más grande, más caótico, pero falto de aquella pequeña magia de las Dalias.
 
La capital de Ibiza, tiene dos maneras de vivirla. De día, desértica, tranquila, ideal para callejear por la ciudad vieja, y subirse hasta el castillo, y contemplar la ciudad desde las alturas. O de noche, donde parece que la ciudad se metamorfosee, y se convierta en todo lo que uno desee.
El puerto de Ibiza, es inenarrable. Tiendas abiertas hasta bien entrada la madrugada, compiten con las terrazas de los bares y los “captadores” de clientes, que haciendo valer su preciosa fisonomía, te engatusan con ofertas de 2x1 que no puedes rechazar. Y sentarse en una terraza, viendo tan solo la noche pasar, es una opción más que recomendable. No importa como uno vaya; tan solo importa que vaya. En cualquiera de estos lugares, se pueden adquirir entradas para la mayoría de las discotecas de la isla, transformadas con el tiempo en lugares míticos de la diversión ibicenca. Ir a una discoteca de Ibiza, es como ir a un musical de Broadway. Es un espectáculo único. Y caro. Pacha, Amnesia, Privilege, Space, son tan solo algunos de los centros que se deben visitar, siempre que sé esté dispuesto a pagar de 30 a 45 euros por cabeza, sin consumición, para entrar. Elegir por elegir, elegimos Pacha, cuna del glamour de antaño y convertida ya en una marca universal. En algunos momentos me parece que este paseando por cualquier localidad turística inglesa.
Quizás las brujas de antaño, sigan viviendo aún en esta isla.
 
A tan solo 30 minutos en ferry, se encuentra la vecina Formentera, tomada literalmente por italianos y centenares de motos. Formentera posee algunas de las más bellas playas que haya visto jamás, y la sensación de calma, de tranquilidad y de exclusividad, se apodera de uno, en el mismo momento en que se pisa la isla. No hay que buscar pueblos ni monumentos. Tan solo coger la carretera principal y acercarse a las dos puntas de la isla para fotografiar los faros. Y después perderse en cualquiera de sus playas, buscando un lugar de solitud y tranquilidad, difícil de encontrar. Formentera es pequeña, y hace falta algún día más, para descubrir los lugares más escondidos.
 
Regreso a Ibiza. Intento encontrar el espíritu de Ibiza, la magia de la isla, la energía que supuestamente transmite a todos los que la visitan... Ahora entiendo por que Nostradamus predijera que Ibiza, seria el único lugar que se salvaría del Apocalipsis. Por si acaso, acabo de regresar y ya estoy pensando en volver... Ibiza...Ibiza...
 

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